Quilmes empató con un penal inventado y luego San Martín perdió el rumbo

El "Santo" habia logrado un buen rendimiento, pero las decisiones del árbitro no lo ayudaron.

20 Nov 2017 Por Bruno Farano

Parece mentira pero a San Martín siempre le pasa algo cuando tiene la oportunidad de vivir una jornada tranquila. Está destinado a sufrir la gota gorda el “Santo”. O el equipo no encuentra la brújula y termina desorientado como hace 15 días contra Atlético de Rafaela, o aparece un árbitro que falla una y otra vez y tira por la borda toda lo bueno que puede haber hecho el equipo.

Eso ocurrió ayer. San Martín había encontrado su rendimiento; manejaba tiempos y espacios del partido y había logrado abrir un duelo “chivo”, contra Quilmes, que había venido a buscar el punto.

Diego Cagna y sus muchachos no contaban con que Pablo Echevarría se les iba a cruzar en su camino y les iba impedir volver a festejar frente a su gente. Porque más allá de que San Martín tuvo todo el complemento para torcer la historia, la falla del juez fue un punto de inflexión en el partido.

Hasta ese momento, el “Santo” estaba lúcido. Apoyado en la solidez que aportó Lucas Bossio. Movió la pelota y fue amo y señor durante el arranque del juego. Y a pesar de que se puso arriba gracias a un gol en contra de Tobías Albarracín, hasta ese momento merecía algo más porque buscaba por todos los medios.

Walter Busse jugó su mejor partido desde que llegó al club y Víctor Rodríguez, durante ese tramo, hizo lo que todos esperan de él.

Por eso el 1-0 le sentaba bien al encuentro. Y San Martín nunca se conformó. Fue al frente. Siguió buscando ampliar la diferencia. Quizás sin tanta lucidez de tres cuartos de cancha en adelante, pero parecía un partido tranquilo. Parecía... el “Santo” nunca puede terminar en paz.

A los 41 minutos un pelotazo frontal que parecía inofensivo terminó siendo una bomba de tiempo para Ismael Benegas. El “paragua” durmió y Matías Nouet quedó mano a mano con Ignacio Arce, que le sacó sin problemas la pelota. Eso para todos, menos para el juez, que sancionó penal. Así llegó el 1 a 1, gentileza de Miguel Caneo, a quien poco le importó si era o no falta. Eso fue un mazazo para un San Martín que entró en la nebulosa.

El complemento estuvo de más. Quilmes metió a todos sus soldados en la trinchera y al local no se le cayó una idea. Sumó gente en ataque pero abuso del pelotazo. Dejó en el vestuario la idea de tocar, rotar y buscar espacios y se aferró a la esperanza de un centro salvador.

Cuando Emanuel Trípodi se llevó puesto a Claudio Bieler (era más falta que la supuesta de Arce a Nouet) y Federico Álvarez, dentro de su área, quiso quedarse con la camiseta de Gonzalo Rodríguez, Echavarría miró para otro lado y dejó sin sanción los penales. No hay dudas. San Martín no liga nada.

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