En el "Santo" el orgullo pudo más

Arce estaba lesionado, pero no quiso perderse el partido contra Sarmiento.

28 Nov 2017
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AMOR PROPIO. Ignacio Arce tuvo que infiltrarse para poder jugar contra Sarmiento. “El dolor en el ciático era tremendo, pero no quería salir”, dijo el arquero “Santo”. la gaceta / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

Quienes lo conocen en el día a día reconocen que Ignacio Arce tiene una enorme personalidad y un amor propio muy especial. El golero vivió una situación muy singular antes del encuentro contra Sarmiento. Mientras realizaba ejercicios precompetitivos junto a Fabián Velárdez, ayudante de arqueros, sintió un intenso dolor en la zona lumbar. Sin embargo, decidió jugar y festejó el triunfo logrado en Junín. Posteriormente, los estudios ordenados por el médico del plantel, Daniel Soria, confirmaron el diagnóstico: lumbociatalgia. Es una lumbalgia de las vértebras L4 y L5 que oprimen el nervio ciático. Reproduce síntomas que afectan a las piernas, glúteos y la región baja de la espalda.

“Es un problemita en la zona del ciático que me había molestado durante la semana pasada. Antes de comenzar el partido en Junín sentí como pinzamiento en esa zona. Esto provocó que se me inflamara el nervio y me tuviera que infliltrar para jugar”, comentó “Nacho” en la charla con LG Deportiva que se concretó luego de la práctica matutina que se realizó ayer en el complejo “Natalio Mirkin”.

El entrerriano reconoce que desde hace tiempo sufre molestias en esa zona. Sin embargo, aclara, el dolor nunca fue tan fuerte como en esta ocasión. “Durante todo el partido sentí un intenso dolor. Por momentos era insoportable. Si no pedí el cambio fue porque soy orgulloso. No me dejo doblegar por esta clase de circunstancias. Pude terminar el partido pero al final, por el dolor que sentía, no pude celebrar el triunfo como el resto de los muchachos”, señaló.

Infiltrado

Arce comentó que el mayor inconveniente físico que se le presentó durante el partido fue a la hora de los saques de meta y cuando tenía que agacharse para recoger la pelota. “Le rezaba a Dios para que no me patearan al arco y de este modo no tener que moverme mucho. Por un instante me propuse dejar de pensar en el tema para que no me afectara tanto. Fue un verdadero suplicio lo que viví en esos 90 minutos, pero mi amor propio pudo más. Durante el entretiempo se me cruzó por la cabeza pedir el cambio pero preferí infiltrarme nuevamente y seguir”, comentó.

El arquero y el paraguayo Ismael Benegas son los únicos jugadores que jugaron los 900 minutos que San Martín disputó en el certamen.

Lo que viene

Pensando en el partido del domingo frente a Villa Dálmine, Arce quiere cumplir al pie de la letra, con las indicaciones que le dieron Soria y el kinesiólogo Damián Solis para superar la dolencia. “Uno siempre quiere jugar y mucho más en estos momentos que el equipo empieza a conseguir los resultados que todos esperamos. Pero, de ningún modo, voy a arriesgarme a jugar sabiendo que la lesión puede agravarse y al mismo tiempo perjudicar al equipo. Voy a aceptar lo que me digan los médicos”, señaló.

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