Murió Charles Manson, el asesino serial que también fue celebrity - LA GACETA Tucumán

Murió Charles Manson, el asesino serial que también fue celebrity

Preso desde 1971, nunca se arrepintió de sus crímenes y cosechó miles de admiradores. Los episodios que conmovieron al mundo.

21 Nov 2017

Y de repente, el mundo se volvió tan loco que fue capaz de convertir a uno de los asesinos más despiadados de la historia en un icono pop. Ayer murió el norteamericano Charles Manson, uno de los criminales más famosos del siglo XX. Tenía 83 años y su salud se había deteriorado. Hasta el final de sus días recibió cartas de admiradores y, sobre todo, admiradoras. Una auténtica celebrity del mal que marcó un antes y un después. Es que Manson demostró que la paz que infundían Los Beatles en los 60 también podía convertirse en un inexplicable río de sangre. Manson fue uno de los victimarios clave del movimiento hippie.

Algunas versiones de su espesa y remanida biografía señalan que desde muy pequeño quiso ser millonario y, sobre todo, famoso. Hijo abandonado de una madre alcohólica, su curriculum en la delincuencia comenzó desde muy joven, con robos y fraudes varios. Pasó por varios reformatorios y en 1951 pisó por primera vez una prisión.

En la cárcel, precisamente, comenzó a sentirse seducido por el esoterismo y el oscurantismo. Salió a fines de los 60 y se instaló en San Francisco, donde formo el grupo llamado La Familia. Luego dejó de ser sólo una comunidad de hippies que se drogaban sin control para convertirse en una secta satánica dominada por las ideas y las órdenes de Manson, el padre de esta familia macabra integrada principalmente por chicas jóvenes.

Obsesionado con Los Beatles, como tantos jóvenes de su época, Manson sostenía que ellos les mandaban mensajes claros con sus canciones, principalmente las del disco doble “The Beatles” (el álbum blanco), editado en 1968. En ese legendario trabajo figura la canción “Helter Skelter”, que sería la que habría hecho el clic en la retorcida cabeza de Manson. Para el asesino, la banda británica vaticinaba una guerra racial en la que los negros intentarían hacerse del poder y él tenía que evitarlo.

Músico frustrado

Charles era músico y tenía una amistad con el californiano Dennis Wilson, baterista del grupo de surf rock The Beach Boys, quien en 1968 lo presentó ante el productor Terry Melcher con la intención de que produjera material musical de Manson. Melcher escuchó algunas cosas, pero las desestimó. Quizás ese fue el rechazo que desencadenó todo lo que vino.

El 9 de agosto de 1969 mandó a su secta a la mansión de Melcher, en Beverly Hills, a que asesinaran a todos los presentes. Pero allí no estaban ni el productor ni su mujer, sino la actriz Sharon Tate y otras cuatro personas que la acompañaban. Tate era esposa del cineasta Roman Polanski, de quien estaba embarazada de ocho meses.

El crimen de Tate y sus acompañantes fue casi performático. En la escena sonaban Los Beatles, mientras a ella le asestaban 16 puñaladas. La actriz rogaba que salvaran al bebé. “No, no hubo piedad. Ninguna piedad”, admitió años más tarde Patricia Krenwinkel, una de “las chicas” Manson, en el documental “Charles Manson: un viaje por el mal”. Susan Atkins y Leslie van Houten completaban la tríada de mujeres hipnotizadas por Manson. El sanguinario episodio pasó a la historia con el nombre de la masacre de Bel Air.

Tras la matanza, 48 horas después, las chicas de Manson volvieron a perpetrar un asesinato. Esta vez entraron a la casa del empresario Leno LaBianca y de su mujer, Rosemary, en Los Ángeles, donde junto a otro miembro de la banda, Tex Watson, asesinaron a la pareja.

En ambos casos usaron la sangre de las víctimas para escribir en las paredes “muerte a los cerdos” y “Helter Skelter”, el título de la canción de Los Beatles. Aquellos crímenes conmocionaron a la sociedad estadounidense y repercutieron mundialmente al grado de marcar de forma simbólica un punto y aparte en la contracultura de los años 60 y el movimiento hippie.

¿Icono pop?

Aunque siempre negó haber participado de esos asesinatos y, de hecho, no habría estado presente en ninguno de los dos lugares, Manson fue sentenciado a morir en la cámara de gas en 1971, pero la pena capital fue conmutada a cadena perpetua después de que los tribunales declararan inconstitucional castigar con la muerte a los reclusos en el Estado de California. La condena fue por los siete asesinatos del verano de 1969.

Leslie Van Houten, la integrante más joven del clan, explicó en su momento que Manson les había “lavado el cerebro” con sexo, LSD, lecturas constantes de pasajes de la Biblia, repetidas escuchas del “álbum blanco” y otros textos sobre su deseo de lanzar una revolución.

En una entrevista concedida a la revista de celebridades Vanity Fair en 2011, Manson se describió como un hombre mezquino, sucio, forajido y malo, y aseguró que fue condenado por “ser la voluntad de Dios”. Tras un reportaje publicado en 1970, la influyente revista Rolling Stone concluyó que a Manson debía describírselo como “el hombre vivo más peligroso del mundo”.

En la cárcel, Manson cometió todo tipo de infracciones y nunca mostró un ápice de arrepentimiento por los crímenes cometidos. En su historia se han inspirado libros, películas y series, un consumo cultural que consolida la idea de un Manson convertido en icono pop. La última noticia es la posibilidad de que Quentin Tarantino filme una película sobre sus crímenes, para la que ya habría convocado a Brad Pitt y Jennifer Lawrence.

En el fondo, Manson logró su cometido: ser famoso y que su nombre sea recordado, más allá de que lo haya adoptado un rock star, combinándolo con el de otro icono cultural: Marylin Monroe. Charles no lo logró con la música, sino con la sangre, pero finalmente cerró su vida como una celebrity del mal.

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