Preocupante deserción de alumnos en el secundario

15 Abr 2018

Es el efecto o cosa que resulta de cierta acción, operación, proceso o suceso. El resultado es un indicador de algo, una consecuencia de lo que se desea indagar a partir de un estudio de campo o de una teoría que necesita de comprobaciones. El resultado puede ser una herramienta para indagar determinados aspectos de la realidad y permitirnos luego diseñar modificaciones si la repetición de los datos fuera adversa. Desde hace tiempo, la educación argentina viene cosechando magros resultados en las distintas evaluaciones a las que ha sido sometida para verificar el rendimiento de los estudiantes.

El reciente informe del Observatorio Argentinos por la Educación, titulado “El camino hacia la graduación en secundaria: ¿una misión imposible?”, indica que solo el 61% de los alumnos que ingresan al primer año de la secundaria, llega al último año en tiempo y forma. Es decir que de 725.000 chicos que ingresaron a primer año en 2011, llegaron al último año en 2016, solamente 440.000.

Los datos no favorecen a Tucumán, donde el 58% de los ingresantes a primer año termina sus estudios. El Ministerio de Educación provincial informó que entre 2016 y 2017, se registró una tasa de abandono de 11% y de repitencia de 9%. De 160.000 inscriptos, unos 14.000 son repitientes.

El informe indica que el abandono escolar está fuertemente relacionado con el embarazo adolescente y con la inserción temprana en el mercado del trabajo. Otras causas son el suicidio, el consumo de alcohol y de otras sustancias psicoactivas y la alimentación inadecuada.

Esta radiografía permite observar que la crisis de la educación no solo es pedagógica, sino que está íntimamente relacionada con problemas sociales. Muchos chicos tucumanos abandonan la secundaria por cuestiones económicas. En lo que se refiere al contenido, una ex ministra de Educación afirmó que las generaciones nacidas en el siglo XXI tienen otros modos de dialogar e interactuar con la información, el conocimiento y el mundo en general. “Hacen todo por internet, mientras muchos establecimientos aún no lograron transformarse en ese sentido, ya sea porque carecen de conectividad o de recursos multimedia al alcance de alumnos y docentes, o por falta de la capacitación necesaria, que posibilite la transformación de las prácticas educativas”, dijo.

Nos parece que ante la realidad social acuciante en sectores importantes de la población, la escuela no debe esperar que los padres les lleven a sus hijos; si no lo hacen, se debe salir a buscarlos, alfabetizar in situ, tanto a los chicos como a los progenitores. Para evitar la deserción es necesario diseñar una política que coordine la educación, la salud y el trabajo. En cuanto a los contenidos y metodologías del aprendizaje, deberían reformularse a partir de un debate profundo. Como bien señala la ex ministra, el modo de relacionarse con el mundo de los chicos del siglo XXI ha cambiado, es muy diferente del de las generaciones anteriores.

Se habla de la importancia de incorporar la tecnología como herramienta educativa, de construir conocimientos desde otros ángulos, pero si un chico tiene problemas para comprender un texto o no sabe expresarse a través de la escritura o la palabra, de poco servirá. El docente es clave en este proceso: si en su formación no incorpora los nuevos saberes que aporta la tecnología, la brecha entre educador y alumno será mayor. Los alumnos suelen ser el reflejo de sus docentes, de manera que los magros rendimientos también los involucran. El futuro se construye a partir del presente, con la experiencia del pasado.

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