Los artistas millenials crean a partir de la tecnología, los smartphones y las plataformas

Disfrutan con las computadoras y con los móviles, y construyen historias en Instagram y en Snapacht. La música, el cine, las artes visuales y el diseño no escapan a estas producciones nacidas en la era virtual.

24 Abr 2018

No hay coincidencia absoluta cuando se trata de hablar de sus características, pero sí al menos cuando se intenta pensar en algunas marcas de la llamada Generación Y (sucesora de la X): los artistas millennials son jóvenes de entre 20 y 34 años; se dan con muchos gustos y consumen fiestas, recitales y eventos culturales en general. Todo lo que hacen se comparte en las redes sociales y dependen casi un 100% de la tecnología. En definitiva, viven con el celular en la mano; es parte de ellos, más aún que una prolongación. Y algunos analistas afirman que su red de cabecera es Instagram.

Renzo Strada es diseñador. Estudió esa carrera en la universidad, pero además coordina actividades en el Centro Cultural Virla y recientemente realizó un mapping para el Museo Histórico Nicolás Avellaneda sobre Lola Mora.

El creador nació en 1986. “Me considero un diseñador millenial porque el manejo de la tecnología es fundamental y lo preciso para mi laburo. Todo lo hago con sistemas y programas, tanto el diseño como la parte artística y musical que agrego a mis trabajos”, le cuenta a LA GACETA. “Somos esclavos de la tecnología en este tiempo. Se perdió ya la hoja en papel, el estilógrafo. Lo fuerte que hacemos va todo en redes, en las aplicaciones”, describe.

No es casual que, al margen del título de millenial, las entrevistas, conversaciones y consultas de esta nota se hagan por diferentes vías: chat, correo electrónico, whatsapp, messenger y hasta celular; con escritura, imágenes y audios. No hace mucho se preguntaba el número de teléfono de algún entrevistado; hoy parece suficiente buscarlo por la red y hasta es más rápido.

Ficción urbana

Juan Murillo está realizando una serie web. “Es una ficción urbana, nocturna, con temáticas como las adicciones, el uso y consumo de drogas, el tratamiento de la sexualidad y diversidad de los personajes”, comenta. “Se llama ‘De tiempo, amor y ácido’, de Jaime Puig, compañero en la Escuela de Cine de la UNT, quien es el guionista. Soy el productor y responsable del proyecto. Entiendo que este formato es el futuro, y aunque me pasé por un año, todavía soy millenial. Nuestra serie está dirigida a ese público precisamente”, resalta.

La claves es que el audiovisual se filma con teléfonos celulares (con el Iphone). “Toda la producción tiene un diseño ágil y es de bajo presupuesto. Pensá que no es lo mismo trasladar un equipo completo de filmación que un celular”, expresa.

De hecho, a nivel internacional se han filmado numerosas películas con el celular: por dar un ejemplo, Sean Baker llamó mucho la atención en 2015 al rodar la provocadora “Tangerine” en las calles de los barrios menos glamorosos de Los Ángeles, con elogiados resultados.

Este arte ya cuenta con su propio festival de cine, el Toronto Smartphone Film Festival, que celebró su cuarta edición.

Pop con menos de 30

Los Veranos es un dúo pop al que generalmente se agrega un tercero (Federico Carlorosi). “Podemos ser parte de esa generación no solo por nuestra edad (no llegan a los 30 años), sino porque usamos diferentes plataformas y las redes sociales para difundir las canciones; son nuestra herramienta más cercana”, responde Luciana Lescano, quien integra el grupo con Exequiel Argañaraz.

La cantante reconoce que disfrutan de la tecnología y que se sienten influenciados por todo lo que circula en Internet. “Usamos pistas y nos encantan las máquinas. Por supuesto nos gusta más lo vivo y somos fans de la guitarra con los sonidos más vintage”, sostiene.

Con snapchat

Fernando Macías vivió el enorme cambio tecnológico de las últimas décadas, de pasar de las herramientas analógicas a las digitales. Y cuestiona a su modo que se caiga en muchos estereotipos cuando se habla de millenials. “Podríamos hablar de algo generacional y a la vez no. Si uno dice ‘disconformes con todo’, suena a todo adolescente de toda época. Para mí lo más destacable es el proceso de transición, relacionado directamente con la tecnología. Y ocurre desde la aparición de la web 2.0; ergo, de las redes sociales. Y de qué manera nuestros vínculos y el modo de relacionarnos cambiaron; es algo que no solo afectó a una juventud”, reflexiona el artista.

Macías es conocido por utilizar las redes y programas para sus obras. “Cuando expuse mi muestra final en ‘Un Club’ (abril de 2016) trabajé con Snapchat. Grabé todo el proceso de armar la muestra filmando a través de esta aplicación. Y la exposición se llamaba ‘Snap’. En ese momento nadie entendía el concepto, y ahora todos abusan de las historias de Instagram, que obviamente la sacó de Snapacht”, describe.

El ascenso en la casi infinita escalera que conduce a Un Club, en la cúpula de una esquina céntrica, está grabada como parte de la muestra. “No tiene una traducción literal snapacht pero sería algo así como un chasquido, fugaz”, dice. Previamente Macías había presentado, como un texto, un reflexivo audio en una casa abandonada a metros del club Estudiantes.

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