Fábulas de hombres y mujeres

Las ficciones de García Márquez trabajan a partir de la biografía las relaciones entre los sexos. Los hombres marcados por la volubilidad, el individualismo, la violencia y el desconocimiento de la realidad andan a tontas y a locas. Cegados por el afán de conocimiento, la sed de aventuras, la necesidad de poder y el desenfreno, no hacen otra cosa que reforzar la endogamia

25 Feb 2018
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LA COMPLEMENTACIÓN.La última novela de “Gabo”, Historia de mis putas tristes, es quizás la más fallida, pero al mismo tiempo es la más elocuente.

Por Carmen Perilli - Para LA GACETA - Tucumán

Gabriel García Márquez señala en una entrevista: “las mujeres sostienen el orden de la especie con puño de hierro, mientras los hombres andan por el mundo empeñados en todas las locuras infinitas que empujan la historia”.

En Cien años de soledad, Macondo está condenada a la irrealidad del espejismo. Si el patriarca fracasa en su intento de hacer ciencia e historia y acaba atado al castaño; su hijo mayor recorre el mundo para que su sangre recorra el pueblo buscando a su madre; el coronel guerrea sin éxito y acaba como maniático artesano; Aureliano Segundo viaja para traer la destrucción; el último José Arcadio estudia para Papa y muere en la bañera de Amaranta; Aureliano Babilonia abandona los libros o para engendrar al niño con cola de cerdo al que devoran las hormigas. Todo acto heroico, arrojado, generoso, tiene su trasfondo de frivolidad, de egoísmo, de miedo. El varón regresa al vientre materno aún después de muerto.

Úrsula preside la historia de Macondo y es la conciencia del discurso. Es el único personaje consciente de la soledad destructiva; ese alacrán “en todo un siglo de conformidad” residía en su corazón. En la vejez, su ceguera, al igual que la de Edipo, es clarividencia.

Casi todas las mujeres son mortíferas total o parcialmente. Rebeca, Amaranta (por ella se suicida Pietro Crespi, sus sobrinos son asesinados, Gerineldo Márquez mutilado); Meme (Mauricio Babilonia queda paralítico); Amaranta Úrsula (arrastra a la estirpe a la destrucción total). Sólo una de ellas posee el poder de seducción mortal: Remedios la Bella, que se eleva con las sábanas al no poder encontrar el amor, único sentimiento que hubiera conjurado “sus peligros”. El doble matriarcado fracasa asentado en el par matriz material / matriz erótica fracasa: Úrsula Buendía / Pilar Ternera se deteriora en Fernanda del Carpio / Petra Cotes. Santa Sofía de la Piedad simplemente desaparece y Petra Cotes, pura fuerza de la naturaleza, alcanza el amor en la vejez aunque su hombre muere en el lecho de su esposa.

El otoño del patriarca se centra en la construcción del dictador como “patriarca” patético que no es cabeza de ninguna familia y sólo puede procrear sietemesinos. Su relación más constante es la filial. No es tanto padre como hijo de la “matriarca de la patria”. Su madre le señala que “no sirve más que para gobernar”. Sus actividades son vigilar el ordeñe, hablar con la gente, descansar hasta las 11, fornicar con concubinas, cerrar puertas de noche. La historia de Bendición, la madre, es manipulada: “los textos escolares atribuían el prodigio de haberlo concebido sin concurso de varón y de haber recibido en un sueño las claves herméticas de su destino mesiánico“. El cuerpo real sustituido por el cuerpo mal embalsamado. Los amores de gallo son una parodia y las mujeres manejan la situación aún en el peor momento. La violación de Plácida Linero se revierte en lástima al viejo; Manuela Sánchez, la amada imposible, desaparece y la muerte será mujer. La violencia masculina se representa domesticada.

En Crónica de una muerte anunciada, detrás de la historia del crimen se esconde un terrible amor. La única certeza es la inocencia de Santiago. Muertos, ausentes o impotentes los padres, los hijos dependen de la palabra materna; Santiago y Bayardo, poderosos y seguros, son destruidos por una insignificante mujer.

Al igual que Ursula, Luisa Santiaga (que lleva el nombre de la madre de GGM) define: “Hombres de mala ley, decía en voz muy baja, animales de mierda que no son capaces de hacer nada que no sean desgracias”. Cazadores y carniceros cuyo machismo es tarea imposible que conduce a la muerte. El único padre Poncio Vicario es eje seco del árbol familiar, ocupa un sitio de honor que es cerco de olvido.

María Alejandrina Cervantes y sus mulatas son las “malas mujeres”, cuya honra no es importa. La regenta tiene perfiles míticos: fue la mujer más elegante y la más tierna que conocía jamás, y la más servicial en la cama, pero también la más severa”. La prostituta /matriarca; cumple una función beneficiosa en la comunidad. En cambio las buenas mujeres o “han sido criadas para sufrir” y “se casan para siempre” se les olvida seguir viviendo. Angela, que transpone los límites, rebelándose y convirtiendo el castigo en aprendizaje. No se sabrá nunca por qué señala a Santiago.

Frustración

La historia de El amor en los tiempos del cólera, al igual que el caudaloso Magdalena, serpentea, narrando a través de más de 60 años la vida de Fermina Daza, Florentino Ariza y Juvenal Urbino. Florentino sustituye el vacío del amor con pasiones terrenales, amores de cama y llega a la definición del “amor del alma de la cintura para arriba y amor del cuerpo de la cintura para abajo”. El anciano lleva una lista de esas mujeres y las consigna en el cuaderno. También aparece la niña pervertida en la figura de la ahijada América: “la cultivó para él en un lento año de sábados de circo, de domingos de parques”. Una lectura de doble moral, donde el centro luminoso es ocupado por el matrimonio en el que la reproducción no tiene importancia.

En la escritura del colombiano las putas son memorables meretrices y estólidas matriarcas. Resulta desafiante leer las imágenes de dos textos: La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y Memoria de mis putas tristes. Delgadina está lejos de la Cándida y su flaco cuerpo épico, mitológica figura, por su elaboración literaria, que, esclavizada por la abuela, va más allá de su cuerpo explotado, utilizando el amor de Amadís para subvertir su destino. Delgadina es una muchacha triste que se pliega a la fantasía del hombre y se entrega a ser sólo su sueño. En los dos casos se pretende disimular el comercio con el cuerpo infantil. Sin embargo la dimensión metafórica de la historia de Cándida permite leer el funcionamiento social en el cuento de hadas, presenta la sujeción del cuerpo femenino como comercio familiar y comunitario. La cultura popular se lee en clave carnavalesca y en el centro de la escena la figura de la niña prostituida que invertirá su sino, rompiendo las cadenas de la candidez. La rebelión la enfrenta tanto a la anciana como al joven enamorado.

En Memorias de mis putas tristes el relato se encierra en el caso particular y se ensimisma en el drama de la impotencia masculina. El cuarto poco tiene que ver con el burdel o la carpa circense. El relato se limita a otorgar una salida al deseo y las fantasías de un macho anciano impotente sin explorar dimensiones.

La obra de García Márquez, llena de belleza, construye un mundo violento y anacrónico donde los hombres se prueban continuamente, signados por la frustración. Las mujeres son madres o putas y sus cuerpos están sometidos al orden masculino. En su última novela, quizá la más fallida pero al mismo tiempo elocuente, la ficción no logra ocultar la doble moral que se oculta en una sociedad donde las convenciones han sido naturalizadas. Una sociedad donde quedan atrapados tanto mujeres como hombres.

© LA GACETA

Carmen Perilli - Doctora en Letras, investigadora del Conicet.

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