¿Es bueno que los chicos estén descalzos?

El contacto directo con el piso y su temperatura y su textura favorece en los niños la conciencia de lo propio, opina una terapista. Mientras que un traumatólogo infantil sostiene que tienen que usar calzado en la ciudad.

13 Abr 2018

  “En casa le metemos pata”, “Verano, invierno... No importa. Siempre descalzos”, “En realidad yo no la dejo andar en patas. Pero eso en la práctica importa nada... de qué sirve ponerle sus zapatillas mil veces, si mil veces se la sacará”, “Detesto andar descalza, pero dejo a mis hijos que lo hagan”, “Me da asco no usar calzado”. Tan pronto sale el tema, se consiguen opiniones en defensa o en rechazo del hecho de que los niños caminen descalzos. Y si se da un vistazo a las vidrieras céntricas, se multiplican las botitas o zapatitos minúsculos para aquellos que todavía ni caminan. Entonces, ¿es bueno que anden descalzos los bebés y los niños? ¿Es mejor aprender a caminar con zapatos o es un mito?

La pediatra Carla Orsini publicó en su muro de Facebook un mensaje contundente: “los bebés deben estar descalzos”. Lo defiende cuando dice que a través del pie ingresa “información propioceptiva (conciencia de lo propio) y sensoperceptiva”, que favorece la motricidad, y que al piso lo tienen que ver, tocar, sentir, llevarlo a la boca. Agrega que cuando empiezan a caminar en casa pueden seguir descalzos o -a lo sumo- con medias antideslizantes; pero que si van a salir, deben usar zapatillas de suela fina y no botitas porque impiden el movimiento del tobillo. Y resalta con letras mayúsculas: “no se van a enfermar por andar descalzos. Enferman los virus, no los pies. Pies descalzos, más desarrollo, más libertad”.

Yo lo dejo

“Dicen que si los peques andan descalzos les favorece el desarrollo psicomotor. Y a todos en general. También favorece la descarga electrostática. En síntesis, andar descalzos hace bien, de no ser por las espinas”, opina el artista Domingo Beltrán. Lo que dice tiene una explicación teórico/práctica que defiende la terapista ocupacional Agostina Baró. Ella opina que es muy importante el contacto directo con pisos de diferentes superficies (pasto, arena, entre otros) y temperaturas (mas frío, como el cerámico, y no tanto, como la madera), ya que durante el primer año de vida los pies, al igual que las manos, brindan mucha información del mundo externo.

“Andar descalzos les proporciona información táctil y propioceptiva, lo que va fortaleciendo su musculatura y ayudará a que cerca del año dé los primero pasos. Después de eso, sí es importante poner zapatos para que el bebé se acostumbre a ellos y al peso extra que agregan al caminar”, opina la profesional.

Desde hace años, Baró trabaja en intervención temprana con bebés y niños pequeños con dificultades motrices y/o sensoriales, y cuenta que lo primero que hace es decirles a los papás que les saquen las zapatillas a sus bebés, porque necesitan ese contacto exterior, que por sus limitaciones no pueden darle las manos. “Usamos mucho las texturas para que pisen. También armamos bowls con porotos de soja, arena, entre otros elementos y les metemos los pies y manos adentro”, detalla.

Por supuesto que hay excepciones o casos particulares, añade la terapista. “Al tener bajo tono muscular y ser hiperlaxos les ponemos zapatillas mas rígidas y altas que les brinden más control y soporte a las articulaciones del tobillo y de los pies. Pero siempre con muchos ratitos al día de pies descalzos. Es muy importante desde lo sensorial”, destaca.

Por otra parte, aclara que ningún extremo es bueno: “nunca falta alguien que pregunte si lo tiene que sacar a la calle descalzo en invierno o en la plaza donde a veces hay objetos peligrosos. Y claro que no. Hay que apelar al sentido común. No está mal ponerles zapatitos. Lo importantes es brindarles, varios momentos del día, la posibilidad de estar descalzo y experimentar”.

Zapatos para ese chico

“Mi bebé siempre está en patas. De hecho lo recomiendan durante los primeros dos años al menos, ya que fortalece mejor sus músculos y regulan la temperatura corporal solitos. Los ayuda con el gateo y después a aprender a caminar, todo en patas”, cuenta Yanina Morales, mamá de Léon. Sin embargo, confiesa que a ella no le gusta andar descalza.

Según el traumatólogo infantil Carlos Juárez andar descalzo es correcto si se hace en un ambiente natural. “Sí pueden andar así en el césped, la arena o la tierra. Pero es antinatural andar en los pisos que tenemos en las ciudades. Lo normal es andar descalzo, pero hay muchos peligros para la planta del pie, como la posibilidad de sufrir heridas o picaduras de insectos (como alacranes y arañas). Entonces, el calzado es un elemento de protección muy útil”, detalla.

Agrega que para la dinámica del pie no hay ningún problema con que anden descalzos si es que los lugares por los que circularán son naturales. Y si los papás deciden ponerles a sus hijos zapatos o zapatillas, opina que el niño debe usar un calzado blando, que acompañe la dinámica, que sea lo más natural posible, ya que el calzado duro no es bueno para el pie. “Para el inicio de la marcha, el niño debe usar zapatos ultralivianos y blandos. Por otra parte, no hay que ayudarlos a caminar. Debe gatear. Luego, él se va a parar y salir caminando cuando le toque”, comenta Juárez.  

Por último, recomienda la consulta temprana con un traumatólogo infantil, ya que existe la falsa idea de que hay que consultar a un médico de esa especialidad recién a los dos años de vida. “Durante los dos primeros años el ser humano crece en altura la mitad de todo lo que crecerá en su vida. Si hay que corregir algo, y no lo llevaste a tu hijo en esos años de vida, perdiste un tiempo importante”, reflexiona el profesional.


> Opiniones sobre “andar en patas”
- “Lo dejo que ande descalzo cuando no hace frío. A través de los pies conocen las diferentes texturas, del pasto, de la arena... Creo que les ayuda a desarrollar lo sensitivo y a investigar. Su cara cuando pisó la arena por primera vez fue genial. Al principio era de desconcierto y luego, sonrisa. Lo mismo con el agua del mar”, comenta Florencia Caram, mamá de Agustín Juárez.
- “Mi pediatra es new age. No es el médico con el que me crié yo, que ante cualquier cosa había un antibiótico de fondo. Seguramente nos dijo que lo dejemos descalzo si Dante quería andar así”, cuenta Agustín Indri, sobre su hijo que ya tiene seis años. Cuando está en patas dice que lo ve cómodo y tiene la opinión de que más estabilidad que el pie descalzo no existe.
 
- “Al principio sólo caminaba en patas y cuando le ponía zapatillas perdía el balance. Hasta que se acostumbró y ahora está seguro con o sin zapas. A todo esto mi mamá me volvió loca diciéndome que le ponga zapatos”, confiesa la terapista ocupacional Agostina Baró, mamá de Benjamín.
 
- “Ama andar en patas. Desde bebé hasta ahora que tiene siete años. Viene de la calle y lo primero que hace es hacerse volar las zapas. Así él es feliz y yo lo acompaño en eso”, opina Kary Moya, sobre su hijo Juan Ignacio Apás.
n “Los míos aman andar descalzos. La más chica sobre todo. Con las zapatillas se tropezaban más. Quizás eran algo que les impedían medir bien sus pasos”, cuenta Carolina Agüero, mamá de Juan Cruz, de ocho años, y de Sofía, de seis. 


> Opiniones sobre “andar en patas”

- “Lo dejo que ande descalzo cuando no hace frío. A través de los pies conocen las diferentes texturas, del pasto, de la arena... Creo que les ayuda a desarrollar lo sensitivo y a investigar. Su cara cuando pisó la arena por primera vez fue genial. Al principio era de desconcierto y luego, sonrisa. Lo mismo con el agua del mar”, comenta Florencia Caram, mamá de Agustín Juárez.

- “Mi pediatra es new age. No es el médico con el que me crié yo, que ante cualquier cosa había un antibiótico de fondo. Seguramente nos dijo que lo dejemos descalzo si Dante quería andar así”, cuenta Agustín Indri, sobre su hijo que ya tiene seis años. Cuando está en patas dice que lo ve cómodo y tiene la opinión de que más estabilidad que el pie descalzo no existe.

- “Al principio sólo caminaba en patas y cuando le ponía zapatillas perdía el balance. Hasta que se acostumbró y ahora está seguro con o sin zapas. A todo esto mi mamá me volvió loca diciéndome que le ponga zapatos”, confiesa la terapista ocupacional Agostina Baró, mamá de Benjamín. 

- “Ama andar en patas. Desde bebé hasta ahora que tiene siete años. Viene de la calle y lo primero que hace es hacerse volar las zapas. Así él es feliz y yo lo acompaño en eso”, opina Kary Moya, sobre su hijo Juan Ignacio Apás.
n “Los míos aman andar descalzos. La más chica sobre todo. Con las zapatillas se tropezaban más. Quizás eran algo que les impedían medir bien sus pasos”, cuenta Carolina Agüero, mamá de Juan Cruz, de ocho años, y de Sofía, de seis. 


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