"Templos Católicos de Tucumán": la historia contada desde el corazón de la fe

La atmósfera de la Unsta fue el marco adecuado para la presentación de la obra. Carlos Paéz de la Torre (h), Celia Terán y Ricardo Viola son los autores, con fotografías y diseño de Sebastián Rosso. Un llamado a cuidar el valioso patrimonio de la provincia

20 Dic 2017

Más que un libro, “Templos católicos de Tucumán” , la obra que editó LA GACETA y que tres de sus autores presentaron ayer en la Unsta, es la síntesis de tres décadas de defensa del castigado patrimonio cultural tucumano; en este caso, del patrimonio religioso. Y el reclamo de que las obras que han sobrevivido a la desidia o a la impericia sean protegidas y recuperadas por expertos. Eso es lo que se tradujo en la presentación de esta nueva versión de la obra “Iglesias de Tucumán. Historia. Arquitectura. Arte”, que escribieron Carlos Páez de la Torre (h), Celia Terán y Carlos Ricardo Viola, y que se publicó en 1993. En esta edición (que contó con el apoyo del Gobierno de Tucumán), además de los autores mencionados participó Sebastián Rosso, a cargo del diseño y de las fotografías.

En el auditorio de la Unsta, acompañaron la presentación el gerente general de LA GACETA, José Pochat, el arzobispo de Tucumán, Carlos Sánchez, el rector de la Unsta, Francisco López Cruz, el ministro de Seguridad de la Provincia Claudio Maley, la directora de Patrimonio de la Provincia, Mercedes Aguirre, y público interesado en la preservación patrimonial.

Páez de la Torre, Viola y Rosso (faltó Celia Terán, por encontrarse enferma) sintetizaron la experiencia de producción de esta obra, que redescubre 44 templos católicos que se encuentran en la capital y en el interior de la provincia, pero que también puede leerse como una mirada original de la historia tucumana, narrada también desde su arquitectura y su arte religioso.

“Lamento la ausencia de Celia Terán, verdadera autoridad del arte colonial hispanoamericano”, destacó Paéz de la Torre, quien también recordó a la ya desaparecida arquitecta Liliana Meyer, otra incansable investigadora del patrimonio cultural tucumano, y destacó el aporte de Gustavo Grupalli, de Carlos Paz (ambos del archivo de LA GACETA) y de Eliana Pisculiche.

En detalle

“No es por hacerme el chiquito; yo he trabajado la cuestión historiográfica; pero el trabajo más arduo fue el de Viola, que con Celia Terán y Liliana Meyer encararon en su momento la misión de hacer un inventario del patrimonio arquitectónico en toda la provincia”, destacó Páez de la Torre. En su intervención no escatimó lugar para el reclamo. “Acá tenemos pocas iglesias, que no tienen la talla de las de Buenos Aires o las de Córdoba. Y se van deteriorando, sumado ello a veces al mal gusto de quienes -con buenas intenciones- intentan restaurarlas”, expresó.

En ese contexto fue que propuso que desde el Arzobispado se impulse la formación de una comisión de expertos en patrimonio. Viola se sumó a la propuesta. “Tienen que ser especialistas los que intervengan para que ese patrimonio no se desnaturalice, no pierda su identidad”, destacó el arquitecto Viola. No obstante, todos coincidieron en que aún en las restauraciones más pobres hay un acto de fe; y eso disculpa muchas cosas.

Rosso, por su parte, resaltó cómo disfrutó cada una de sus visitas a los templos relevados. Dos de sus anfitriones de entonces estaban anoche en el auditorio de la Unsta: uno de ellos era el arzobispo Sánchez; el otro, el padre Charbel Chahine, de la iglesia maronita. “Visitar una iglesia cuando no hay nadie es algo especial. Cierto que hay mucho trabajo detrás de un libro. Pero agradezco la posibilidad de rehacer esta obra, que ya en 1993 era una joya”, afirmó Rosso.

Viola, que fue un protagonista activo de la edición de 1993 que había estado a cargo de la Fundación Banco de Boston, recordó que esta obra de 416 páginas que condensa el arte y la historia religiosa de Tucumán es un hito -pero no el único- de una vieja complicidad con Páez de la Torre alrededor de una obsesión: el patrimonio. “Recuerdo que con Gloria Zjawin, con Beatriz Cazzaniga, habíamos rescatado lo urbano, lo arquitectónico, lo artístico. Y yo dije: le está faltando la pata histórica a esto. Y fueron 10 años, café de por medio, en la Junín y 24. Y ahí surgen las charlas a sala llena en el Jockey Club; y así nacen -recordó- los primeros borradores de la Ley de Patrimonio”.

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