Mientras define si llega a Tokio 2020, la atleta Jennifer Dahlgren se divierte con el golf

22 Dic 2017

Flexiona ligeramente las rodillas, extiende completamente los brazos y gira la cadera hacia atrás en busca de impulso. Hasta allí, no se puede saber si Jennifer Dahlgren va a arrojar el martillo o a pegarle a la pelotita con el driver. Sin embargo, no fue la cierta semejanza que guardan ambas técnicas de lanzamiento lo que impulsó a la atleta a probar el golf, sino su gusto por la experimentación. Ese mismo que la llevó a practicar yudo y jiu-jitsu, jugar tenis, escribir relatos infantiles y brindar charlas sobre bullying, entre otras actividades. “Probé el golf hace como dos años, por un ex novio que jugaba. Pero fue hace cinco meses que empecé a jugar con más frecuencia”, le cuenta a LG Deportiva Jennifer, que trabó amistad con Facundo Núñez durante el “Pigu” Romero Invitational, en Buenos Aires, y aceptó su invitación para venir a jugar en Tucumán. El miércoles compitió en el torneo solidario que se disputó en Alpa Sumaj, y ayer lo hizo en el campo de San Pablo Country Golf.

“Nunca había venido a Tucumán, y como a esta altura del año ya puedo acomodar mis horarios y entrenamientos, decidí aprovechar la invitación para conocer. Y me han recibido súper amorosamente”, destaca.

A Jennifer, el golf le pegó tan fuerte como ella es capaz de pegarle a la pelotita. Su entrenamiento como atleta le brinda un potencia de la que saca provecho: en dos hoyos par 4, fue capaz de quedar a pocas yardas del green con un solo disparo. “Sí, digamos que mi fuerte es el drive, aunque también tengo un muy buen approach. De todos modos, estoy tratando de aprender, y de pegarle bien más que pegarle fuerte. Acá gana el que es más preciso”, entiende Dahlgren, que ya tiene objetivo trazado: “quiero bajar de los 100 golpes”, cuenta.

El golf es también el plan de retiro de Jennifer, que con 33 años todavía medita si se despide en 2018 o se estira hasta los Juegos de Tokio 2020: “hace 20 años que estoy en el alto rendimiento haciendo lanzamiento de martillo, en el que estoy literalmente sola en una jaula. Entonces, cómo no enamorarme del golf, en el que es todo tan social, tan amigable”.

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