El teatro, un modo de cumplir una misión en la vida

Juan Tríbulo será distinguido hoy a las 20 en el teatro Alberdi. Una sala será bautizada con su nombre.

22 Nov 2017


› JUAN ANTONIO TRÍBULO
Nació en Concepción del Uruguay en 1942 y se crió en Rosario del Tala. Integró la Comedia. En 1984 fundó, organizó y dirigió la Escuela de Teatro de la UNT. Obtuvo varias distinciones. Es autor de publicaciones sobre la Historia del Teatro en Tucumán y del libro “Stanislavski-Strasberg. Mi experiencia de actor”.

“Es muy cómico y produce mucha hilaridad”, escribió en un papelito su maestra de tercer grado. A los 13, debutó en una obra de los hermanos Álvarez Quinteros, y ya oficiaba de locutor. Seguramente, nadie dudaba en Rosario del Tala, el pueblo entrerriano que lo crió de potrillo, que el Pocho llegaría lejos trepándose a los escenarios. Y no se equivocaron, porque hoy, a las 20, en el teatro Alberdi, le pondrán a una sala el nombre de Juan Antonio Tríbulo, actor, director, docente e investigador de larga trayectoria, afincado en Tucumán hace 33 años.

- ¿Qué sentís con este reconocimiento?

- Un poco de vergüenza (se ríe), como que me intimida un poco, qué sé yo, verse ahí en una chapa… no porque anticipe mi despedida de este mundo, pero por otro lado, la Mariana (su esposa) me tranquiliza y dice: “vos te lo merecés”. Bueno, lo aceptemos. Siento en principio satisfacción del deber cumplido, es lo que siento cuando veo a mis ex alumnos en el escenario. Evidentemente se ven los frutos por todos lados del esfuerzo que hemos puesto en la creación de la carrera de Teatro. Hay gente que está trabajando en Catamarca, Salta, Santiago del Estero… Ahí está la satisfacción, el orgullo.

- Llegaste a Tucumán en el 84, ¿con qué expectativas venías?

- A Julio Ardiles Gray lo habían designado asesor de Luis Salinas, que era el rector normalizador. Él sabía que yo había hecho el profesorado en teatro, que había estado en el instituto de Teatro de la universidad, que había pasado por grandes maestros que me dieron las herramientas y la tranquilidad necesarias para enfocar un proyecto de tamaña envergadura. En la Universidad de Buenos Aires, mis profesores habían sido Juan Carlos Gené y Osvaldo Fessler y en la Escuela Nacional de Arte Dramático era el tucumano Raúl Serrano. Me designaron acá director de una escuela de teatro, que no existía, no tenía ni escritorio. Todas las mañanas partía de Horco Molle tempranito y a las 7 estaba en la Facultad de Artes, organizando todo, desde el programa general, lo académico administrativo hasta los planes de estudio de las materias. Mirtha Chambeaud, la decana, me recibió muy bien. Pensábamos hacer un curso de tres años que era el modelo de la universidad por el que yo había pasado. La Dedé me dio la idea de que hiciéramos una licenciatura de cinco años. Fue un proyecto que fue creciendo a partir de las propuestas que recibía acá y con la mano derecha que me ofreció Alfredo Fénik, uno de los primeros profesores.

- ¿Te costó integrarte al ambiente teatral?

- Estaba muy integrado en la Facultad y con el medio artístico porque planteamos inmediatamente un examen de ingreso, convocamos a personalidades de Tucumán por asesoramiento de Alfredo, vino Carlos Olivera… Me interesaba ver todo el movimiento tucumano. Tenía la confianza suficiente de saber qué iba a hacer con las cátedras de actuación porque mis maestros habían sido tan brillantes que sabía qué camino tenía que transitar, pero después todo lo demás fue aprendizaje en la práctica, desde cómo convocar a un concurso para cubrir las cátedras… Fuimos sumando gente, alguna se vino a proponer, entraron por concurso después Teresita Terraf, Pedro Sánchez, Rafael Nofal, Ricardo Sobral; ellos me apuntalaron en la labor.

- Luego comenzaste a actuar…

- Estuve siete años sin actuar. En el 90, Nofal me tira “Ulf” de Gené, cuando lo leí dije: “esto lo tengo que hacer”. Tenía que entregar un poco la administración de la escuela a la gente que ya estaba instalada en todas las cátedras. Ya habíamos llegado a implementar quinto año... Llegaron 14 a quinto, es gente que actualmente está trabajando muy creativamente en el medio: Pablo Parolo, Jorge Gutiérrez, Patricia García, Oscar Nemeth, Gladys Mottes, Leonardo Gravrilof, Fabián Bonilla, Carolina Romero, Fabio Ladetto… Era un equipazo, con el que hicimos el primer espectáculo, “Juegos a la hora de la siesta”, de Roma Mahieu, con el que fuimos a Buenos Aires.

- ¿Cómo influyó la docencia en el actor?

- Al estar sin actuar durante siete años, dedicado exclusivamente a la docencia y a la administración académica, me permitió reasegurar lo que enseñaba, entonces cuando subí al escenario para hacer “Ulf”, dirigido por Nofal, sentía que era otro actor, distinto, con más recursos… Después, inmediatamente, me convocó Carlos Alsina, hicimos “Ardiente paciencia”, interpretando a Neruda. La gente de Tucumán me abrió los brazos y me acogió sin problemas. Después fui dirigido por mis propios alumnos e integré elencos donde estaban mis ex alumnos trabajando a la par, eso también me llenó de satisfacción porque era increíble; se creaba un nuevo vínculo entre profesor y alumno, de compinche, de camarada, de colega.

- Luego se te despertó adentro el investigador, ¿qué descubriste de Tucumán?

- Descubrí la increíble actividad que se había desplegado en Tucumán, que era lo que permitía que se creara una escuela, que perduró en los años, desde el Teatro Universitario, el Consejo de Difusión Cultural… La creación de un teatro independiente que se llamó Teatro del Pueblo, igual que el de Buenos Aires, y después había gente que trabajaba en el teatro independiente como Raúl Serrano, la Rosita Ávila, que sostenían el elenco de la Peña El Cardón, y que venía de mucho antes… Ahora estoy reescribiendo lo que ya se publicó en Buenos Aires en Teatro de Provincias, porque no está saliendo el capítulo III que llega hasta el 99, así que estoy agregando más material que fui recopilando en entrevistas y en el archivo de LA GACETA.

- ¿Has escrito alguna obra o tenés mucho respeto a la escritura?

- Eso… Hice una versión de “Lisístrata” para trabajar con los chicos, otra versión de Molière, pero siempre adaptando los textos, no una creación, pero no me pesa esa deuda.

- ¿Qué te ha dado Tucumán?

- Mucha felicidad. Un ámbito musical y teatral para disfrutar; una Escuela de Psicología Social que cursé; colegios de excelencia para mis hijos; la posibilidad de hacer una carrera impresionante en lo académico, fuera de ello. Me dio una cantidad de amigos, una casa fantástica cerca del cerro, es la felicidad completa.

- ¿Qué es el teatro?

- Es mi manera de cumplir una misión en la vida. El teatro me permite compartir con el espectador historias sensibles, que movilizan, que mueven el sentimiento, el pensamiento, que te impulsan no sé si a la acción, pero por lo menos pensando en que estamos trabajando para que el mundo sea un poco mejor.

› JUAN ANTONIO TRÍBULO
Nació en Concepción del Uruguay en 1942 y se crió en Rosario del Tala. Integró la Comedia Nacional. En 1984 fundó, organizó y dirigió la Escuela de Teatro de la UNT. Obtuvo varias distinciones. Es autor de publicaciones sobre la Historia del Teatro en Tucumán y del libro “Stanislavski-Strasberg. Mi experiencia de actor”.


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