Ricardo Neme resistió el reto de Perú; hoy, desde La Paz reanuda la lucha

El piloto se encuentra erguido ante todo.

13 Ene 2018
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MOMENTOS. Neme, con pobladores de Puno, en una selfie emotiva; la Toyota, luces encendidas y las dunas intimidantes. FOTOS NRT

En el Dakar 2018, la ciudad de La Paz fue la paz. Las batallas previas en territorio peruano quedaron atrás, con lo que la capital boliviana, zona de descanso extra de ayer fue un bálsamo. Desde la habitación de su hotel, Ricardo Neme así lo dejó bien en claro.

“Esto era algo que necesitábamos todos”, asegura el único piloto tucumano en acción. “Y eso que la ciudad nos recibió con frío y con esa pesadez típica por la falta de aire. Subí una escalera en el hotel y me ahogué un poco. No es broma la altura, el cuerpo la siente bastante, Sino, miren lo que le pasó a Orlando Terranova, que abandonó por este problema” apuntó.

¿Cómo recibió al tucumano la ciudad? “Donde vamos, la gente es muy amable. En La Paz, hasta el dueño del hotel me vino a saludar. Antes de eso, hubo un momento lindo cuando nos sacamos una foto en Puno, en el límite con Bolivia. Paramos a cargar combustible, la gente del lugar nos vio y quería fotos con nosotros. Fue muy emocionante. Después yo les pedí una foto a ellos. Estaban felices, gritaban ¡viva Tucumán! Me llamaban por mi nombre. Vivir esto es impagable. Todos se muestran respetuosos. Y no puedo olvidar que, en Lima, me hicieron sentir más que bien, como si estuviera en casa.”

Todo esto que está haciendo Neme implica un gran esfuerzo. Logró ser uno de los “sobrevivientes” y llegar a La Paz. Lo que no es poco. “Hay que controlar la cabeza, sino tira para abajo. El riesgo, el miedo al fracaso, se sienten en todo momento. Hay que concentrarse en el camino por venir. No sabemos a qué nos enfrentamos en el día a día. Hay duras pruebas, paredes de dunas imposibles, pero hay que superarlas.”


Así como destaca la convivencia con su navegante (“es un tipo muy muy tranquilo, no varía nunca su estado de ánimo”), elogia al equipo que lo acompaña (Ariel Isola, Juan Manuel Nicola y Marcos Acosta). “Son increíbles. Horas y horas al volante. Y cuando llegamos al vivac, se ponen a arreglar la camioneta. Los veo muy bien de ánimo, enchufados. La conexión es de tiempo completo.” Y agrega: “el resto del equipo, que me sigue a la distancia, es mi sostén en este desafío, tanto como mi familia y mis amigos.”

El yerbabuense pasó por muchas vicisitudes; se encalló en la arena decenas de veces, sufrió un vuelco, rompió columna de dirección, durmió en las dunas, se perdió. Pero no se desesperó. “La capacidad de resistencia que aparece en este reto es increíble. Ni sabía todo lo que tenía en mí. Manejar 12 o 14 horas resolviendo cosas, es duro, muy duro. Además, sin comida, ni bebida, sin baño. Pero uno se adapta a todo y va manejando la ansiedad.”

No olvida lo que pasó en las dunas de Perú. “No sabía nada de ellas. Eran muy grandes, muy altas, con cortes arriba. Y así eran todas. Superabas una, y después venían 20, 30, más. Es una cadena interminable. Y en el medio están los pozos: si te caés, podés estar el día entero ahí. Con cosas así, la cabeza se va agotando. Encima hay que superar el calor y el desgaste físico.” Pero también mira para adelante: “en Bolivia hay otra geografía, pero igual guarda un montón de complejidades como la fase anterior. En Uyuni esperamos cualquier cosa. ¿Lo de Argentina? Será difícil desde ya, sobre todo en Belén, en Fiambalá. Pero le vamos a hacer frente, porque para eso hemos venido.”

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Dakar 2018
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