Las nueve décadas del Banco Provincia

23 Abr 2018

Manuel Riva - LA GACETA

Tucumán ha visto levantarse en estos últimos meses uno de los edificios más monumentales de la ciudad. Como al conjuro de arte de encantamiento, lo que era hasta ayer nomás una esquina antiestética, se ha convertido en un soberbio espacio, legítimo orgullo para nuestra ciudad y para el Norte de la República. Con estas palabras se iniciaba la producción especial con motivo de la inauguración del flamante edificio del Banco de la Provincia en la esquina de Laprida y San Martín que se inauguró el 14 de abril de 1928.

Una gran urbe

El cronista reconocía que el monumental edificio le da características de gran urbe a la ciudad. Para agregar: por la celeridad con que ha sido realizada esta obra, la justeza misma de todos los trabajos, centenares de obreros que trabajaron en la misma y los cientos de detalles que son necesarios consignar, ha quedado en el ambiente de nuestra ciudad el convencimiento de que se ha realizado una obra magnífica. Otro de los elementos destacados fue que se haya empleado en su mayoría materiales de Tucumán o preparados en nuestra ciudad, como así también de que más del ochenta por ciento del personal obrero ha sido tomado en esta. A su tiempo explica que la estructura de cemento armado fue la única realizada por contratistas de fuera del ámbito regional ya que era la única actividad no explotada aún en nuestra provincia. El resto, la obra eléctrica, sanitaria, carpintería de madera, pisos de mármol y de mosaicos, gran parte de la herrería artística, instalaciones contra incendio, vidriería, yesería entre otras fueron hechos por empresas locales.

Tras felicitar a todos los que fueron parte de la construcción y reconocer la predisposición para realizar la tarea; la crónica pasaba a destacar que la construcción se realizó por administración y que se empleó exactamente un año para el banco y tan sólo ocho meses en la construcción de las casas de rentas ubicadas colindantes con el edificio principal. Fue considerado un tiempo récord.

La noticia resaltaba que cuando se inició la obra, hacia abril de 1927, y ya se habían demolido los viejos edificios del hotel París y Confitería de El Águila aún no se había contratado el empréstito por $ 5 millones para la construcción. Esto generó en los ciudadanos la idea de que en esa esquina quedaría un gran baldío por espacio de mucho tiempo, convencimiento que fue destruido, no cuando se vieron los primeros trabajos, sino cuando el “encofrado” o sea la armazón en madera del edificio estuvo terminada.

El directorio de la entidad era encabezado en aquel entonces por Ricardo Bascary. Para la construcción del edificio se realizó un concurso de proyectos y fue declarado ganador el presentado por el ingeniero Alejandro Virasoro, un reputado profesional autor del hospital Rawson y otras construcciones importantes de Buenos Aires. La dirección técnica estuvo a cargo del ingeniero Enrique Colli.

Una obra imponente

El nuevo edificio ocupa una superficie de dos mil cuatrocientos cincuenta metros cúbicos y consta de dos cuerpos, destinado uno a casa de familia y el otro a dependencias del banco, expresaba la crónica. Cuando hace referencias a casas de familia habla del edificio de rentas, ubicado por calle San Martín y dejó de serlo muchos años atrás por decisión de la propia entidad. Fueron los primeros departamentos en altura que conoció nuestra ciudad. El concepto de vivienda para renta comenzaba a ser promovido aquí y por ello se han levantado catorce casas. Amplias y confortables y cuatro locales para negocios, los que han sido distribuidos en cuatro pisos y en dos secciones separadas por un amplio patio de cerca de trescientos metros cuadrados, que da abundante luz y aire a los departamentos interiores. Tras describir los elegantes y acogedores departamentos, además de los servicios que tenían, se daba fundamental importancia a la estructura de la azotea construida con una capa de ladrillos huecos sobre la losa de cemento armado, con circulación de aire para aislar las habitaciones del calor ambiente, está recubierta de varias capas de fieltro impermeable y de Ruberoid (material plástico de tipo película) y terminado con pedregullo fino”. Allí mismo cada vivienda ya contaba con su propio lavadero. Los departamentos fueron abiertos al público en enero de 1928, para abril ya estaban todos ocupados. El edificio de renta tenía 3.214 metros cuadrados de superficie cubierta y 12.875 metros cúbicos de volumen cubierto.

En referencia al banco propiamente dicho se indicaba que consta de un sótano y tres pisos. El sótano tenía 476 metros cuadrados. Allí estaba el tesoro, otras dependencias de la entidad e instalaciones de servicio. El tesoro estaba defendido por imponentes rejas de hierro y las cajas de seguridad estaban realizadas en cemento armado con triple enrejado de acero. Además estaba aislado del resto de la estructura por pasillos de ronda. Las puertas eran calificadas como modelo de seguridad, son de cierre de compresión y a prueba de inundación, soplete y demás riesgos; está provista de triple cerradura cronométrica y doble cerradura secreta de combinación. La puerta tenía 55 centímetros de espesor y en su interior una tapa de cristal que permitía ver el mecanismo del cerrojo. Su peso era de 13.000 kilogramos. El gran hall central con sus 400 metros cuadrados estaba revestido con “mortier dartois” y estaba iluminado por cien ventanas distribuidas en tres alas en la enorme cúpula que corona el edificio, evitando así la luz cenital tan molesta en nuestro clima. El piso fabricado íntegramente en Tucumán no tenía nada que envidiarles a otros similares del país y del extranjero. Otro detalle trascendente era la gran puerta de acceso de la esquina, de bronce, y una puerta giratoria. El primer piso estaba dividido en oficinas para la entidad y en el segundo estaban las dependencias para el directorio.

Empresas locales

Las empresas locales tuvieron gran protagonismo durante la construcción. La firma de Juan Pasteris estuvo a cargo de la demolición de la estructura previa y las excavaciones para las obras sanitarias, desagües pluviales, bocas de incendio y bombas. Las construcciones sanitarias fueron realizadas por Angel D’Onofrio. La fábrica de Antonio Matas proveyó todo el ladrillo necesario. Las persianas metálicas, celosías, puertas de seguridad y el vidrio para todo el edificio la entregó Vitriú Hnos. Todo el revestimiento para el hall, vestíbulo y mostradores en mármol de Carrara, fantasía y negro de Bélgica fue aportado por Héctor Becalli, quien se había instalado en 1911. “La usina cerámica”, de R. Usandivaras y Cía proveyó los ladrillos huecos usados en la azotea al igual que Federico Rossi. Las instalaciones eléctricas estuvieron a cargo de Jorge Schmidt. El cascajo y arena fueron provistos por Zacarías Víscido. Los mosaicos, por Manuel Servitje. Los trabajos de herrería artística fueron de Miguel di Marzo. Los escultores Passani y Villoni hicieron las ornamentaciones. Los ascensores fueron responsabilidad de la firma Otis Elevator. Siemens Schukert realizó los controles eléctricos y aparatos de medición.

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