Frente a la crisis, el éxodo venezolano no se detiene

La experiencia de una reportera y un fotógrafo en un viaje de escape

04 Mar 2018
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CARACAS.- Poco después del amanecer, decenas de venezolanos se reunieron en la oscura estación de autobuses de Caracas. Cada uno llevaba una maleta grande, mantas, papel higiénico, pan y botellas con agua.

Esposas llorando, niños confundidos y padres ancianos los abrazaban una y otra vez hasta que llegó el momento de revisar los boletos y pesar los equipajes, y luego se quedaron horas esperando que el autobús partiera. Cuando se puso en marcha, los pasajeros miraron a sus seres queridos, golpeando las ventanas y lanzando besos, mientras salían de la deteriorada capital. A bordo del autobús, el desarrollador web Tony Alonzo dijo que había vendido su guitarra de la adolescencia para ayudar a pagar su boleto a Chile. Durante meses se fue a la cama con hambre para que su hermano de 5 años pudiera cenar algo.

Otra pasajera, Natacha Rodríguez, operadora de maquinaria, fue asaltada a punta de pistola tres veces el año pasado. También iba a Chile con la esperanza de darle una vida mejor a su hijo, amante del béisbol.

Roger Chirinos, sentado en el autobús, dejó atrás a su esposa y dos hijos pequeños para buscar trabajo en Ecuador. Su compañía de publicidad llegó a un final particularmente amargo: manifestantes derribaron sus vallas publicitarias para usarlas como barricadas durante las violentas protestas contra el presidente Nicolás Maduro.

El autobús de Alonzo, Rodríguez y Chirinos, entre otros, cuenta la historia de una nación que alguna vez fue rica, pero ahora va en picada y empuja a cientos de personas a huir a diario de una tierra donde el miedo y la necesidad se volvieron algo cotidiano. Cuando despuntan los primeros rayos de sol sobre Caracas, ya hay personas hambrientas hurgando la basura y niños mendigando frente a las panaderías. Al anochecer, muchos se encierran en sus casas para evitar asaltos y secuestros. En un país con las mayores reservas probadas de crudo del mundo, familias cocinan con leña porque no pueden conseguir gas.

Los hospitales carecen de suministros tan básicos como desinfectantes. La comida es tan escasa y costosa que el venezolano promedio perdió11,4 kilos en 2017.

“Yo siento que es un mal irreversible en Venezuela”, dijo Chirinos.

Muchos culpan del precipitoso declive del país al gobierno de Maduro, quien ha consolidado su poder mientras se aferra a políticas estatistas que han estrangulado la economía. Su gobierno dice que enfrenta una conspiración, encabezada por EEUU para sabotear a la izquierda en América latina, al acaparar productos y avivar la inflación.

Más pobres cada día, cientos de miles de venezolanos han llegado a la conclusión de que dejar el país es su única opción. Con la moneda muy devaluada y los viajes aéreos al alcance sólo de la elite, los autobuses se han convertido en caravanas de miseria, rodando día y noche hacia las fronteras de Venezuela y volviendo casi siempre vacíos para repetir el largo viaje. Los 37 pasajeros que se marcharon ese día lo habían empeñado todo, desde motocicletas y televisores hasta alianzas de boda, para pagar por su viaje. La mayoría nunca había estado fuera de Venezuela antes.

Durante nueve días, una reportera y un fotógrafo de Reuters acompañaron a los emigrantes en su camino a lo que esperaban fueran mejores días en Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Durante casi 8.000 kilómetros, el autobús recorrió algunos paisajes espectaculares de América del Sur, incluida la escarpada cordillera de los Andes y el desierto más seco del mundo, en Chile.

Aunque los emigrantes estaban impresionados por esas postales, sus mentes estaban en la tierra que dejaron atrás y en la incertidumbre que les esperaba en sus destinos. Los venezolanos eligieron a Chávez en 1998 con el mandato de luchar contra la desigualdad. Chávez transformó el país durante sus 14 años en el poder, transfiriendo millonarios ingresos del petróleo a populares programas sociales. Pero también nacionalizó grandes áreas de la economía e instauró estrictos controles monetarios, una intromisión estatal que los economistas dicen es la raíz de la crisis actual.

Alguna vez un imán para los inmigrantes europeos y del Medio Oriente durante el auge petrolero de la década de 1970, Venezuela ahora exporta a su gente además de petróleo. Asustados por Chávez, una primera ola de ingenieros, doctores y otros profesionales comenzaron a partir hacia EEUU, Canadá y Europa a principios de la década de 2000. La mayoría recibió cálidas bienvenidas en sus hogares adoptivos; muchos, con sus ahorros intactos. Ahora, venezolanos devastados económicamente y con menos formación profesional están inundando Sudamérica en una frenética búsqueda de trabajo en restaurantes, tiendas, centros de llamadas y en el sector de la construcción.

Algunos viajan hasta donde alcanzan sus ahorros: un boleto de ida a la vecina Colombia desde Caracas cuesta el equivalente a 15 dólares, la tarifa para ir a Chile o Argentina puede llegar a los 350 dólares, una pequeña fortuna para muchos en Venezuela. Y la inflación encarece el viaje cada día que pasa.

El Gobierno venezolano no publica estadísticas sobre la emigración. Pero el sociólogo Tomás Páez, de la Universidad Central de Venezuela, estima que tres millones de personas han salido del país en las últimas dos décadas y que casi la mitad de ellos se ha ido en los últimos dos años, en una de las migraciones masivas más grandes que el continente haya visto. Maduro asegura que sus enemigos exageran la dimensión del éxodo.

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