Carta de lectores

03 Ene 2018

Vergüenza del Cristo Bendicente

Hace aproximadamente un mes vinieron de Buenos Aires familiares a visitarme y como no conocían el cerro San Javier, decidimos ir un fin de semana a ese lugar netamente turístico de nuestra provincia. ¿Pero cuál fue nuestra sorpresa? Al llegar donde esta la imagen del Cristo Bendicente, el lugar estaba copado por jóvenes tomando bebidas alcohólicas y fumando marihuana. Además, era tal la suciedad que asustó a un lugareño, así que imaginen lo que pudo haber sentido un turista que va a conocer un lugar del cual nos sentíamos orgullosos. Estaba sucio el lugar y sobresalían entre la basura las cajas de vino y el olor característico de aquella hierba. Estábamos con niños, por lo tanto decidimos bajar sin haber podido disfrutar de lo que la naturaleza nos brinda. Esta carta tiene la intención de concientizar a nuestros funcionarios que se necesitan controles en esos lugares turísticos y públicos. Esta situación actual, no es la manera más indicada para promocionar para que nos visiten. Como tucumana, sentí mucha vergüenza.

Nilda Olivera

Los Ceibos 444

Yerba Buena

Los Reyes y la Casa-albergue

Imbuidos del espíritu navideño y de las esperanzas de un año nuevo y con la ilusión plena en los destinatarios de la carta, para el 5 de enero les pedimos a los Reyes Magos que van a llegar que iluminen a los legisladores de la provincia para que traten y aprueben el Proyecto 277-PL-16 (13/09/16), presentado por el legislador Luis González y apoyado por sus pares Chebaia, Canelada, Valdez, Assan, Córdoba, Saleme, Herrera, y la adhesión expresada por Aráoz, Brodersen, Colombres Garmendia, y otros. Allí se solicita la expropiación, con cargo, del terreno ubicado en Rondeau y Bernabé Aráoz (a menos de 300 metros del Hospital del Niño Jesús) para construir la casa “Sí a la Vida”, con el auspicio de la Fundación Garrahan, destinada a dar albergue a las madres o responsables mujeres -principalmente del interior de la provincia- y de niños internados en el Hospital de Niños. No obstante los adelantos edilicios y su excelencia médica reconocida por todos, las madres deben descansar, pasar la noche y usar los sanitarios en improvisados lugares como el piso, escalinatas, bancos de la plaza del frente, etcétera. Es decir, además de la situación traumática de su hijo enfermo e internado en la sección de alta complejidad, se les agrega el “no tener un lugar para el descanso ni para higienizarse”. Esta situación no es patrimonio exclusivo del Hospital de Niños sino que se repite en casi todos los hospitales de la provincia y del país. No pedimos dinero al Estado; solamente necesitamos la cesión del terreno por la cercanía con el Hospital. La construcción se encarará con recursos aportados por el mundo solidario tucumano, argentino y por las empresas del exterior. El “Tucumán Solidario” ya donó 103 toneladas de tapitas plásticas para la Fundación Garrahan (cerca de 42 millones de tapitas). El anteproyecto prevé la construcción de la “Casa Si a la Vida”, espacios verdes, lugares de esparcimiento y nuestra responsabilidad en la construcción y en el mantenimiento de la casa. El tiempo urge y hacemos votos para que el Niño Dios logre la sensibilidad humana-social de los señores legisladores y aprueben el proyecto. Que Dios los bendiga.

Miguel A. Noguera

Secretario Fundación Sí a la Vida [email protected]

Natalia y su carrera truncada

Estudiar medicina en la Universidad Nacional de Tucumán es un camino largo que comienza con un riguroso examen de ingreso al que le siguen siete largos años en los cuales los alumnos deben demostrar realmente esa vocación que hay que tener para obtener el título de médico. Son muchas horas de sacrificio en las que el estudio es su único compañero, porque no pueden darse el lujo de dejar pasar una clase, sea teórica o práctica. Ello significaría un tiempo perdido difícil de recuperar. Se pierden también horas con la familia o con los amigos de la secundaria, fiestas casi nada, y todo ello para alcanzar una meta propuesta en plena adolescencia: ser médico. Esto lo digo con el conocimiento cabal al haber acompañado a lo largo de todo ese tiempo a mis hijos, ambos egresados de la Facultad de Medicina de la UNT. De sólo pensar en lo que ocurrió con Natalia Vargas no puedo evitar sentir rabia e impotencia de saber que una negligencia o una impericia, o la falta de controles adecuados para esa u otra actividad deportiva que se desarrollan en nuestra provincia, llevaron a la muerte a una profesional joven y brillante, que hacia tanta falta hacía en nuestra sociedad. Solidarizarme con los padres de Natalia es una forma de decir, porque el enorme vacío que queda en ellos ante semejante tragedia no podrá ni siquiera ser mitigado con la solidaridad de todos nosotros.

Carlos A. Lara

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Evocación de “El Ciruja”

Corría la década del 20, cuando aparece en el ruedo porteño un tango con vocabulario arrabalero, carcelario. Los personajes inspiradores, chapaleaban fango. Fue titulado “El Ciruja”. Sus autores, Ernesto de la Cruz, morocho, boxeador amateur y bandoneonista de buena técnica. El otro, Francisco Marino; fue cantor y actor teatral. Ambos acordaron hacer un tango. Estaba por entonces floreciente el tango canción, muy cuestionado anteriormente por eso de que la letra aburría al tango. Por esta razón solían armarse grandes trifulcas. La llegada de Gardel hizo coincidir todos los gustos y opiniones. De La Cruz le comentó a Marino que tenía una música festiva para el tango. Este le propone que, si la música es arrabalera, él hacía la letra y que así sería una pegada. De esta manera ganaron los dos. Cuando el tango sale grabado, gozó inmediatamente de la aprobación popular. “El Ciruja” es aquel que busca en los basurales todo objeto reciclable, usando un palo cuya punta tenía un clavo para revolver los residuos. Es llamado irónicamente cirujano. Este tiene una forma mansa de subsistir con una vida bajuna, pero ocultaba otra profesión no tan mansa: la punga. Es decir, el “arte de robar de los bolsillos” todo objeto de valor, usando “herramientas” como las tijeras, alambres y agujas. Por eso el tango dice: “cuando no era junado por los tiras, la lanceaba sin tener el manyamiento. La minusa era un mosaico diquero que oficiaba de quemera, hija de una curandera mechera de profesión”. Llamaban quemera a las que hurgaban en la quema (basural). “La mina le chacaba todo el vento y vivía engrupida de un cafiolo vidalita, que le sacaba la guita que chacaba al matón. Manye que familia. El Ciruja advertido y frente a frente dando muestra de corajes, los dos guapos se trenzaron en el bajo y el Ciruja, que era listo para el tajo, al cafisho le cobró caro su amor”.

Julio Mohfaud

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Un año con muchas frustraciones

El 2017 quedó atrás. Fue un año que nos dejó más frustraciones que momentos gratos. Ninguna conquista para festejar. Nuevamente fuimos víctimas de personajes disfrazados de patriotas que nos prometieron erradicar la pobreza y llevar a este rico país hacia el lugar de privilegio que ocupaba por su potencial agrícola y humano. Nos pidieron que contribuyéramos a los grandes logros, y nos dijeron que merecíamos ser galardonados con siete premios Nobel en medicina y literatura. Pero lamentablemente hicieron su aparición en la escena política nuevos “salvadores”: Cambiemos. Con gabinetes de lujo, dijeron que tenían las soluciones “para salir” de la inflación, la corrupción, la inseguridad. Pero solo la incrementaron a tal punto, que instalaron el miedo. Tenemos que caminar hoy desafiando hasta nuestra propia sombra, mientras los gobernantes lo hacen rodeados de guardaespaldas. El pueblo aporta con el pago de sus impuestos para pagar la seguridad y las obras públicas. No se olviden de eso. Mil felicidades para este año nuevo.

Juan Carlos Monasterio

Pasaje Luis Beltrán 1.452

San Miguel de Tucumán

La luz y el cierre de un negocio

En noviembre del año pasado me referí por este medio sobre la pretensión de la Municipalidad de San Isidro de Lules de hacer pagar a la totalidad de los vecinos, el porcentaje del 18% sobre la facturación de EDET en concepto de “alumbrado público”. Esto, sumado al porcentaje de aumento que aplica la compañía, va a resultar una suma imposible de abonar. Pues bien, con la aprobación del 80% de los integrantes del Concejo Deliberante hoy la ordenanza está vigente y los contribuyentes fuimos una vez más los perjudicados por una administración ineficaz que, a pesar de recibir más de $ 26 millones en concepto de coparticipación, no logró pagar la deuda de $ 5 millones de ese alumbrado público a EDET. Soy una pequeña comerciante que abonó por la última factura la suma de $ 4.210,7, y que ahora tendrá que afrontar una nueva que, en el mejor de los casos, será de $ 4.968.68 (por lo dispuesto por la Municipalidad). Este monto, sumado a los sueldos, el alquiler. los impuestos, las tasas y las contribuciones, me obligan a bajar la persiana y a dedicarme a otra cosa. A partir del 31 de este mes dejaré sin trabajo a dos personas con familia a cargo. Lamentablemente, los vecinos no tenemos dónde elevar nuestras quejas y recibir una respuesta coherente sobre este atropello que nunca se vio en las administraciones anteriores. Hoy somos nosotros los que les pagamos la “fiesta” a los funcionarios municipales.

Verónica Cabrera Guzmán

Barrio 60 Viviendas

San Isidro de Lules

Recuerdos y juegos de la infancia

En estos días, en los que suelen invadirnos toda clase de recuerdos, quiero traer a la memoria un hecho agradable y repetido en los años del inicio de mi adolescencia. En 1971, con sólo 13 años, comencé a trabajar en una distribuidora de medicamentos (por entonces droguería), realizando en bicicleta los mandados. De todas las farmacias recorridas, durante los 10 años que duró mi trabajo en dicho lugar, había una que me dejó un recuerdo imborrable. Se trata de la farmacia Urquiza, que estaba ubicada en la avenida Salta y Uruguay -si la memoria no me engaña-. Allí, el dueño todos los días, cuando me veía llegar con la cajita con los medicamentos solicitados en la mano, me recibía con un saludo muy particular, diciéndome: “a ver quien le pone la cola al chancho”. A casi 47 años de aquellos hechos, pienso que el hombre, al verme pequeño me hacía jugar de esa manera tan linda. Porque ponerle la cola al chancho es un juego muy divertido que, por entonces, se realizaba en los cumpleaños de niños especialmente. Por eso, hoy, pisando ya los 60 años, la escena vive aún entre los mejores recuerdos del inicio de mi andar por la vida y de mi crecimiento personal.

Daniel Chávez

[email protected]

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