Animales salvajes que juegan como mascotas

Cuando están en cautiverio los animales no necesitan salir a cazar ni a buscar refugio. Les sobra tiempo y, entonces, se estresan. Por eso los entretienen poniéndoles “obstáculos” a la hora de comer y dándoles juguetes, entre otros recursos.

03 Feb 2018

¿Los animales en cautiverio se estresan? La respuesta es sí. Al igual que las personas, pueden sufrir estrés ante la falta de nuevos desafíos y estímulos que incentiven sus sentidos.

Como si se tratase de una mudanza, cuando un animal abandona su hábitat natural para pasar a una situación de cautiverio sus costumbres y rutina cambian. Mientras que antes debía buscar por sí mismo el alimento, el refugio y hasta la pareja, ahora, como lo tiene todo servido, le sobra el tiempo. Aunque esta “disponibilidad horaria” pueda parecer buena para el animal, la falta de control sobre el ambiente, los visitantes y los horarios de alimentación afectan su bienestar y le ocasionan problemas de salud, como la caída de pelo, úlceras, apatía extrema y, en algunos casos, la muerte.


Para evitar este tipo de situaciones, la reserva de Horco Molle trabaja desde 2015 con un sistema que, traducido en palabras simples, implica darles juguetes y entretenerlos para que disminuya el estrés. Técnicamente se llaman actividades de enriquecimiento. “A través de diversos estímulos que rompen con la rutina se busca enriquecer el hábitat para que los animales liberen energía, utilicen sus sentidos, no se pongan ansiosos y no caigan en un estado de dejadez y apatía”, explica Alejandra Magdalena Hurtado, profesora adjunta de la cátedra de Comportamiento Animal de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT.

“Lo mismo ocurre con las personas, sólo que nosotros podemos lidiar con el estrés y con la ausencia de motivación conversando con un psicólogo, con familiares o con amigos. En los animales también se ven comportamientos que son considerados anormales. Y cuando estos se manifiestan, significa que hay algo en el interior del animal que está desequilibrado”, explica Flavia Rodríguez, coordinadora del voluntariado en Enriquecimiento. Dentro de la reserva, las especies beneficiadas por el proyecto son los yaguarundí, pumas, coatíes, zorros, monos carayá y monos caí.

“Cazar al intruso”

La definición de enriquecimiento abarca cualquier estímulo nuevo que despierte interés en los animales y que, a la vez, promueva su bienestar. En Horco Molle, los voluntarios realizan actividades de estimulación olfativa, por ejemplo, con condimentos picantes, perfumes, plantas aromáticas y hasta con el olor de otros animales. “Una estudiante tenía como mascota un cobayo y colocó el aserrín de la jaula de este en el habitáculo de un puma. Este se pasó toda la tarde olfateando la orina e intentando cazar al supuesto intruso”, recuerda Alejandra.


En cuanto a los materiales que emplean, la creatividad juega un papel importante. Pueden usarse objetos reciclados como cartón, madera, plástico, bolsas arpilleras, cordones de yute, botellas y frascos de mermelada. Se emplean pelotas de colores y de todos los tamaños, y con las hueveras de cartón se les hacen “viboritas” para que jueguen.

A la hora de incentivar los sentidos, los recursos tecnológicos se vuelven un aliado. “En una oportunidad, al trabajar con los monos carayá, descargamos en un celular los rugidos de su predador natural. Colocamos un alargador y se escondió un handi para controlar el volumen de los parlantes. La idea funcionó: cuando escucharon los sonidos, los monos se agruparon y lanzaron un rugido de alerta”, añade Alejandra.

Otro de los juegos que les hacen a los animales consiste en convertir la alimentación en un reto. Para eso, se le presenta la comida a través de aparatos que lo obligan a resolver problemas y, en consecuencia, activan sus instintos. Uno de los ejercicios más utilizados es esconder el alimento en envases perforados y recubiertos de papel. “Ocultamos el alimento entre las plantas o, por ejemplo, dentro de las piñas, les cambiamos los horarios de alimentación y también experimentamos con nuevas comidas. Para los felinos y zorros, utilizamos, en algunos casos, presas vivas (ratas)”, acota Romina Tabernero, guardafauna en Horco Molle.

Flavia recuerda su experiencia con Badalín, la puma hembra de la reserva: “le pedimos al carnicero un hueso de vaca con restos de carne para colgarlo en la jaula. Badalín saltaba enloquecida para atraparlo y, después de varios días, seguía lamiendo el hueso. Ahora Badalín sufre de artritis, así que debemos mantenerla activa con otras actividades como pelotas”, menciona.

Para Melanie Rodríguez De La Fuente, licenciada en Ciencias Biológicas, la parte más divertida de esta técnica es observar el ingenio de los animales a la hora de obtener la comida. “En una oportunidad parchamos una caja de cartón y, mientras el coatí intentaba sacar la comida, se percató de la cinta de papel. Al final, se entretuvo pegando y despegando su pata”, recordó.

También se hacen tareas de enriquecimiento ambiental, que añaden cambios o aumentan el nivel de complejidad de los recintos. Un ejemplo de esto es la instalación de dos hamacas en el hábitat de los primates: se ató con una cuerda una rejilla de ventilador para que funcione como columpio y, a la par, se colocó una tela para acrobacias. “Los monos también sienten las texturas y pudieron jugar con las sensaciones táctiles de los objetos”, detalla la guardafauna Agustina Di Pauli.

Mascotas

Los juegos desestresantes que se les hace a estas especies salvajes también pueden aplicarse a los animales domésticos. Los palos rascadores para gatos se utilizan en felinos y las cintas con plumas funcionan tanto en agrestes gatos del monte o yaguaretés como en nuestro gatito domestico ya aburrido de ovillos de lana. A la inversa, las cajas de las que tanto disfrutan ellos, también les gustan a los grandes felinos. Claro que hay que buscar el tamaño adecuado. “Los juguetes les permiten a las mascotas la exploración, especialmente si pasan mucho tiempo solas o encerradas”, detalla Flavia.

Por ejemplo, para incentivar el olfato y la actividad de búsqueda, se puede esconder la comida en diferentes espacios del hogar. Otra opción es cambiar de lugar la cucha y elementos de dormir de la mascota o, bajo la supervisión del veterinario, introducir alimentos nuevos en su dieta: snacks, galletas, sobrecitos de comida.






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