Tiempo de balance

Por Nora Lía Jabif.

25 Mayo 2004
Pobres los alumnos de la Facultad de Derecho de La Plata. Haberse convertido en el emblema de la mediocridad universitaria argentina, sólo por la infidencia indignada de un profesor que hizo públicos resultados que ya todos conocían o intuían, y que se le atribuye en parte a la falta de articulación entre la Universidad y el nivel medio.
Hay otros diagnósticos, menos coyunturales, pero tan certeros como el anterior. La semana pasada, mientras Moria Casán se entrevistaba en la Casa de Gobierno con el gobernador José Alperovich, en la Facultad de Filosofía y Letras se desarrollaba el VII Congreso Argentino de Hispanistas. En ese contexto, la escritora y ensayista María Rosa Lojo reflexionaba, a propósito del bochorno de los alumnos platenses de Derecho: "me parece que en la Argentina de hoy no es prestigioso ser culto". Y en la Facultad de Bioquímica, que acaba de cumplir 90 años como la UNT, un ex decano, el profesor Arnaldo Legname, sentenciaba: "la universidad ya no forma universitarios; ahora sólo forma profesionales". Toda una definición.
Ayer, en los festejos centrales de la UNT, el rector Mario Marigliano repartió culpas por la baja en la calidad educativa. Palabras más, palabras menos, recordó que los alumnos del nivel medio son formados por profesores que, a su vez, se formaron en la universidad. Pero es igualmente cierto que muchos de esos docentes son "profesores-taxi", que reparten su tiempo entre sus horas cátedra en colegios y sus funciones en la universidad. Allí, un jefe de trabajos prácticos "part time", que debe cumplir 20 horas semanales en su unidad académica (a lo que hay que sumar las horas de trabajo que utiliza en su casa preparando clases y corrigiendo parciales), y que conforma casi la cuarta parte de la planta docente de la UNT, gana menos de $300 mensuales. Claro que en el otro extremo hay docentes -son los menos- que sólo usan la universidad para sus tarjetas de presentación, y que raramente dictan clases, sin sanciones aparentes por parte de la autoridad universitaria.
Sin embargo, de vuelta a la baja en la calidad del secundario, esta no es atribuible tanto a la formación (buena o mala) de los docentes como a la deformación constitutiva del Polimodal. Así lo ha reconocido el propio Gobierno nacional, que determinó la necesidad de establecer cambios en el sistema. A propósito, el Ministerio de Educación ya decidió que en ese nivel revisará los temas de lengua, matemática, ciencias sociales y naturales, y que llamará a concurso de proyectos para mejorar el rendimiento del que participarán terciarios y universidades.
Si las efemérides son adecuadas para hacer balances, las autoridades de la UNT vienen trabajando desde hace tiempo en los procesos de articulación entre los distintos niveles educativos. Y es de esperar que esos resultados puedan ser evaluados por la comunidad lo más pronto posible.
El mismo balance lleva a recordar que el cumpleaños número 90 de la UNT coincide con cambios en la representación del Consejo Superior en la mayoría de sus estamentos (los únicos que quedaron del cuerpo "viejo" son el rector y el vice, y los decanos de facultades). En el oficialismo mariglianista festejaron la nueva elección como un triunfo propio. Un gesto de estos tiempos de una universidad partida, si se atiende a que el funcionamiento del Consejo saliente estuvo signado por la falta de debate y por la existencia de una casi "mayoría automática", que se tradujo casi sistemáticamente en las votaciones (28 votos contra cuatro, o 27 contra cinco, en términos generales). A modo de cierre, el diagnóstico de María Rosa Lojo, que es investigadora y docente de la UBA, suena esclarecedor, en este cumpleaños de la UNT: "en las universidades hay temor a la disidencia. Y permanece en la sociedad argentina el temor de que las ideas son peligrosas".

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