Martín Terán, entre el abrazo de gol y el try

Fue ídolo en el rugby y jugó al fútbol en Atlético. “Viví momentos inolvidables”, aseguró.

10 Mar 2018

Martín Terán fue deportista polifacético que se destacó en todo lo que hizo. Su imagen flota en el recuerdo de los tucumanos: en el Mundial de rugby 1991, en Gales, corrió a toda velocidad para apoyarles dos tries a los poderosos Wallabies, la selección australiana de rugby que semanas después ganó el torneo. Pero en la cabeza de la mitad de los tucumanos sigue haciendo eco el gol que en 1997 le marcó a Douglas Haig, a los 90 minutos del partido, porque esa conquista salvó a Atlético de perder la categoría.

Nadie podía imaginar que un deportista lograría distinguirse en el alto rendimiento de dos deportes. Ni siquiera él mismo: “Tenía expectativas. Crecí en las canchas de Tucumán Rugby y soñaba con jugar en Primera, aunque por mi tamaño sabía que no sería fácil” recordó el wing.

“Desde pequeño quise ser rugbista porque mi familia siempre estuvo vinculada al rugby. Pero para mí lo más lindo del mundo es el fútbol”, confesó Martín, que admite que es un buen cocinero, cualidad que heredó de sus padres y ha servido de impulso para llevar adelante hoy sus emprendimientos gastronómicos. “Tenemos un grupo de cocina con unos amigos. Cada 15 días nos juntamos para cocinar” contó Terán.

Tanto en el fútbol como en el rugby competir en el alto rendimiento requiere de sacrificios que pocos están dispuestos a hacer: “Fue duro. Mis amigos no compartían mi actividad. Dediqué mucho tiempo a trabajar mi físico ya que era muy chiquito para enfrentar a tipos tan grandes”.

Terán vivió desde adentro dos deportes muy populares en nuestra provincia. Asegura que en el rugby domina el principio de grupo y amistad, mientras que en el fútbol cada uno cuida sus propios intereses. “El rugby me permitió conocer el mundo y hacer amigos en todos lados. El fútbol es popular y me abrió muchas puertas. Hoy me siguen reconociendo a pesar de que pasaron muchos años” expresó.

El paso de un deporte generó una “revolución”en su momento. Martín acepta que estaba en su mejor momento como rugbista pero ya había alcanzado sus objetivos: jugar con Los Pumas dos mundiales. “Un amigo me recomendó probarme en Atlético. Fui y quedé. Pasé momentos inolvidables. Soy hincha fanático del club”. sostiene.

El fútbol le dejó dos momentos inolvidables: el clásico jugado contra San Martín de visitante, donde fue silbado por más de 20.000 personas, y el gol que aseguró la permanencia de Atlético en la B Nacional. No tiene facilidad para la tecnología ni lo atrae la TV. Pero su amor por el fútbol es tan grande que mira todo lo que puede.

Martín y su señora, Flavia, tienen cinco hijos: Sol (18), que según Martín “salió a la madre”, no práctica deportes; Martín (15) y Mateo (6) son zurdos y se han inclinado por el fútbol; Félix (13) y Andrés (11) empezaron a recorrer el camino en el rugby.

Terán ha recorrido casi todo el mundo. “Conocí muchos lugares, pero nunca encontraré uno como Villa Nougués. Paso mucho tiempo ahí. Es mi lugar en el mundo”, afirma.

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