La seducción de los “perfumes de nicho”

Representan una respuesta a la estandarización de los aromas y a la expansión de las grandes marcas.

31 Ene 2018 Por Gustavo Martinelli
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EXÓTICO. Julián Bedel y una de sus creaciones más logradas: “La biblioteca de Babel”.

En un mundo cada vez más uniforme, donde todos visten igual, comen lo mismo, viajan a los mismos destinos y hacen las mismas fotos que después suben a las mismas redes sociales, ser diferente adquiere un valor especial.

Es justamente esta singularidad la que ha dado lugar a los perfumes de nicho, un término aún poco conocido en la Argentina pero que cada vez tiene más adeptos en Europa y Estados Unidos. Los perfumes de nicho representan una respuesta a la estandarización de los aromas y a la expansión de las grandes marcas que han dado lugar a una gran uniformidad de olores. 212, de Carolina Herrera; Aqua de Kenzo o One, de Calvin Klein, tienen múltiples variantes en distintas marcas. Todos con similares notas aromáticas y presentados en pomposos envases de diseño.

La perfumería de nicho, en cambio, apuesta a lo contrario: la innovación aromática, sin tanto preciosismo estético. Se trata de productos de marcas minoritarias o aromas creados a medida para clientes con olfato muy desarrollado que buscan el capricho aromático, perfumes exclusivos de edición limitada que constituyen lo que podría llamarse la alta costura de la perfumería. “Cuando la gente está saturada de las marcas comerciales, se aleja de ellas y busca diferenciarse a través del perfume. En los perfumes de nicho, los ingredientes son más naturales, se mezclan más con la persona y se consigue un olor más natural”, señala Romano Ricci, bisnieto de la legendaria Nina Ricci, quien fundó su propio negocio de perfumes de nicho llamado Juliette Has a Gun. Sus perfumes, que han conquistado Europa en base a precios accesibles y aromas celestiales, ya se venden en la Argentina, aunque no todas las perfumerías los exhiben.

En la Argentina existe la única perfumería de nicho propiamente dicha, donde este concepto es llevado a su máxima expresión. Se trata de Fueguia 1833, fundada por Julián Bedel y Amalia Amoedo (nieta de Amalita de Fortabat), cuyas creaciones se venden con gran éxito, sobre todo en Europa. La casa real Noruega suele comprar sus fragancias y Elton John adora el perfume llamado “Hornero”.

Con una presentación uniforme (todas las botalleas son iguales, sólo varían las etiquetas con el nombre) y fórmulas realmente exóticas, Fueguia propone un mundo de aromas conceptuales de alto vuelo. Por ejemplo, en su perfume “La biblioteca de Babel”, de la línea en homenaje a Jorge Luis Borges, se puede apreciar el aroma del papel antiguo, la madera de caoba vieja y el cartón de un libro. Una combinación exótica pero exquisita.

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