El segundo año comienza con un denso clima político

Una nueva relación política se vislumbra en el horizonte del Gobierno.

24 Mayo 2004
Por Hugo E. Grimaldi

BUENOS AIRES.- Pese a Piñón Fijo y al chocolate caliente, que contribuirán a atraer a grandes y chicos a la histórica Plaza el martes próximo, el clima político que se aprecia para este 25 de Mayo, día del comienzo del segundo año de mandato de Néstor Kirchner, amenaza con ser -tal como manda la tradición histórica- "lluvioso y frío".
La referencia meteorológica no apunta a empañar el acto -que está pensado para atribuirle al carisma presidencial la convocatoria a festejar el Día de la Patria-, sino que sirve para encuadrar nítidamente el estado de conmoción que hoy se vive en las profundidades de la política y que preanuncia un segundo año muy complicado para el Gobierno.
Allí se está gestando un clima de inusual dureza confrontativa, que se agita por derecha y por izquierda desde fuera del peronismo y que se torna en obscena deliberación -casi conspirativa- dentro del PJ. Un clima otoñal que va in crescendo en la medida en que la estrella presidencial muestra zozobras, situación a la que tampoco dejan de aportar condimentos las acciones y las omisiones del Gobierno. Durante los primeros meses del primer año, mientras Kirchner construía poder y sumaba puntos en las encuestas, la retirada táctica de la oposición fue evidente y estuvo dentro de la lógica. Nadie quiso ser el que opacara la necesidad de convertir el 23% de los votos en el 85% de acompañamiento que mostraban las encuestas.
Ese período de diez meses se caracterizó por embates muy fuertes contra las Fuerzas Armadas, el FMI y el establishment, y por indicadores positivos en materia económica (mayor crecimiento, aumento de la inversión, menor desempleo, baja inflación y mejora de la performance fiscal, entre otros), a caballo de una situación internacional que combinaba precios de materias primas altísimos y tasas internacionales bajísimas, y con Brasil acompañando el proceso, sin mayores dificultades.

Las debilidades
Desde marzo en adelante comenzó a relajarse el consenso que reflejaban los sondeos de opinión y esta mayor debilidad objetiva se apreció mejor en los actos que, en la calle, se dirimieron en contra del Gobierno: el día 1, un apoyo raleado de gente frente al Congreso; luego, la bisagra de la ESMA, reconocida como un error por el propio Kirchner y, por último, la apoteótica manifestación del 1 de abril, con 200.000 personas llorando a Axel Blumberg.
Los puntos más críticos en lo político y en lo económico (mayor inflación, situaciones de pobreza no resueltas, crecimiento del gasto público más veloz que la recaudación, falta de arreglo con los acreedores, inseguridad creciente, pasividad ante los ataques a empresas, cambio en las reglas de juego, imprevisión y costo de la crisis energética, anuncios rimbombantes sobre empresas estatales, etc.) comenzaron entonces a ser percibidos y debatidos por la opinión pública, mientras quienes tienen que tomar decisiones de inversión levantaron el pie del acelerador.
Para peor, la situación internacional empezó a flaquear a partir de la decisión de Alan Greenspan de mover las tasas hacia arriba; además, el real comenzó a devaluarse y la deuda brasileña a trastabillar, y cayó el precio de la soja; China decidió reducir su crecimiento, el Merval sintió el impacto y este cóctel económico, junto a las dificultades políticas, en un par de semanas le dio aire a la oposición para salir en tropel a castigar de modo directo al Presidente.
Ricardo López Murphy responsabilizó al discurso del mandatario de haber sido el instigador del ataque piquetero al edificio de Repsol-YPF; Elisa Carrió se cruzó con su ministro más allegado, Julio de Vido, quien primero la querelló penalmente y después serenó la réplica. Lo había acusado de cumplir un rol emparentado con los peores vicios de la política: el de recaudar para perpetuarse en el poder.
Carlos Menem acaba de publicar una virulenta columna balance en la que arremete sin tapujos contra la investidura presidencial y no ahorra calificativos desdorosos hacia Kirchner y su esposa. Dentro del PJ tradicional, sólo Eduardo Duhalde parece ser, por ahora, el dique de contención de las críticas que llueven desde su propio entorno sobre la gestión del Presidente.

Transcurre el tiempo
No sólo para la opinión pública y para la oposición ha pasado el tiempo; también transcurrió para Kirchner, aunque algo queda claro después de un año de gestión: su personalidad combativa no lo dejará ceder el centro del ring con facilidad.
Estas andanadas llegan en un momento en que el Presidente había comenzado a defender en público cada vez más seguido sus "verdades relativas", su derecho a observar la realidad tal como le place. Se verá si -a la inversa- Kirchner podrá tolerar estas otras "verdades relativas" que han comenzado a golpearlo.
Igualmente, entre la mayor comprensión presidencial y la búsqueda de los atajos que generen los consensos que necesita el arte de la política para encontrar su razón de ser bajo el paraguas de la democracia todavía existe un buen trecho, y Kirchner debe transitarlo transitar. También se verá si lo hace de buena gana y consciente de ello, o una vez más apurado por la realidad.
Cuando las encuestas le sonreían al Gobierno, militares, políticos, empresarios, periodistas, policías y hasta obispos, organismos, países y jefes de Estado extranjeros cayeron bajo su política de "palo y zanahoria", mandobles y seducción.
Se descalificó de modo permanente a quienes pensaban diferente. Ahora, en este clima de cobro de facturas que se está generando, parece difícil reencauzar la situación. Es que los pecados de soberbia que encierran todas las verdades relativas con las que cada uno puede describir la realidad necesitan no sólo del reconocimiento de quien las emite, sino de un sano propósito de enmienda.
En su ofensiva, los opositores parecen haber olvidado ese punto, que tampoco -hasta ahora- estuvo en el ánimo del Presidente. De allí los nubarrones que ensombrecen este 25 de Mayo y condicionan el horizonte. (DYN)

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