La atmósfera asfixiante de un mundo interior

04 Mar 2018
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ÓPERA PRIMA. La novela de Loza plasma personajes ambivalentes. LA NACIÓN

NOVELA

EL HOMBRE QUE DUERME A MI LADO

Santiago Loza

(Tusquets - Buenos Aires) 

“¿La creía una mujer capaz de hacer daño? Una madre siempre tiene la capacidad de hacer daño.” (p.99)

La mujer en cuestión es Nelly, madre de Mauro. Y el que responde -en diálogo con su psicólogo- es el hijo, en la segunda de las tres entrevistas que ambos sostienen por algo que sucedió relacionado con su madre y que nos será revelado solo al final. Esos tres encuentros en el consultorio son las únicas instancias en las que el lector tiene la posibilidad de escuchar la voz de Mauro. El resto del relato, a excepción del desconcertante y conmovedor “Informe Final” elaborado por el psicólogo, es hablado por Nelly.

La historia es simple. La protagonista, quien siente el peso del tiempo en el cuerpo, ha sufrido un leve accidente y abandona su pueblo para instalarse con su hijo en la ciudad.

Desde el mismo inicio de la novela el lector se siente arrojado, sin red de contención, a la atmósfera asfixiante y opresiva del mundo interior de Nelly, quien discurre mentalmente por fragmentos de su vida exponiendo descarnadamente lo que piensa y siente en su circunstancia práctica y existencial presente. Asistimos, así, al rencor, la amargura, el odio y una bronca que no cesa a lo largo del relato. Monólogo dialógico que satura, con el exceso, lo que parecen ser “cuentas pendientes” de Nelly con su mejor amiga y amante de su marido muerto, su hijo, su propia madre y su abuela; con el novio de su hijo y hasta con alguna persona que circunstancialmente se cruza por su vida y en la que Nelly ve un representante de lo que más desprecia.

La primera novela del dramaturgo Santiago Loza logra plasmar a los personajes en su compleja ambivalencia (su compleja humanidad) con una escritura sutil y una trama que sorprende al lector hasta las últimas páginas. Exquisitos, por su capacidad sugerente del sentido que permea la novela, el título y la ilustración de la portada.

© LA GACETA

Ester Nora Azubel

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