Supuestos y algo más

28 Nov 2017 Por Gustavo Rodríguez

La provincia está enferma de odio. La violencia se expande por cada centímetro de nuestro suelo. Tucumán podría batir un récord a nivel nacional. En lo que va del año se registraron 17 muertes de presuntos asaltantes abatidos por sus víctimas y unas 15 personas murieron cuando fueron asaltadas. A nivel país esas cifras son al revés, hay más víctimas en ocasión de robo que ladrones fallecidos. Esos números, registrados en base a los datos publicados por LA GACETA, asustan. Pero es mucho más preocupante la reacción de una sociedad sedienta de sangre y de plomo.

A saber: foristas de LA GACETA.com, vecinos, colegas, conocidos, amigos y hasta familiares, siempre hacen la misma pregunta: “por qué en las crónicas policiales ponen presunto asaltante”. Y la respuesta es siempre la misma: porque en este país, como en gran parte del mundo, todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Es una regla básica de lo que significa vivir en un estado de derecho que beneficia a todos y no sólo a unos cuantos. Obviamente que esas palabras nunca dejan conforme a nadie y, normalmente, generan interminables polémicas.

La muerte pareciera estar naturalizándose en la provincia. Los que quieren vivir en los tiempos del far west están convencidos de que los ladrones deben ser ejecutados sin piedad. Pero cada vez son más los que piden el mismo final para los abusadores y los corruptos. Esta tendencia del “uno menos” irá creciendo, como pasa ahora. Por eso no sería descabellado imaginarse que esta especie de espectadores de circo romano también aplaudirá cuando acaben con la vida de una persona que, por ejemplo, violó una norma de tránsito.

Los tucumanos enceguecidos por la sed de venganza no se dan cuentas de ciertas cuestiones que son alarmantes. En la lista de supuestos asaltantes abatidos aparecen dos casos llamativos. Dos fallecidos eran adolescentes que acababan de haber sido dados de alta del Instituto Roca. Nadie se preguntó para qué sirve ese lugar de recuperación de menores si los que pasan por allí no se recuperan. Nadie puso el grito en el cielo preguntándose hasta cuándo el Estado seguirá abandonando en las calles a estos jóvenes que hicieron del delinquir una manera de vida. El pensamiento de una gran parte de la población es otro: hay dos menos. Eso también asusta.

Hay otro elemento para analizar: balas arrebataron la vida de las 32 personas que murieron en situaciones de robo. Ese es un indicio de que los tucumanos se están armando. Tiene poder de fuego los vecinos, los ladrones y los narcos. Las calles, entonces, se han transformado en un verdadero polvorín. Urge realizar una campaña de concientización y de desarme si es que realmente interesa que el problema no se agrave.

Quejas

En medio de este enrarecido y caótico crimen, los ciudadanos se quejan por la falta de seguridad. Los policías se quejan porque la Justicia no encierra a las personas que ellos detienen. En Tribunales se quejan porque ellos hacen los que las leyes les marcan. Y los legisladores se quejan porque el PE hace poco para disminuir los delitos. Pero ninguno de estos actores levantan la mano para convocar a una reunión con el fin de preguntarse qué pueden hacer para tratar de cambiar las cosas.

En los últimos días, los tucumanos que practican mountain bike pidieron mayor presencia policial en los senderos que llevan al cerro. Se sumaron a los laburantes, a los que los hieren para quitarles las motocicletas que utilizan para ir a trabajar. A las mujeres, a las que las arrastran por la calle para quitarles el celular. Están en todo su derecho en realizar ese reclamo a las autoridades, pero también deben aportar su granito de arena para tratar de frenar estos robos.

Las víctimas deben denunciar todos los robos y seguir el caso en la Justicia, por más tedioso y problemático que resulte. Deben colaborar tratando de individualizar a los autores de los ilícitos y fundamentalmente, hacer campaña en contra del mercado negro, el lugar donde terminan normalmente los botines que se consiguen. Fuentes policiales estiman que un ladrón de motos se deshace del rodado en menos de dos horas de haberla robado. El biker que fue víctima de un violento ataque reconoció que al día siguiente de haber sufrido el asalto, ya estaban ofreciendo la bicicleta en las redes sociales. Y si mostraron el botín es porque hay alguien dispuesto a comprarla, sin importarle que esté manchada con la sangre de su verdadero dueño.

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