Exportadores tucumanos implicados en la causa "narcoarroz" rompieron el silencio: "fuimos más que unos perejiles”

Dijeron que fueron engañados por un representante de un cártel colombiano que quería llevar cocaína a España vía África.

24 Dic 2017

Eduardo González muestra cada uno de los papeles que viene juntando desde hace más de dos años. “Fuimos más que unos perejiles”, le dice el representante de la firma Euroexport SRL, la empresa exportadora de granos que fue utilizada por un cártel de droga colombiana para intentar llevar cocaína a Europa. Los tucumanos jamás fueron procesados ni imputados por la Justicia en la causa conocida como “narcoarroz”.

Todo comenzó en setiembre de 2015. Las fuerzas nacionales descubren que desde el puerto de Rosario se había intentado enviar a Guinea Bisáu un cargamento de 40 kilos de cocaína diluidos en granos de arroz. De allí, la droga sería embarcada a España, según figura el expediente.

Por este caso, hay más de 13 personas detenidas, entre ellas siete colombianos que formarían parte del cártel Los Urabeños, dos ecuatorianos y cuatro argentinos, entre los que aparecen el oncólogo Gabriel Zilli, el abogado y ex funcionario menemista Guillermo Heisinger, el operador de granos Juan Alberto Banesevich y el salteño Juan Carlos Ojeda.

Justamente fue Banesevich el que contactó a los exportadores tucumanos que tienen su oficina en pleno Barrio Sur. “Él es un comisionista importante del puerto de Rosario que nos llamó para hacer un negocio. Nos contactó para que envíaramos un primer embarque de arroz a un país de África y, que si todo salía bien, enviaríamos 100 toneladas por mes. Nos entusiasmó el proyecto, pero jamás nos imaginamos que tendría un final así, si hasta nos presentó un poder para demostrarnos que todo era muy serio”, dijo González.

Los tucumanos, una vez que consiguieron el arroz, hicieron contacto con el despachante de aduana y mandaron el arroz al puerto de Rosario sin saber lo que pasaría meses después. En principio, la carga formaba parte del programa “Hambre Cero” que era apoyada por la Organización de Naciones Unidas. Su misión era llevarles alimentos a los países más pobres.

El grupo narco desvió la carga a otro lugar de esa ciudad de Santa Fe. Allí, según consta en el expediente judicial, fue trasladada hasta un galpón que sería del oncólogo donde, con la ayuda de un especialista colombiano, impregnó el arroz con cocaína líquida.

En Europa, con otro proceso químico, se recuperaría la droga que fue enviada por Bolivia. Aunque no está confirmada los 40 kilos de “merca” habrían pasado por la provincia, de allí pasó a Chaco y por último a un depósito de Rosario.

“Cuando nos enteramos que el camión se había desviado, pensábamos que piratas del asfalto la habían robado. En el acto nos pusimos en contacto con el despachante de aduana para que estuvieran atentos al tema porque sospechábamos que algo malo podía pasar”, explicó Miguel.

Eduardo González, su padre, agregó: “esa comunicación nos salvó, por eso nos despegaron de la causa. Fue una sensación extraña, porque después nos dimos cuenta de que podríamos ser víctimas de una venganza por parte de los narcos”.

Los exportadores no saben que el juez federal Sergio Torres y el fiscal de Rosario Federico Delgado venían investigando a esta organización desde 2011. Y la atraparon después de haber chequeado que estaban por mandar la carga a África. Los González comenzaron a pelearla nuevamente, no cerraron ni se mudaron de oficina. Se empecinaron en demostrar su inocencia.

La causa ya fue elevada a juicio y los González siguen sin poder dormir tranquilos, pese a que no fueron procesados ni imputados. Ni siquiera los llamaron a declarar para deslindar responsabilidades. “En setiembre de 2015 vinieron a nuestras oficinas y se llevaron documentación. La mayor complicación fue que nos suspendieron el CUIT por cuatro meses y la mala fama que nos hicieron. En este negocio la confianza es lo más importante”, destacaron en una charla con LA GACETA.

Miguel González dice que a cualquier persona del negocio puede quedar involucrada en una situación así. “No hay manera de evitar ser engañado por estas personas. Nadie queda libre de vivir una situación así. Les pasa a las grandes empresas y a las familiares como a la nuestra. Pero el problema es que no tenemos la misma espalda para recuperarnos y esos nos duele”, concluyó.

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