HACER EN EL MOMENTO. La primera torreja recibe su baño de huevo y leche antes de encontrarse con el aceite. LA GACETA / FOTOS DE Inés Quinteros Orio
Se llama María Teresa Canizo. Pero si alguien gritara ese nombre por la calle, ella no se daría vuelta. Hace más de 50 años que uno de sus cuatro hijos postizos (tiene además dos “de la panza”) la bautizó Tachi cuando recién empezaba a hablar; a ella le gustó ese nombre (hasta entonces le habían dicho Chicha) y logró que todos, incluso sus padres y sus 12 hermanos, lo adoptaran.
Este Jueves Santo, como casi todos desde 1969, Tachi ralló el chocolate con un cuchillo (“tiene que quedar gruesito, pero rallado, no en pedazos”, explica) . Y va recordando: “empecé a cuidar a los ‘chicos’ -todos tienen más de 50 ya, pero siempre serán ‘los chicos’- cuando yo tenía 14 . Pero además, me metía en la cocina; me encantaba, y la señora Julia (a quien hoy Tachi sigue cuidando con un amor a toda prueba) era muy buena cocinando. Ellos vivieron unos 10 meses en España, en Sevilla, y cuando volvieron trajeron recetas nuevas. La tortilla de papas, por ejemplo, desde entonces necesita el triple o más de cebolla salteada...”.

Una de las costumbres importadas de Sevilla fue la merienda del Jueves Santo, que también puede llegar a ser el desayuno (pese al ayuno canónico) del Viernes de Pasión: chocolate con torrejas. “Es muy simple, pero exquisito. Son pocos ingredientes, pero tiene que ser muy buenos; y es mucho trabajo, pero solamente porque todos quieren más y más”, describe divertida mientras su mano logra que el huevo batido levante espuma.
“Como casi todo en la cocina, aprendí mirando a la señora Julia, que también me contaba de las procesiones, de la Macarena, de los toros.... Y de la Feria de Abril, que venía un par de semanas después. Escuchábamos y bailábamos sevillanas, y veíamos fotos de los trajes de volantes...”. Tachi se deja envolver en los recuerdos mientras el aire en la cocina se llena de canela y de chocolate.

Mientras este va tomado cuerpo, se preparan las torrejas. “Lo ideal es usar pan que tenga un par de días, porque toman más cuerpo. Se cortan rodajas de un centímetro y medio de espesor, más o menos; se bañan en una mezcla de huevo batido, leche y unas gotas de vainilla y se fríen en aceite bien caliente... de oliva, claro. Bien caliente para que se doren rápido y no absorban”, indica.
Jueves Santo en Sevilla
Ella -lamentablemente- no pudo vivirla en directo. Pero la noche del Jueves Santo (mejor dicho, la madrugá, ese limbo entre la noche y el amanecer en el que la Pasión del Hijo de Dios será un hecho) es la noche fuerte de la Semana Santa sevillana.
Los turistas “comunes” no se enterarán, posiblemente, y verán las procesiones desde las sillas instaladas cerca de la Catedral. Pero los dueños de casa y sus visitantes informados saben en cuáles rincones imposibles, en qué callejuelas imbricadas, bajo cuántos balcones floridos hay que salir al encuentro del Señor crucificado y de su Madre, que lo sigue, ambos en los hombros de sus cófrades. Los “pasos” más famosos de Sevilla peregrinan en la madrugá, y sus fieles trajinan toda la noche. Por eso hay que juntar fuerzas: los “sevillanos de ley” no dormirán.
De vuelta a la cocina
“El chocolate hay que revolverlo con frecuencia para que no se pegue en el fondo; cuando está totalmente derretido, se agrega Maizena disuelta en leche fría y se mezcla bien. Así tomará cuerpo. Antes de servir, no olviden quitar las ramas de la canela”, recomienda Tachi.
Ya listo puede esperar; si se lo tapa, quizás ni siquiera haga falta volver a calentarlo (todo dependerá de qué tan fresca sea la primavera que les toque a los sevillanos cada año... o nuestro otoño). Pero las torrejas sí o sí se preparan en el momento (“si no, se ponen gomosas”, advierte).
“Eso es lo que las hace trabajosas; generalmente, vuelan, y hay que seguir haciendo, y haciendo... Y en eso pasa como en las peñas: el que toca nunca baila”, aclara riendo (por cierto, ella baila folclore muy bien, así que sabe lo que dice). Y como es de las que no sueltan fácilmente la batuta, ha pasado muchísimos Jueves Santos de su vida junto a la sartén. No lo lamenta, es como un ritual de amor.
Con la mesa puesta, sirve el chocolate, que todavía humea, y pone en el plato la torreja. La miel dorada se desliza por la cucharita y dibuja espirales sobre ella. Quienes esperan cerca de la mesa sonríen. Saben del manjar que los espera.
¡Felices Pascuas!
Recetas
Chocolate
Rallar con un cuchillo filoso una tableta de 200 g de buen chocolate para taza. Calentar 1 litro de leche con unas ramas de canela (tratar de que no se rompan, pues costará ”pescar” los trocitos) y unas gotas de vainilla. Agregar el chocolate y revolver con cuchara de madera para evitar que se pegue en el fondo y ayudar a que se derrita. Cuando esto ocurra, disolver en leche fría dos cucharadas de Maizena y añadir al chocolate caliente. Mezclar hasta que vuelva a hervir y revolver hasta que tome cuerpo. Antes de servir, quitar las ramas de canela.
TORREJAS
De un pan que tenga un par de días (tradicionalmente, el Jueves Santo no abrían las panaderías, así que el pan se compraba con anticipación) cortar rodajas de aproximadamente 1,5 cm de espesor. Pasar por una mezcla de huevo batido y un poco de leche con unas gotas de vainilla y freír en abundante aceite de oliva. Servir calientes y bañarlas con un chorro de miel.








