Fisicoculturismo: llegar al "cuerpo perfecto" es sacrificado y peligroso

Todo tiene un precio, el modelado del cuerpo externo no es catalogado como deporte, debido al uso de sustancias prohibidas

26 Feb 2018 Por Leo Noli

Es tan larga la hilera de premios que cubre toda una pared lateral. Hay varios trofeos, en su mayoría del mismo color, un tono chocolate, como autobronceados. Pero sobresale uno. Es verde, casi flúor. Es el que hace mención al nombre del lugar: Hulk Gym, un gimnasio como cualquier otro pero atendido por el campeón argentino de una disciplina a la que los puristas no ven como deporte sino como una pasión sectaria y, definitivamente, peligrosa si no se toman recaudos: el fisicoculturismo.

Lucas Diozquez es el dueño de la sucursal II de Hulk Gym donde LG Deportiva ha llegado para conocer un poco más acerca de una actividad polémica, que trata del modelado del cuerpo ayudada en determinados casos por sustancias prohibidas, cuando se trata de competir en el máximo nivel, según confían quienes han dedicado su vida a las pesas “como atletas”.

Lo irónico es que el mostrador de la recepción es un campo minado de tentaciones. El propietario se adelanta y aclara: “Este es un gimnasio como cualquier otro. Viene más gente que quiere estar en forma con su cuerpo que atletas. Es a razón de 95% contra apenas un 5%”.

El fisicoculturismo no es para cualquiera, ni se llega a la plenitud de un día para otro. “Modelar un cuerpo requiere de años de entrenamiento. Es sacrifico extremo”, reconoce Diozquez, ganador de cuatro títulos argentinos de la Asociación Fisicoculturista Argentina (AFA) en diferentes categorías de peso. “Tenía 14 años cuando fui a ver una competencia a Santiago del Estero. Me llamó la atención y comencé a prepararme”, comenta quien a los 27 se quedó en la puerta de una nueva corona nacional. Fue subcampeón el año pasado.


La mesa de dulces es lo más parecido a la trampa que una bruja construiría para atraer a Hansel y Gretel hasta su casa. La pastrafrolla está bien pulsuda y la tarta de dulce de leche luce demasiado llamativa. Todo por $ 10. Una ganga. Diozquez la vende pero no la consume. No puede. Lleva a diario una dieta estricta.

Cada cinco minutos, alguien se acerca al coach y le pide indicaciones. Hay uno en cuestión que sobresale. Es culturista, aunque por su físico se pensaría que no. Es flaco, demasiado quizás, pero cuando su torso queda al descubierto, sus músculos fibrosos explican que es de una categoría menor. No más de 60 kilos. Trabaja en Rentas y dice que en su trabajo lo tratan de loco. “Todo el día con el táper con comidas especiales, je”, se ríe el amigo que también le agradece a su novia por el aguante. Tiene 27 y hace casi un año decidió dejar lo que para él son vicios: el alcohol, las gaseosas, los dulces, la comida chatarra; el asado. ¿Es una actividad sectaria el culturismo? Diozquez no lo cree. “Es un deporte que está mal visto”, argumenta.

“Todos están pendiente del físico. Tener tener un físico fitness, bien trabajado es el objetivo. Pero no todas las personas están preparadas psicológicamente para el fisicoculturismo. El cuerpo requiere de años de trabajo y nutrición para llegar o lo que podemos llamar una plenitud”, explica.

Hay dos caminos a seguir en el fisicoculturismo. “Surge la encrucijada cuando una persona que debe elegir entre pagar el precio de dedicarse y privarse de algunas cosas para construir su físico o no. Acá, de hecho, es donde entra el famoso tabú de los esteroides o píldoras que te hacen llegar sin tanto esfuerzo”, indica Diozquez.


¿Puede llamarse deporte a una actividad en la que es válido consumir anabólicos, esteroides y otras sustancias prohibidas antes de presentarse a una competencia? “Podés tomar todas las pastillas, pero si no hacés dieta no vas a llegar. Yo tengo atletas naturales que no toman esos agregados”, argumenta Diozquez.

¿Es posible llegar a la plenitud sin la ayuda farmacológica? “Sí, pero no es lo recomendado. Llegado el momento, habrá que dar el salto hacia lo prohibido. De lo contrario habrá diferencia entre un participante y otro en definición muscular y en tamaño”, lo ratifica Sebastián Polanco, ex campeón argentino y ex entrenador de atletas que tiene su propio gimnasio por calle Jujuy. Polanco ya no entrena a nadie. “Dejé de hacerlo porque son unos desagradecidos. La mayoría no hace las cosas bien. Creen que porque vos los entrenás y les decís, ‘hacé esto o aquello’ y están lomundos, es suficiente. No es así. Sin dieta no habrá músculos armoniosos y sin gimnasio no habrá figura”, se queja y lo lamenta.

La competencia

El fisicoculturismo es una pasión, no un medio de vida en el país. En Estados Unidos, en cambio, se generan millones de dólares en ganancias y la puja por el máximo galardón, el Mr. Olympia, lo es todo. A esa instancia llegan los campeones de campeones. Arnold Schwarzenegger lo ganó siete veces. En su época, fue la perfección. Lo mismo Ronnie Coleman, el máximo ganador, con ocho.

“No se puede vivir del fisicoculturismo en Argentina”, confirma Polanco. “Supongamos que ganás $ 20.000 en un torneo pero invertiste $ 30.000 en prepararte. No da vivir”, repite Polanco, dispuesto a volver al ruedo el día que desde su familia se lo pidan. Se tiene fe. “Competí hasta 2009, después me cansé. El día que mi hijo Francisco me diga algo, me preparo. En 60 días estoy, pero con ‘ayuda’, eh. Puedo llegar sin nada, pero le estaría dando ventajas al rival”, reconoce. La moraleja sería, entonces: sin ayuda farmacológica no hay paraíso en las competencias de fisicoculturismo.

Las drogas, un recurso

“Los esteroides ayudan a metabolizar todo más rápido. Ayudan a sintetizar proteínas más rápido y por ende la recuperación es más veloz, siempre y cuando hagas bien los deberes. Es decir, ningún fármaco va a hacer cardio por vos; ningún fármaco hará dieta por vos; ningún fármaco entrenará duro por vos. Eso hay que hacerlo sí o sí”, encara el tema Diozquez.

“Los anabólicos son lo de menos. Cualquiera se pone una inyección, cualquiera abre la boca y toma pastillas. Si no entrenás, no vas a tener nada”, asevera Polanco, titular de la Copa Master 2003 en Buenos Aires, mérito que le valió una nota en LA GACETA que aún hoy luce con orgullo en forma de cuadro sobre el mostrador de su recepción. Extraña el pasado, pero no volvería a vivirlo así, confía.

Polanco y Diozquez coinciden en que hay muchos pícaros que dicen ser entrenadores y son charlatanes. Justo en una disciplina estanca, que no gana adeptos y que la opinión pública la caratula como un nicho donde los patovicas hacen gala de su tamaño. En comparación con otras actividades físicas como el crossfit, el fisicoculturismo ha perdido por goleada.

Incluso el fisicoculturismo se vio obligado a cambiar a nivel internacional. Entre las mujeres se han cancelado las competencias de culturismo extremo. Ahora hay diferentes categorías fitness, desde muy tonificadas hasta cuerpos estilizados. Pero músculo, músculo puro, no. Lo irónico es que en Argentina sí hay. “Estamos retrasados”, se queja alguien que prefiere resguardar su nombre.


Todo tiene un precio

“Conozco tipos de mi época que competían conmigo y hoy están reventados. Están mal del hígado o se tienen que hacer diálisis”, lamenta Polanco cuando se refiere a viejos colegas que han abusado de las drogas. “Los fármacos no pueden utilizarse todo el año. Hay tiempo de uso y un tiempo de descanso y de limpieza. Impotencia sexual, esterilidad, problemas hepáticos y renales se sufren por el exceso de diuréticos. Incluso hay problemas cardíacos si no se hace lo correcto”, comenta Diozquez, escéptico a la hora de tocar un tema sensible.

¿El fisicoculturismo es deporte? Polanco, el campeón de antaño, lo elimina del juego. “No. No lo es. No está catalogado como tal. Tenés que tomar muchas cosas y hoy en día los vagos (sic) cada vez toman más cosas y cada vez tienen más problemas también”.

Si el enfoque de alcanzar el cuerpo perfecto se desvía, el abuso puede ser un pasaje a la muerte misma. Lo dicen quienes conocen las reglas del juego.

Una vida de sacrificios

Los atletas de fisicoculturismo son muy metódicos durante su preparación. Para ellos el día arranca entre las 6.30 y 7 de la mañana. “Hago una hora de cardio, previo a una buena taza de café, y después sigo con el día”, comenta Lucas Diozquez. El ex cuádruple campeón argentino, en diferentes categorías de peso generalmente se prepara seis comidas a diario, además de colaciones. El desayuno, por ejemplo, puede incluir un bife de pollo, grasa saludable como lo es la palta y frutos secos. La colación, que vería según el día, incluir claras de huevo y frutos secos. “Son todas comidas que aportan energía”, agrega Diozquez, que entrena en triple y cuádruple turno.

El mito del agua destilada

“Para los días previos a un torneo se restringe el sodio, tomás agua baja en sodio. El agua destilada es algo obsoleto. Sí, se toma agua, pero se la va restringiendo progresivamente. Hay que deshidratarse hasta un cierto punto. El día de competencia, apenas un vaso hasta después de competir”, comenta Diozquez.

Comentarios