La montaña de San Javier regala un túnel natural hacia el funicular

Alrededor de 1.400 personas suben entre sábados y domingos por la senda verde y húmeda que lleva hasta el viejo tendido ferroviario del cerro San Javier

04 Mar 2018

Un paso; después otro. Bajo los pies se oye el crujir de las hojas secas en el primer tramo del trayecto. Más adelante, el terreno se volverá más húmedo. El verde envuelve todo el camino; la naturaleza atropella a los ojos. El sendero empieza a cerrarse por las copas de los árboles que se entrelazan en las alturas. El camino se convierte en un túnel formado por hojas, helechos, troncos y musgos. El ambiente exhala un aire fresco en la mañana; el mejor horario para comenzar el trekking al viejo y abandonado funicular, en el cerro San Javier.

Se trata de un recorrido de 1.600 metros que puede hacerse en apenas 25 minutos. Tiene una dificultad baja, por lo que es común ver -todas las mañanas- a grupos de amigos y familias que cargan en sus espaldas una pequeña mochila con agua mineral y frutas para recargar energías.

Brisa fresca

La exuberante vegetación hace que el esfuerzo sea menor, porque el sol apenas puede colarse con mínimos rayos entre las hojas de los árboles antes del mediodía. Una brisa fresca acompaña la caminata a lo largo del “túnel natural”. De fondo se oye el canto de los pájaros. Un grupo de ocho chicos baja por el sendero antes del mediodía. Son integrantes del grupo devoto de la Virgen de Schoenstatt. “Arrancamos como a las 9 -dice Facundo, que lidera el grupo-; era una actividad distinta para hacer con los chicos. Subimos hasta el cuarto puente del funicular, comimos unos sándwiches; nos quedamos escuchando un poco de música y después empezamos la bajada”, agrega. Pedro Aráoz Caram tiene 13 años e integra el grupo. “Me pareció muy bueno; no muy cansador. Lo recomiendo. La mejor parte es la bajada porque no te cansás tanto”, dice sonriente.

El sendero está dentro del área protegida por el parque Sierra de San Javier. La selva se conoce el nombre de yungas con ejemplares de árboles portentosos como horco molle, tipa, cedro y laurel.

El tercer puente es el más largo con 78 metros de extensión. Desde que se inauguró en septiembre de 2016 comenzó a recibir cada vez más visitantes. “Los sábados suben más o menos 700 personas -dice Jesús Olima-, igual que los domingos, pero los días de semana pasan 150 personas”, detalla.

Una escapada

Cuatro amigos pagan la entrada de $ 20 y están listos para iniciar el trekking. Nicolás Domínguez, y Pablo Gómez llegaron desde el barrio Diza hasta la rotonda de Yerba Buena, donde se encontraron con Lucas Bermúdez y Franco Carrizo (de Las Talitas). Juntos siguen camino hasta la entrada a la reserva de Horco Molle. Un perro vagabundo se suma al grupo y los sigue hasta el puente. “Está muy buena la caminata, fresca y con mucha sombra”, resalta Nicolás. No se requiere guía, porque está bien señalizado. La mayoría de los aventureros son jóvenes, que organizan una “escapada al cerro”.

El viaducto fue financiado con aportes del Ministerio de Turismo de la Nación y del Ente de Turismo de la Provincia. El puente se construyó con mallas y barandas de hierro, lo que hizo más seguro el paso de los caminantes.

Algunos prefieren hacer cumbre en San Javier y siguen por el sendero “Puerta del Cielo”, mientras esquivan las piedras húmedas del camino, repletas de musgos.

un paseo entre alisos y pinos
En el camino a la cumbre, el paisaje se transforma. La vegetación selvática le da paso a los bosques de Alisos y Pinos de Cerro hasta llegar a los pastizales de altura. El canto de los pájaros es una constante a lo largo del trayecto. La distancia de recorrido es de 1.600 metros hasta el cuarto puente del funicular por una única senda. 

> Un paseo entre alisos y pinos

En el camino a la cumbre, el paisaje se transforma. La vegetación selvática le da paso a los bosques de Alisos y Pinos de Cerro hasta llegar a los pastizales de altura. El canto de los pájaros es una constante a lo largo del trayecto. La distancia de recorrido es de 1.600 metros hasta el cuarto puente del funicular por una única senda. 

> Helechos y musgos sobre los viejos rieles

En el trayecto abundan árboles como el Horco-Quebracho y el Tala. Son 14.000 hectáreas protegidas en el que conviven ecosistemas variados. La luz solar se filtra apenas; la humedad predomina entre viejos rieles, enredaderas y una variedad de helechos.

> Recorrido ferroviario

El funicular quedó trunco en 1955. El plan incluía un recorrido de tres kilómetros con seis viaductos para unir lo que se ideó como ciudad universitaria.

>El puente más buscado

El elegido para las fotos es el tercer puente. La selva de yungas envuelve la enorme estructura de hierro. Abajo se descubre el agua cristalina de un arroyo que está a unos 20 metros de distancia.


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