Asuntos pendientes en materia turística

13 Abr 2018

Es una actividad muy importante en el desarrollo de un pueblo. Así lo entendieron hace muchos años varios países que perciben millonarios ingresos anuales. El turismo se ha convertido en un motor fundamental de la economía. En la Argentina, rápidamente comprendieron este concepto provincias como Córdoba y Mendoza que crearon una sólida infraestructura que incluye red vial, hotelería, servicios eficientes, puestos al servicio de paisajes, de la producción cultural, industrial y agrícola; ambas reciben desde mucho tiempo miles de visitantes.

Aunque ha dado algunos pasos significativos, como la reciente apertura del Centro de Interpretación de la Ciudad Sagrada de Quilmes, Tucumán se halla aún a medio camino en el desarrollo de la industria sin chimeneas. Una especialista en Ciencias Ambientales le dijo a LA GACETA que Tucumán no está preparado para recibir al turista. La experta afirmó que para volver a ser el Jardín de la República, hay que tener una ciudad más limpia. “Aquí el problema central es la contaminación por la basura, algo de lo que todos somos responsables. Desde el que tira el papelito del chicle hasta el que deposita una botella de gaseosa en cualquier parte. La contaminación atmosférica es otro punto a tener en cuenta. Los turistas que suben a San Javier no pueden apreciar ampliamente el paisaje por la cantidad de polución concentrada en el aire de la ciudad de San Miguel. Debemos buscar la manera de generar menos contaminación”, señaló.

En su opinión, es necesario fortalecer las capacidades y el modo en que se atiende al turista, algo muy importante. “Un inglés, que no sabe nada de español, no encuentra ningún cartel escrito en su idioma; no hay nadie que le enseñe, nadie que lo acompañe o ayude”, manifestó.

En invierno, cuando se desarrolla la temporada turística alta de Tucumán, a menudo el cielo se tapiza de cenizas a causa de la quema de cañaverales y el nivel de contaminación del aire es elevado. No es una amable bienvenida para el visitante, como tampoco lo son las rastras cañeras con las que se topará en las rutas tucumanas.

Hay lugares o festividades poco o nada explotados, como por ejemplo, la fiesta en honor de San Francisco Solano (1549-1610) que tiene lugar los 24 de julio en el Pozo del Pescado, en Trancas. En el lugar, hay una pequeña capilla y a pocos metros, rodeado de chañares, brota el famoso manantial que el fraile franciscano, de acuerdo con la tradición, hizo surgir de la tierra con sólo hundir su bastón. Desde entonces, la fuente nunca se ha secado. Los moradores dicen que sus aguas son curativas. Tampoco se explota turísticamente la iglesia del Corazón de Jesús, construida por los jesuitas en 1700, donde se halla la tumba de Bernabé Aráoz, primer gobernador de Tucumán. En el paredón sur, una placa indica el lugar donde fue fusilado Aráoz, en 1824. En el templo, declarado monumento nacional, fue bautizada la escultora Lola Mora.

No sólo el buen trato, la infraestructura y los caminos en óptimas condiciones son básicos en el desarrollo de esta actividad, sino también lugares con valor histórico y tener criterios para la protección y conservación del poco patrimonio arquitectónico que nos queda. Un visitante no sólo viene en busca de nuestros bellos paisajes, sino también atraído por nuestra historia y cultura.

Cada lugar puede ser en sí mismo un producto turístico, pero si no disponemos de una política de Estado en esta materia, seguiremos apostando solamente a los Valles y por mirar únicamente el árbol no veremos el bosque.

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