25 Mayo 2004 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La oposición política, extremadamente fraccionada por efectos de la crisis, ha recibido con reticencias, cuando no fuerte s rechazos, el aniversario de la gestión presidencial. Sin embargo, las encuestas que frecuentemente se difunden siguen manteniendo niveles para Kirchner muy superiores a los calculados en los últimos tiempos, cuando los pronósticos aventuraban el fin de su primavera. Esos índices indican que el jefe del gobierno ha logrado sortear dificultades tan negativas como su polémico discurso sobre el museo de la memoria, los efectos políticos de la crisis de energía, de la que se distrajo, y el fuerte impacto de las movilizaciones de Juan Carlos Blumberg por la inseguridad. Sin embargo, esa situación no fue suficiente para que ciertos colaboradores lo convencieran de hacer alguna aparición pública en oportunidad del festival popular insistentemente anunciado para hoy en la Plaza de Mayo y que corre el riesgo de fracasar por la emergencia meteorológica. El ex presidente Alfonsín, poniendo fin a su año contemporizador, ha tenido uno de los juicios más críticos de Kirchner al calificar ese aislamiento de los sectores políticos como "gesto autoritario".
Estilo excluyente
En su respuesta al líder radical el ministro del Interior, Aníbal Fernández, ha sido muy expresivo de ese estilo gubernamental, al señalar el comportamiento político opositor como corporativo y circunscribir al Congreso el espacio de esas relaciones. Hasta tal punto llega la modalidad presidencial que Kirchner limita sus diálogos con el partido oficialista desde que asumió el poder a sus espaciadas reuniones con sus autoridades del Congreso. Lo mismo puede decirse de la sumisa dirigencia de la CGT oficial, desplaza de la vida pública por el fuerte desprestigio de la sociedad. Ese comportamiento excluyente del jefe del gobierno contribuye paradójicamente, según algunas encuestas, a mantener elevados sus índices de confianza entre la opinión pública, mientras aparecen muy reducidas las adhesiones al resto de la clase política. Elisa Carrió y Guillerrmo López Murphy son las figuras más significativas de la oposición, si bien sus estructuras políticas tienen muy reducido poder parlamentario y confusas situaciones internas.
El gabinete
Singularmente, con excepción del ministro de Economía, Roberto Lavagna, el gabinete presidencial está muy lejos de los niveles de adhesión de ambos. Ello es causa de que se advierta a sus integrantes extraordinariamente sometidos a la disciplina kirchnerista. Una disciplina que, no sin razón, se observa como un rasgo autoritario de Kirchner que se agrava cada vez que obtiene algún éxito en su gestión, y se consolida por la notoria abstención correctiva del partido oficialista. Este último aspecto ha podido advertirse también en las recientes semanas por la ausencia de Eduardo Duhalde, poco menos que resignado al gran espacio público logrado por su improvisado pupilo santacruceño. (De nuestra Sucursal)
Estilo excluyente
En su respuesta al líder radical el ministro del Interior, Aníbal Fernández, ha sido muy expresivo de ese estilo gubernamental, al señalar el comportamiento político opositor como corporativo y circunscribir al Congreso el espacio de esas relaciones. Hasta tal punto llega la modalidad presidencial que Kirchner limita sus diálogos con el partido oficialista desde que asumió el poder a sus espaciadas reuniones con sus autoridades del Congreso. Lo mismo puede decirse de la sumisa dirigencia de la CGT oficial, desplaza de la vida pública por el fuerte desprestigio de la sociedad. Ese comportamiento excluyente del jefe del gobierno contribuye paradójicamente, según algunas encuestas, a mantener elevados sus índices de confianza entre la opinión pública, mientras aparecen muy reducidas las adhesiones al resto de la clase política. Elisa Carrió y Guillerrmo López Murphy son las figuras más significativas de la oposición, si bien sus estructuras políticas tienen muy reducido poder parlamentario y confusas situaciones internas.
El gabinete
Singularmente, con excepción del ministro de Economía, Roberto Lavagna, el gabinete presidencial está muy lejos de los niveles de adhesión de ambos. Ello es causa de que se advierta a sus integrantes extraordinariamente sometidos a la disciplina kirchnerista. Una disciplina que, no sin razón, se observa como un rasgo autoritario de Kirchner que se agrava cada vez que obtiene algún éxito en su gestión, y se consolida por la notoria abstención correctiva del partido oficialista. Este último aspecto ha podido advertirse también en las recientes semanas por la ausencia de Eduardo Duhalde, poco menos que resignado al gran espacio público logrado por su improvisado pupilo santacruceño. (De nuestra Sucursal)
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