Una película de terror se filma en pleno cerro San Javier

Violeta Urtizberea y el brasileño Nicola Siri protagonizan el film que está rodándose en Tucumán. Es el escenario ideal para ambientar una historia cargada de misterio.

18 Mar 2018

Con sus imponentes paisajes naturales, San Javier se presta para que los tucumanos y los turistas disfruten un fin de semana al aire libre. Pero mientras cae el sol, la frondosa vegetación y el silencio convierten el cerro en un espacio...¿escalofriante?

Esos mágicos parajes se convirtieron en el escenario perfecto para filmar la película de terror “El diablo blanco”. “Cuanto finalicé el guión comenzamos a buscar con la productora posibles locaciones. Al ver los paisajes de Tucumán sentí esa fuerza y variedad natural que necesitaba”, comenta Ignacio Rogers para quien, tras varios años como actor de reparto, la película representa su ópera prima como director y guionista.

“La película surge de una coproducción con la empresa brasileña Sombumbo Filmes”, detalla Nathalia Videla Peña, productora de Magma Cine. El reparto está integrado por Violeta Urtizberea, Ezequiel Díaz, William Prociuk, Ailín Salas, Julián Tello y, en el plano local, por Teresita Terraf y Carlos Rubén Ávila, miembros del Teatro Estable de la Provincia. Además, para romper las fronteras del lenguaje, el proyecto cuenta con la participación del actor ítalo-brasileño Nicola Siri, reconocido en Brasil por ser galán en telenovelas como “Vidas opuestas” y “Avasadoras”.

Dentro de la película

Estamos en el “Hotel Belvedere”, aunque la localización real son los predios de la UNT en San Javier: en el estacionamiento hay tres camionetas cargadas de equipamiento y cajas plásticas llenas de ropa. Al costado se montó una carpa azul que sirve de refugio al director y el equipo de sonido y, en la recepción, hay un pequeño catering con café, galletas y gaseosas para el break.

El clima es de total dinamismo, con el personal técnico comunicándose por micrófono y caminando -de un lado a otro- cargados con rollos de cinta aislante y trípodes. Son más de 30 personas las que se encuentran en el predio: sonidistas, iluminadores, camarógrafos, asistentes y maquilladores acompañan al director.

“Desde chico me gustaron las películas de terror, quería mantener el espíritu del género, pero darle una impronta personal -explica Rogers mientras fuma un cigarrillo-. No se trata de una mirada irónica sobre el terror sino de adentrarnos en él. Hay una leyenda que funda la película, de algún modo están presentes las culturas originarias y la época de la conquista, pero recubiertas de una trama actual”. En el medio de la entrevista, diferentes voces llaman a Rogers y él sale a dar indicaciones sobre los personajes, siempre con el guión bajo el hombro.

De repente, ante tanto bullicio, el lugar se torna silencioso (sólo se perciben los grillos y las chicharras). A mitad de un pasillo selvático, Julián Tello graba su escena encarnando a Tomás, uno de los protagonistas. Recién cuando el director dice “corte” la escena se descongela y nuevamente los asistentes comienzan a mover los equipos. Tello, que en ese momento vestía un short y musculosa, se coloca una bata negra y tapa los hombros con una colcha verde manzana. Es significativa la cantidad de frazadas y camperas que circulan junto al mate.

Los tiempos del cine son diferentes, mientras se preparan las luces y se retoca la escenografía hay un espacio de tiempo muerto. Es ahí donde Urtizberea, cubierta con una bata rosada, conversa con LA GACETA sobre su experiencia. “Siempre quise incursionar en el terror, cuando sos niño jugás con esas caras de pánico y suspenso -afirma la actriz, conocida por su papel como Florencia Estrella en “Las estrellas”-. Camila -su rol- trata de mantener la cordura y apoyar al personaje de Ezequiel Díaz en el momento de locura que transita”. Como la película se encuentra en pleno rodaje, hay algunos detalles sobre la trama que son un misterio. “Se trata de un juego psicológico, la cabeza y las impresiones de los personas trabajan mucho”, detalla Violeta, quien además brinda algunos datos sobre la filmación: “van a ver sangre en algunas partes. El otro día hubo una escena donde le cortan el cuello a un actor y me dio bastante impresión verla, los efectos son muy buenos”.

La llegada del comisario

Poco a poco comienza a anochecer y se da inicio a las tomas nocturnas. Son las 20.15 y los técnicos retoman sus puestos. Rogers se coloca unos auriculares blancos y se sienta junto al equipo de sonidistas. Dentro de la carpa hay una pantalla que transmite en paralelo lo que captura la cámara.

“Escena 102, plano 1, toma 1”, grita un asistente mientras sostiene la claqueta y se inicia la grabación. Un Fiat negro de los años 90 aparece rápidamente por la reja de entrada del predio y da una vuelta en U. Dentro viaja el comisario del pueblo. En seguida aparece una moto, con dos hombres que siguen de cerca al auto. Ambos vehículos estacionan al lado de las escaleras de piedra y, apurados, los personajes se dirigen hacia las instalaciones del hotel... “Corte”. Rogers les pide a los actores que realicen movimientos rápidos para infundir el sentido de urgencia.

Esta vez, la cámara achica el plano y los hombres suben corriendo las escaleras. “La toma se queda”, finaliza el director. Y “El diablo blanco” sigue cobrando vida.

El equipo va por la quinta jornada de filmación en Tucumán. Les queda sólo una semana para finalizar y mañana comenzarán el rodaje en Raco. El cerro San Javier, las casas de la ciudad universitaria, las cabañas de “La cascada” y el Bosque de la Memoria son  algunos de los puntos que se verán en la pantalla grande. El estreno está previsto para octubre y la película ya tiene garantizada su distribución en Brasil.
 
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