Trucos para hacer durar los zapatos del año pasado

En un año que viene cargado de aumentos y ante el costo del comienzo de las clases muchos padres buscan cómo abaratar el gasto

21 Feb 2018

La semana pasada, Verónica Martínez (41) recorrió el centro en busca de indumentaria escolar y útiles para sus hijos Benjamín (11) y Morena (8). Y se volvió con la mitad de la lista que había armado. Los precios la asustaron. Así que decidió que iba a reciclar varias cosas que sus hijos usaron el año pasado. Preguntó en Facebook por lugares para arreglar zapatos y mochilas, modistas que parchen y alarguen ruedos y dónde conseguir libros usados. Enseguida, tenía el dato de dos o tres zapateros, propuestas para intercambio de libros y hasta la información de una emprendedora que hace uniformes y los vende más baratos que en las casas de venta al público.

Con la idea de abaratar costos, en un año que viene cargado de aumentos (boleto, ropa, útiles, cuotas, etcétera), muchas personas recurrieron a los zapateros para reparar mochilas y calzados de años anteriores.

“Cada año que empezaba compraba zapatos nuevos; ahora decidí que ‘tiren’ un poco más los que tenían”, confiesa Verónica. Relatos como el de ella se escuchan a diario en los talleres de calzados. Es el caso de la tradicional zapatería céntrica Don Giusseppe. René Contini, que lleva 55 años abrazando el oficio de zapatero, cuenta que lo que más le pide la gente son arreglos en las costuras del calzado escolar y cambio de plantas. “Yo les recomiendo que los reparen si son zapatos buenos. Ponerle una planta nueva, de excelente calidad, cuesta $ 500. Y si es para un mocasín de $ 800, de plástico, no tiene sentido”, explica.

En el taller también hay montañas de mochilas para refaccionar. Casi todas tienen los cierres vencidos. “Algunas están en muy buen estado y si uno los revisa bien ni siquiera hace falta cambiarlos: sólo es necesario lubricarlos y arreglarlos y ya cierran a la perfección nuevamente”, detalla. Hay casos insalvables que sí o sí precisan el cambio total de la cremallera.

Juan Carlos Soraire, del taller Alejandro, comenta que ya ha recibido varios pedidos para poner en la horma zapatos colegiales. “Las mamás buscan que aguante unos meses más el calzado. O quieren reciclar los del hermano mayor: me los traen con el cuero reseco, despegados. Me dicen: ‘salvame por favor’”, cuenta.

Cristian Núñez, del Tamango, dice que en su negocio están acostumbrados a recibir muchísimos pedidos de arreglos pocos días antes del inicio de clases. “Se está reciclando; igualmente la crisis se siente y mucho”, evalúa.

En materia de ropa

También las modistas de barrio, como Carmen Rivadeneira (barrio Padilla), tienen por estos días sillas desbordadas de pantalones y delantales para arreglar y hacer ruedos. “Muchas mamás tratan de recuperar alguna prenda guardada, de algún primo o hermano mayor; este año tuve mucho más trabajo que otras veces”, afirma.

Con precios que no paran de subir, mandar a un chico a clase este año cuesta por lo menos $ 3.000 (con lo básico, sin contar manuales ni libros de texto o de literatura). Muchas familias están haciendo malabares para que el dinero les alcance. Algunas mamás se juntan entre varias y acuden a las librerías que venden a precio mayorista. “Por ejemplo, un forro de carpeta cuesta $ 10 pero si comprás 10 te sale $ 45”, especifica Lourdes Rivera, mamá de una alumna que pasa a quinto grado. Admite que ya no se fija tanto en la calidad de los útiles cuando está frente a la góndola. El costo bajo es la prioridad, asegura. Agrega que en el colegio de su hija se armó un grupo de WhatsApp en el que las madres intercambian libros y ropa.

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