Incorporan datos de ADN para tratar enfermedades no transmisibles

Por ahora, una clínica cordobesa es el único lugar de América latina que realiza ese abordaje.

10 Abr 2018
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CALIDAD DE VIDA. Los profesionales de Diquecito brindaron los detalles.LA GACETA / FOTO DE CLAUDIA NICOLINI.-


Cuando se descifró el genoma humano (la secuencia de ADN contenida en los 23 pares de cromosomas que se encuentran en el núcleo de las células) se sabía que se marcaba un punto de inflexión en la historia de la biología. Pero no era fácil imaginar hasta qué punto podían cambiar tantas grandes y pequeñas cosas. Por ejemplo: se ha demostrado, después de años de indicarla a quien sufre hipertensión arterial, que sólo un 25% de los pacientes responde a dietas hiposódicas. “Desde la clínica tradicional no teníamos alternativas para ajustar estas indicaciones. Hoy, con información genética del paciente, podemos hacer un trabajo de precisión”, explica Rubén Salcedo, docente de la Cátedra de Fisiopatología y Dietoterapia II de la Escuela de Nutrición, de la Universidad Nacional de Córdoba. “Ya nos estamos manejando con nutrigenética, farmacogenética... Haber logrado descifrar el genoma humano y conocer cómo funciona abre millones de posibilidades”, añade.

Otro ejemplo: que las madres gestantes tomen ácido fólico baja el riesgo de malformaciones del feto (anomalías del tubo neural, espina bífida y hasta la anencefalia), se explica en Medline plus, revista digital de la Biblioteca Nacional de Medicina de los EE. UU.

“Tomar dosis adecuadas de ácido fólico antes de embarazarse y durante el primer trimestre puede disminuir las probabilidades de aborto espontáneo”, añade el sitio. Lo que hace el ácido fólico (y muchos otros nutrientes) es impedir que ciertos genes se expresen y causen la anomalía. En otros casos, estimulan la expresión para que no se produzcan enfermedades.

“Nuestros genes nos hacen diferentes en toda nuestra biología. Y esto contribuye a que respondamos de distintas maneras a los nutrientes que ingerimos. Esas ‘distintas maneras’ implican, por ejemplo, que se exprese o no la información genética de nuestro ADN -explica Daniela Defagó, secretaria Académica y docente-investigadora en la Escuela de Nutrición de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC)-. Y esa información puede ser la predisposición a sufrir cierta enfermedad. De allí que necesitemos ser tratados de forma individualizada en términos del cuidado de nuestra salud”.

La charla tuvo lugar en la clínica Diquecito, en Córdoba, que desde hace 72 años se dedica (siguiendo el modelo alemán de las Kurhäuser) a brindar tratamientos integrales de enfermedades no transmisibles. Fue fundada por Paul Busse Grawitz, un médico prusiano que decidió dejar su tierra natal y se enamoró de Córdoba en 1926. Mientras revalidaba su título, le llamó poderosamente la atención la alta frecuencia de trastornos digestivos. “Esto lo llevó a desarrollar dos grandes aportes: un protocolo para tratamiento de parasitosis unicelulares, por lo que lo designaron Profesor Honorario en la Universidad de Berlín, y una terapia dietaria revolucionaria, respetando las múltiples culturas alimentarias existentes en esa joven Argentina”, cuenta su hija Priscila Busse Grawitz, también médica y gerente general de la clínica. “Su hipótesis siempre fue que lo que comemos y cómo o cuánto comemos puede curarnos o enfermarnos. Y la fue confirmando a lo largo de toda su vida”, añade.

Tiempo después la OMS confirmó que el 55% de la salud de un individuo depende de su estilo de vida, dentro del cual la alimentación es una pieza fundamental.

Vuelta de tuerca

Ahora la clínica incorporó a su tratamiento tradicional un aporte que la hace única en América latina: estudios genéticos que brindan información sobre la predisposición de cada paciente a desarrollar ciertas enfermedades.

“En varias partes del mundo centros especializados permiten obtener diagnósticos a partir de estudios de ADN. Lo novedoso de Diquecito -destaca Defagó, una de las especialistas consultadas a la hora de poner a punto el programa- es que brinda herramientas a los pacientes para saber qué hacer con esa información”.

Los análisis del ADN se llevan a cabo en Córdoba, a partir de una muestra de sangre (concretamente, de glóbulos blancos). Y en 14 días toda la historia clínica del paciente (que entre tanto ya ha iniciado su tratamiento) está disponible, lo que permite tener herramientas claras para mejorar la calidad de vida.

“No interesa averiguar toda la información genética (por ejemplo, si hay predisposición al cáncer o al Alzheimer); sólo aquella sobre la cual se puede trabajar. Empezamos con personas con predisposición a patologías cardiometabólicas, como hipertensión, diabetes, dislipidemia y obesidad. Y trabajamos con datos locales, relacionados a la composición racial de nuestra población regional”, destaca la directora del sanatorio.

Seguramente, cuando el 5 de enero de 1946 Busse Grawitz fundó Diquecito no imaginó que se podría llegar hasta aquí. Pero había sido un visionario, de modo que esta realidad no lo sorprendería.

El concepto clínico de las Kurhäuser alemanas gira en torno de los tratamientos integrales, en muchos casos en términos de rehabilitación o de fortalecimiento de la salud; las curas duran al menos una semana. No son hoteles, pero los pacientes (que en general viven lejos del establecimiento) se alojan allí. La idea es poder manejar las variables de la vida cotidiana que interfieren en el tratamiento.  

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