“Placeros y vecinos eran grandes aliados”, cuenta uno de los últimos cuidadores del parque 9 de Julio

“Pila” Suárez fue placero y jefe de guardia. Cuidó el parque 9 de Julio durante unos 34 años. Trabajando en equipo

03 Abr 2018
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SU SEGUNDA CASA. Santiago Suárez recorre el parque cada dos semanas; lo extraña porque trabajó allí durante más de tres décadas como guardián. LA GACETA / fotos de Ines Quinteros Orio

“Placeros y vecinos eran grandes aliados”
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la gaceta / fotos de Ines Quinteros Orio
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SU SEGUNDA CASA. Santiago Suárez recorre el parque cada dos semanas; lo extraña porque trabajó allí durante más de tres décadas como guardián.
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Cada dos semanas recorre el parque 9 de Julio. Sabe de qué especie es cada árbol y resalta que las tipas son las primeras en caer luego de una turbulenta tormenta. Lo conoce tanto que lo extraña;  dice que es su segunda casa y que por eso vuelve a caminar por las pérgolas y se queda mirando las fuentes, los antiguos juegos y las estatuas. Santiago Manuel “Pila” Suárez (73 años) es uno de los últimos placeros que tuvo la ciudad. En una entrevista con LA GACETA, el ex jefe de guardias detalla cómo se llamaban entre ellos (“éramos los guardianes”), qué peligros enfrentaban y cómo era su trabajo. En esta época en que los vecinos exigen placeros, charlar con él invita a reflexionar sobre su rol: ¿son necesarios?
- ¿Qué recordás de tu trabajo? ¿Había una base?
- Yo fui guardián y jefe de la guardia. Después, inspector de tránsito interno: controlaba el estacionamiento y la circulación en las calles del parque. Teníamos un libro de guardia donde anotábamos lo que habíamos registrado en la caminata. Si faltaba algo o había un banco roto lo informábamos en el libro que estaba abierto las 24 horas y que estaba en la sede de Espacios Verdes (ubicada en el mismo parque). Lo que escribíamos lo controlaba el director. También había un planillero que controlaba la asistencia de todos los placeros: recorría las plazas juntando firmas. Lo hice alguna vez cuando era jefe y el planillero había faltado.
- ¿Qué edad tenían en promedio los placeros?
- Yo tenía unos 34 o 35 años. Pero a las personas grandes las ponían de placeros, porque ya no estaban en buenas condiciones para hacer trabajos más pesados dentro de la Dirección, como jardinería o albañilería. Eras guardián cuando superabas los 50 años. Los guardianes del parque eran unos seis o siete por turno, por ejemplo.
- ¿Cómo era la jornada laboral?
- Teníamos turnos de seis horas. Yo entraba a las 19 y salía a la 1. Con los militares tenía horas extras: entraba a las 14, hasta las 24. En las plazas la jornada laboral empezaba a las 13 hasta las 7 del otro día. Pero antes trabajaban las cuadrillas de limpieza. Terminábamos de recorrer (también limpiábamos) y dejábamos las novedades anotadas. 
- Algún ejemplo de lo que controlaban...
- En los juegos de niños no dejábamos que estén los mayores de 12 años y estábamos atentos a que los vecinos no dejaran basura. Les decíamos que no lo hicieran. Preveníamos. También los seguíamos hasta las puertas de sus casas para identificarlos, para que luego Higiene Urbana les hiciera una inspección. 
- ¿Había mucho vandalismo en plazas y parques?
- Las plazas se vandalizaban más que los parques. Por ejemplo, eran blancos frecuentes los juegos y los bancos. Pero no había tanta basura como ahora, porque en la escuela nos enseñaban que teníamos que tirar en el cesto. Ha cambiado mucho el modo de vida.
- ¿Cuáles eran sus herramientas de trabajo?
- Teníamos un uniforme de pantalón azul y camisa celeste, con una identificación. Nos daban un pinche y una bolsa de residuos para levantar las cosas del piso. En la plaza tenían escobas y palas para limpiar. También silbatos, para ir  avisándonos cuando había problemas. Nos comunicábamos así y nos agrupábamos si había problemas. Y aunque estaba prohibido, algunos llevaban un látigo escondido por si lo necesitaban ante algún hecho violento.
¿Usted lo usó?
- No. Ni tampoco he vivido nada malo, por suerte. Sólo de inspector de tránsito interno: en el pasado tampoco les gustaba que les digan que habían estacionado mal, por ejemplo. Ahora no hay inspectores internos. Creo que hacen falta: no pueden entrar camiones, ni ingresar motos, ni bicicletas al paseo. La ordenanza 202/77 lo detalla. 
-¿Con qué se encontraba en sus rondas?
- Eran tranquilas. Sólo veíamos basura u objetos perdidos, tipo documentos o llaves, que dejábamos en la guardia. En ese tiempo nos comunicábamos con las radios o la televisión para avisar lo que habíamos encontrado.
- ¿Cómo era la relación con los vecinos?
- Tan buena relación teníamos que hasta nos guardaban las herramientas. Éramos grandes aliados; había una amistad.
- ¿Le gustaba su trabajo?
- Era muy lindo. Era un trabajo digno. Además estábamos en contacto con la naturaleza. 
- ¿Qué pasó con los placeros?
- Se fueron a otras reparticiones o se jubilaron. Acordate que eran las personas más grandes de la Dirección. Cuando yo entré a trabajar había en la repartición unos 1.436 para todo Espacios Verdes. Cuando me fui, quedaba la mitad. Pocas personas para cuidar tanto.
- Los vecinos piden que vuelvan. ¿Qué opina?
- Que está bien. Que hacen falta. En las pistas de salud tiene que haber alguien, para que las cuiden. Se suben niños: no habría que dejarlos. Y al revés: los grandes rompen los juegos. Están sucios los espacios. Hay que cuidar lo que tenemos. Y el placero sería ideal para ello.
- Un funcionario municipal dijo en una nota con LA GACETA que con la inseguridad actual se necesitaría a Hulk como placero. ¿Qué opina?
- El placero o guardián estaba acompañado por la policía montada. Habían dos que recorrían el parque y estaban en contacto con los guardianes. Era un trabajo en equipo. Ahora podrían trabajar de la misma manera.
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“Pila” Suárez fue placero y jefe de guardia. Cuidó el parque 9 de Julio durante unos 34 años. Trabajando en equipo

Cada dos semanas recorre el parque 9 de Julio. Sabe de qué especie es cada árbol y resalta que las tipas son las primeras en caer luego de una turbulenta tormenta. Lo conoce tanto que lo extraña;  dice que es su segunda casa y que por eso vuelve a caminar por las pérgolas y se queda mirando las fuentes, los antiguos juegos y las estatuas. Santiago Manuel “Pila” Suárez (73 años) es uno de los últimos placeros que tuvo la ciudad. En una entrevista con LA GACETA, el ex jefe de guardias detalla cómo se llamaban entre ellos (“éramos los guardianes”), qué peligros enfrentaban y cómo era su trabajo. En esta época en que los vecinos exigen placeros, charlar con él invita a reflexionar sobre su rol: ¿son necesarios?

- ¿Qué recordás de tu trabajo? ¿Había una base?
- Yo fui guardián y jefe de la guardia. Después, inspector de tránsito interno: controlaba el estacionamiento y la circulación en las calles del parque. Teníamos un libro de guardia donde anotábamos lo que habíamos registrado en la caminata. Si faltaba algo o había un banco roto lo informábamos en el libro que estaba abierto las 24 horas y que estaba en la sede de Espacios Verdes (ubicada en el mismo parque). Lo que escribíamos lo controlaba el director. También había un planillero que controlaba la asistencia de todos los placeros: recorría las plazas juntando firmas. Lo hice alguna vez cuando era jefe y el planillero había faltado.

- ¿Qué edad tenían en promedio los placeros?

- Yo tenía unos 34 o 35 años. Pero a las personas grandes las ponían de placeros, porque ya no estaban en buenas condiciones para hacer trabajos más pesados dentro de la Dirección, como jardinería o albañilería. Eras guardián cuando superabas los 50 años. Los guardianes del parque eran unos seis o siete por turno, por ejemplo.

- ¿Cómo era la jornada laboral?
- Teníamos turnos de seis horas. Yo entraba a las 19 y salía a la 1. Con los militares tenía horas extras: entraba a las 14, hasta las 24. En las plazas la jornada laboral empezaba a las 13 hasta las 7 del otro día. Pero antes trabajaban las cuadrillas de limpieza. Terminábamos de recorrer (también limpiábamos) y dejábamos las novedades anotadas. 

- Algún ejemplo de lo que controlaban...
- En los juegos de niños no dejábamos que estén los mayores de 12 años y estábamos atentos a que los vecinos no dejaran basura. Les decíamos que no lo hicieran. Preveníamos. También los seguíamos hasta las puertas de sus casas para identificarlos, para que luego Higiene Urbana les hiciera una inspección. 

- ¿Había mucho vandalismo en plazas y parques?
- Las plazas se vandalizaban más que los parques. Por ejemplo, eran blancos frecuentes los juegos y los bancos. Pero no había tanta basura como ahora, porque en la escuela nos enseñaban que teníamos que tirar en el cesto. Ha cambiado mucho el modo de vida.

- ¿Cuáles eran sus herramientas de trabajo?
- Teníamos un uniforme de pantalón azul y camisa celeste, con una identificación. Nos daban un pinche y una bolsa de residuos para levantar las cosas del piso. En la plaza tenían escobas y palas para limpiar. También silbatos, para ir  avisándonos cuando había problemas. Nos comunicábamos así y nos agrupábamos si había problemas. Y aunque estaba prohibido, algunos llevaban un látigo escondido por si lo necesitaban ante algún hecho violento.

- ¿Usted lo usó?
- No. Ni tampoco he vivido nada malo, por suerte. Sólo de inspector de tránsito interno: en el pasado tampoco les gustaba que les digan que habían estacionado mal, por ejemplo. Ahora no hay inspectores internos. Creo que hacen falta: no pueden entrar camiones, ni ingresar motos, ni bicicletas al paseo. La ordenanza 202/77 lo detalla. 

-¿Con qué se encontraba en sus rondas?

- Eran tranquilas. Sólo veíamos basura u objetos perdidos, tipo documentos o llaves, que dejábamos en la guardia. En ese tiempo nos comunicábamos con las radios o la televisión para avisar lo que habíamos encontrado.

- ¿Cómo era la relación con los vecinos?

- Tan buena relación teníamos que hasta nos guardaban las herramientas. Éramos grandes aliados; había una amistad.

- ¿Le gustaba su trabajo?
- Era muy lindo. Era un trabajo digno. Además estábamos en contacto con la naturaleza. 

- ¿Qué pasó con los placeros?
- Se fueron a otras reparticiones o se jubilaron. Acordate que eran las personas más grandes de la Dirección. Cuando yo entré a trabajar había en la repartición unos 1.436 para todo Espacios Verdes. Cuando me fui, quedaba la mitad. Pocas personas para cuidar tanto.

- Los vecinos piden que vuelvan. ¿Qué opina?
- Que está bien. Que hacen falta. En las pistas de salud tiene que haber alguien, para que las cuiden. Se suben niños: no habría que dejarlos. Y al revés: los grandes rompen los juegos. Están sucios los espacios. Hay que cuidar lo que tenemos. Y el placero sería ideal para ello.

- Un funcionario municipal dijo en una nota con LA GACETA que con la inseguridad actual se necesitaría a Hulk como placero. ¿Qué opina?
- El placero o guardián estaba acompañado por la policía montada. Habían dos que recorrían el parque y estaban en contacto con los guardianes. Era un trabajo en equipo. Ahora podrían trabajar de la misma manera.

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