Una invitación a descubrir cómo es la vendimia que comenzó en Tucumán

Una bodega de Colalao del Valle abrió sus puertas a los visitantes para que sean testigos desde el corte del fruto hasta el embotellamiento del producto.

06 Mar 2018

Un grupo de operarios avanza entre los viñedos cargando los canastos repletos de uvas negras para el vino tinto. El fruto recién cortado con tijeras que son como pinzas se acumula en los canastos a la espera del traslado hasta los contenedores. Es el primer paso de la elaboración de los vinos. Es la vendimia que comenzó en Tucumán, rodeada de un paisaje majestuoso en el corazón de los Valles Calchaquíes.

A la vera de la ruta nacional 40, a la altura del kilómetro 4313, está la bodega Las Arcas de Tolombón. El enorme predio abrió sus puertas a los turistas para que puedan descubrir de qué se trata la vendimia. Ser testigo de la recolección de uvas ahora es una realidad en la denominada Ruta del Vino de Tucumán. La iniciativa es del Ente de Turismo y el Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP).

Es el inicio de la alquimia que convertirá la uva en vino. Durante este mes, el turista que visite la bodega podrá hacer un recorrido único a través de los diferentes momentos de la vendimia, participando activamente de las distintas fases del proceso.

Guadalupe Borda recibe a los visitantes en la bodega para brindarles información sobre la cosecha. “Tratamos de que las visitas no sean monótonas, más bien queremos que sea una charla con el turista -dice-. Y uno va viendo el conocimiento que tienen del vino; entonces hablamos de historia, de la arquitectura del lugar. Pero si viene de cero uno les explica desde el primer momento, desde el campo hasta el embotellamiento”, precisa.

En verano, dice Borda, la mayoría de los visitantes son tucumanos y de las provincias del NOA. También llega mucha gente de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. A partir de julio, en la temporada de invierno, reciben turistas europeos, especialmente de Alemania y de Francia. El paseo y la degustación son gratuitos.

En el laboratorio

Agustina Guardia coordina la movida con los visitantes. Ayer un chaparrón a la siesta sorprendió a los turistas. Cada día varían las actividades según las condiciones climáticas. “En este recorrido -explica Agustina- pueden conocer las diferentes variedades de uvas, se visita la finca, los viñedos, la zona del prensado y la mesa de selección. La visita continúa por los tanques, el laboratorio, las máquinas de embotellado y etiquetado y, finalmente, la cava”.

De lunes a viernes, de 9 a 17, es posible participar de la recolección de los frutos, la actividad que consiste en cortar manualmente los racimos de uvas con tijeras y colocarlos en los canastos. Los miércoles y viernes se puede contemplar el espectáculo del proceso de elaboración del vino, que se inicia con la recolección de frutos y la selección de la uva para el control de calidad.

Los sábados, domingos y feriados, la bodega ofrece degustaciones de los caldos de fermentación para que el turista pueda probar la evolución de la fermentación del jugo de la uva.

“Es un placer recibir a los turistas y buscamos que se vayan contentos -resalta Borda-. Uno nota la gratitud que te devuelven, porque tratamos de explicar el proceso de creación del vino con las palabras más sencillas”. Antes de la visita se recomienda contactarse a [email protected] para coordinar las actividades.

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