Montañismo: una meta distinta, pero cumplida

09 Abr 2018

Lo que se planteó Mariana Flores junto a su amigo riojano Pablo fue de alta exigencia: escalar el Volcán Ojos del Salado de 6.893 metros de altura, el más alto del planeta, puede ser, como en este caso, que no se logre en el primer intento. “Sólo se diferencia con el Aconcagua por 100 metros menos”, destacó la tucumana que no quedó frustrada tras el fallido intento.

Las dificultades comenzaron a aparecer cuando llegaron con Pablo a la aduana chilena por el paso de San Francisco. La nieve, el viento y el frío pusieron el freno. El paso se cerró. Mariana no quería quedarse sin su cumbre; sin una meta cumplida. La vuelta al lado argentino tenía un eco frustrante. “No van a subir a Ojos del Salado bajo ningún punto de vista”, les remarcaron las autoridades chilenas. “Nos mostraron una pantalla de computadora con mucha tecnología. Y realmente era muy peligroso”, reconoció Flores.

Ahí fue que la cumbre a conquistar empezó a cambiar de nombre: la sugerencia de los carabineros chilenos fue llegar hasta el Volcán San Francisco, pero debían ser muy rápidos porque la “ventana” de buen tiempo era muy breve. Antes, pese a las recomendaciones, su amigo y Mariana, más algunos chilenos y franceses, intentaron ascender al Ojos del Salado. “La idea era subir haciendo tramos hasta donde se pudiera para aclimatarnos. Así que fuimos en camionetas 4×4 hasta la base del ascenso”, recordó.

Pudieron ascender hasta los 5.900 metros pero comenzó el mal tiempo con llovizna y granizo. “Decidimos regresar rápidamente al refugio de montaña del lado Argentino, en la Aduana”, comentó. En esa noche, con un grupo de italianos más un cordobés, un platense, un riojano y ella, la única mujer, decidieron seguir desafiando la montaña y ganarle, por ello salieron a la conquista del Volcán San Francisco.

“A las 4 me desperté y todo se veía despejado y fantástico. Empezamos a subir a las 7, a paso de montañista: lento, pero continuo, sin parar. A medida que subíamos más nieve encontrábamos. Mirábamos por donde sea y veíamos volcanes altísimos rodeándonos; un espectáculo único”, relató Flores. Para ella los últimos 100 metros fueron los más difíciles por el viento de cumbre que levantaba la nieve fresca y mojaba. “Respiraba y pensaba: ya lo logro. La motivación era inmensa. Ahí sentís que lo dejás todo y sólo pensaba en la persona que más amo para dedicarle mi cumbre”, contó.

Una hazaña

“Sólo nos quedamos 10 minutos porque la tormenta avanzaba rápidamente atrás de nosotros”, explicó. “Llegamos al refugio de la Aduana Argentina y todos nos felicitamos y abrazamos. Yo no podía creer lo que había sucedido. Fue realmente una hazaña. Es lo que yo sentí. Al menos hasta la próxima aventura que, si la vida me lo permite, será cuando vaya por el Ojos del Salado”, cerró con entusiasmo su historia.

“Llegamos a las 12.30 del sábado 3 de febrero pasado. En la cumbre se encontraba una cruz y un maletín donde estaba el libro, más ofrendas y chocolates que dejan los montañistas. Al ver el libro de cumbre, nos dimos con la sorpresa que éramos los primeros del año. Cada uno dejó unas palabras y firmó agradeciendo la cumbre”, relató Mariana Flores, que junto a Pablo llegaron al San Francisco.

Comentarios