Messi o CR7, la eterna polémica

10 Dic 2017
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OTRO BALÓN DE ORO. “Soy el mejor de todos los tiempos”, afirmó Ronaldo.

La Gazzetta dello Sport sostuvo algunas meses atrás que Cristiano Ronaldo es mejor que Leo Messi. “Es ambidiestro, cabecea y marca más en juegos decisivo”, justificó su opinión. Y afirma, además: “el portugués brilló en dos Ligas diferentes y fue campeón con su selección”. Otros citaron ahora la última gran temporada goleadora del portugués. Sus tantos decisivos, especialmente la racha final en la Champions, que sirvieron a Real Madrid para seguir como rey de clubes y a Ronaldo para retener los premios The Best de la FIFA y el nuevo Balón de Oro de France Football.

Ahora Ronaldo tiene más premios individuales que Messi. ¿Eso quiere decir que es mejor que Messi? CR7, sabemos, no brilla por su humildad. Después de recibir su quinto Balón e igualar a Messi, dijo que no sólo era mejor que el argentino. Sin ponerse colorado, afirmó que él es: “el mejor de todos los tiempos”.

La mirada desde Argentina, es cierto, tiene un inevitable prejuicio. Estoy en Amsterdam. También a mis colegas holandeses les cuesta mucho aceptar que la historia de estos mismos años ubique a Ronaldo como el mejor de su tiempo, según parecieran indicarlo los premios individuales. Difícil, dicen, porque es esa misma historia la que pone justamente a Messi, y no a Ronaldo, entre los mejores ya no de su tiempo, sino de todos los tiempos. Comparar a Messi con Diego Maradona, es cierto, puede ser un simple juego porque jugaron en tiempos diferentes. No así con Ronaldo. Enfrentaron a los mismos rivales y se enfrentaron muchas veces entre ellos. Una competencia que, como la de Roger Federer con Rafael Nadal, seguramente los estimula. Nosotros agradecidos.

Los defensores de Ronaldo hablan más de números. Hay gran paridad. No vamos a repetirlos. Sí a recordar al menos que, a la hora de la cuenta final de los títulos ganados por cada uno, selecciones incluídas, Messi aventaja a Cristiano 32-26. El periodista español Alexis Martín Tamayo, más conocido como MísterChip, es una referencia mundial en datos y estadísticas. Dijo el año pasado al diario catalán La Vanguardia: “con o sin números (Messi) es el mejor de los últimos 20 años, sin discusión”.

MísterChip no pudo ver en directo a Pelé, Alfredo Di Stéfano ni Johan Cruyff, pero sí a Maradona. Lo calificó como “el más grande. No sólo por lo que hacía, sino por el contexto. Porque Diego, dijo MrChip, sufría ‘entradas salvajes’ y Messi y Cristiano, en cambio, juegan en medio de un panorama mucho más apacible”. Tiene razón, pero sólo en parte. Porque hoy, es cierto, se pega menos. Pero se corre más.

Napoli, otro punto a favor de Diego, era incomparablemente menos poderoso que Barcelona de Messi y también que Real Madrid de Ronaldo. CR7 es mediático, más que Messi, pero Maradona le ganó siempre a ambos. Porque Diego, fiel a su estilo, jugaba también afuera de la cancha. Discutía con toda Italia, con el Papa y con George Bush, padre e hijo. Y sufría adicción de cocaína.

Cristiano y Leo no libran tantas batallas. Ronaldo seguramente pierde energías en ese celo permanente que tiene por el cuidado de su imagen. Leo es igual de competitivo, pero parece más calmo en esa puja.

Curioso que en estos últimos meses de Ronaldo premiado, Messi lució más desenuelto que nunca en distintos reportajes. Hasta contando intimidades de sus hijos. Acaso porque, aunque no lo proclame como CR7, Messi siente la sensación de sentirse históricamente reconocido como el mejor.

Ego sin control

Los últimos premios parecían haber ayudado a Cristiano a controlar su ego. Pero su última declaración sobre que él es el mejor de todos los tiempos sugiere que mucho no ha cambiado.

Ronaldo y Messi han crecido. Tienen hijos. Compiten más amables aún cuando crece la jungla. Por momentos parece haber más vanidad por parte de quién entrega los premios respecto de quién los recibe. Se discute si vale más el premio de la FIFA o el de France Football, si sirven los votos de entrenadores o capitanes que sólo premian a sus amigos o si la opinión de los periodistas vale más que la de los aficionados. La vanidad, se sabe, no es patrimonio del crack.

Personalmente no tengo dudas de que Messi es un jugador mucho más completo que Ronaldo. Lo que más me asombra de Messi es la continuidad. Volvió a ser el as de espadas de la Selección aún cuando algunos gritones de la tele quisieron echarlo. Con sus gritos parecen hacerle creer al mundo que Leo es maltratado en Argentina. Así, al menos, lo titulan diarios importantes de otros países que dan espacio a esos gritones sólo porque así ganan más lectores. Puro morbo.

Además de la Selección, Messi es el eterno as de espadas en Barcelona. Con o sin Pep Guardiola, con el DT que sea, con el presidente preso o procesado, con Xavi o sin Xavi, con Neymar o sin Neymar, con un Bernabéu colmado para comérselo o hasta en un Camp Nou jugando sin público porque Cataluña atraviesa horas de crisis.

Suelo interesarme por los deportistas que, sin descuidar su disciplina, se comprometen con su tiempo y su sociedad. Pero le agradezco a Messi que, en medio de tanto ruido, haya podido enfocarse en la pelota y recordarnos lo bello que puede ser el fútbol.

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