Entre coplas y ofrendas, Amaicha se vistió de tradición

A lomo de burro y acompañada de su familia y fieles seguidores, la Pachamama desfiló al grito de ¡Kusilla, que viva la Madre Tierra!

12 Feb 2018

Desde el comienzo, cuando Gregoria Navarro se montó en un burro decorado con flores y pompones se notó que la LXXI Fiesta Nacional de la Pachamama sería diferente. “Usualmente, por la edad de la Pachamama o su condición de salud, puede ser difícil trasladarla en los viajes o eventos oficiales”, describió Pastor ávalo, guardián coplero de la Pachamama. Pero, en el caso de Gregoria, ella decidió ir en burro por su cuenta. “Desde chica mi madre cruzaba por los cerros en mula, es una forma de recordar los orígenes e historia de estos pueblos”, explicó Carmen Valero, hija de la radiante Pacahamama.

Con un vestido color hueso, elaborado por sus hijas, y las tradicionales trenzas que peinaba en su infancia, la nueva Madre Tierra desfiló por las calles de Amaicha mientras los curiosos turistas sacaban fotos y aplaudían. “Vinimos con mi familia para disfrutar del carnaval pero no pude evitar sumarme a la caminata. Se siente una energía increíble en el lugar y hay un aprecio sincero por las costumbres”, comentó Ana Pichone, turista santiagueña. En la procesión, la acompañó su séquito: la Ñusta (representa la fertilidad), el Yastay (deidad protectora de los animales) y el Pujllay (espíritu del diablillo del Carnaval) y la burradita mientras los copleros entonaban versos al viento. María Arjona es oriunda de Santa María y sigue a la Pacha desde hace 10 años. “Es una fuente de sabiduría y la puerta a las historias del valle, yo a ella la sigo y le pido con mi fe eterna”, recalcó orgullosa. Durante la ceremonia, miembros de la comunidad indígena extendieron sus ofrendas y bendiciones para este nuevo año. “El hombre debe cambiar su relación con la naturaleza, es nuestra esencia y la compañía que nos ampara. Como en el camino de la vida, todo se trata de ir agregando una piedra tras otra hasta encontrar la esencia de las cosas”, afirmó Eduardo Nieva, caquice de la comunidad indígena de Amaicha.

Luego del mediodía comenzó el desfile de carrozas que representaban las distintas culturas de los valles y de agrupaciones gauchas. Mientras, entre el público, desfilaban la espuma y la pintura que se tiraban los participantes.

La Pachamama, ya subida al escenario, todavía conserva su tímida sonrisa mientras autoriza al cacique a acercarse a la apacheta, el altar de piedra erigido en honor a la Pacha, para dar sus ofrendas: vino de la zona, hierbas, agua, pan, azúcar y yerba mate.

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