Boca, campeón del suspenso

Con otro gol sobre la hora, le ganó a Talleres y estiró su ventaja en la cima

02 Abr 2018
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DESAHOGO. Pablo Pérez festejó su gol con insultos hacia algunos plateístas. Después pidió disculpas. “Se me soltó la cadena. Son los nervios que vivimos”, explicó. telam

BUENOS AIRES.- A este Boca de Guillermo Barros Schelotto nunca hay que darlo por vencido. No tanto por su espíritu combativo, sino por esta costumbre que viene teniendo en el último tiempo de marcar goles en los minutos finales. Lo hizo en la fecha 19 contra Tigre, al que le ganó con un gol de Leonardo Jara en el minuto 94; lo volvió a hacer en la fecha 20 en cancha de Atlético, al que le empató en el minuto 91 con la aparición de Walter Bou; y ayer, por la fecha 21, repitió la fórmula ante Talleres, con la firma de Pablo Pérez cuando el cronómetro marcaba 92’. En resumen, el “Xeneize” rescató cinco puntos en tiempo cumplido en sus últimos tres cotejos.

Ese oportunismo es una de las virtudes que lo sostienen como indiscutible líder de la Superliga, ahora con nueve puntos de ventaja sobre el equipo cordobés, su único escolta por ahora. San Lorenzo tiene chances de quedar a ocho, pero para ello debe vencer a Independiente el miércoles, en el encuentro postergado de la fecha 15. De todos modos, con 18 unidades en disputa, parece difícil que alguien se interponga entre Boca y el título.

A tono con el nivel que viene mostrando, no fue brillante lo del puntero, pero sí suficiente para merecer el triunfo. Tomó la posta frente a un rival especulativo, y se puso en ventaja con un gol de Bou luego de una gran apilada de Cristian Pavón. Sin embargo, sobre el final del primer tiempo, volvió a sufrir por su tendón de Aquiles: las pelotas paradas. Un tiro libre permitió a Carlos Quintana igualar de cabeza.

Sin poder traducir ese dominio en ocasiones claras, Boca parecía resignado al empate, hasta que un centro de Ramón Ábila encontró a Pérez para empujarla hacia la red. El festejo del capitán, con insultos hacia algunos plateístas, fue la imagen del desahogo luego de semanas convulsionadas y rumores de “aprietes” de la barrabrava en la previa. (Télam-Especial)

Pablo Guiñazú no es un pibe. En agosto cumplirá 40 años. Jugó en clubes argentinos y también en Italia, Brasil y Paraguay. No es un virtuoso, pero corre, marca, recupera balones y los distribuye como pocos. Le sobra oficio y pese a la edad, corre como un pibe. Ayer, en La Bombonera, fue una de las figuras pese a que su equipo perdió. La semana pasada, en un programa deportivo de una cadena internacional, alguien lo propuso para la Selección. El conductor y los panelistas se fueron del estudio y apagaron las luces. Una falta de respeto por más que después intentaron maquillar la reacción. Si se tiene en cuenta el actual nivel de Javier Mascherano y el presente de Guiñazú, la balanza se inclina a favor del jugador de Talleres. Tal vez parezca una locura. Pero en el fútbol a veces se necesita una dosis de audacia. Se lo puede aceptar o rechazar. Pero nunca faltarle el respeto.

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