Debería ser la ciudad de los bebederos, pero hay pocos y casi no funcionan

La capital necesita muchos más y distribuidos no sólo en parques y plazas. El 40% de ellos son vandalizados, según el municipio.

19 Nov 2017 Por Florencia Bringas

Se necesita consumir al menos unos tres litros de agua al día en esas jornadas que superan los 30°. Además de la que usamos para salpicarnos, tratando de aliviar lo rojizo que se puso el rostro por las altas temperaturas. Vivimos en Tucumán, donde fácilmente en verano el termómetro supera los 40° y el calor golpea fuerte. Pero eso no debería ser incompatible con el disfrute de los espacios verdes: caminar, jugar, hacer ejercicio o tirar una manta para el picnic. Y ahí es cuando ese líquido -cual joya preciosa- escasea, porque sólo se lo consigue en un kiosco, si es que hay uno cerca o se tiene plata para comprarla. Y no hay otra opción, porque la mayoría de los bebederos que se construyeron hace pocos años junto con la remodelación y jerarquización de plazas y parques de San Miguel de Tucumán están rotos.

La primera parada es la Plaza de la Fundación, ubicada entre la Maternidad y el parque Avellaneda. Allí está Josefina Cuezzo con su hija y su pequeña nieta. Juegan y todavía está fresco por la tormenta de la noche anterior. Ella tiene 73 años y no sabe que en ese espacio hay bebederos. Confiesa que no los reconoce. Ahora los busca. Es que recuerda que toda su vida ha usado las pequeñas fuentes de cemento con forma de grial, con un chorro que surgía de abajo hacia arriba.

En Tucumán sólo quedan unos pocos de esos, como los de las plazas Independencia e Yrigoyen. Ahora los hacen con otro diseño, con caño y botón a presión regulador de agua, cuyo chorro cae en una rejilla del piso. “Antes no teníamos kiosco y hacíamos cola para tomar agua del bebedero. ¿Habrán desaparecido por eso? Tenían su encanto”, comenta Cuezzo.

En el parque Avellaneda, donde es intensa y casi ininterrumpida la afluencia de quienes realizan actividad física, hay sólo dos bebederos y están rotos: uno sobre Asunción y el otro sobre avenida Mate de Luna. Al médico Julio Aguilar, que justo se detiene a descansar al lado de una de las estructuras de donde supuestamente debería salir agua, le encantaría encontrar ese pequeño oasis para hidratarse (“no llevo botellitas en la mano porque todo pesa cuando uno corre”). Luego reflexiona que ante la falta de placeros el municipio debería pedirles a algunos vecinos que sean como “cuidadores o vigías” para evitar que rompan los bebederos, las pistas de salud y los juegos de los espacios públicos. Luego sigue su marcha, esta vez acompañada por las gotitas que despiden ciertos árboles desde sus copas.

Después siguen las plazas de barrio Sur: la San Martín (hay dos bebederos y uno está roto); la Belgrano (ocurre lo mismo); la Yrigoyen (hay uno, de los viejos, que no funciona); y la Decididos de Tucumán, frente al Hospital de Niños-. Posiblemente ese es el espacio donde más se utilizan los bebederos porque semanalmente infinidad de familias esperan que sus hijos se recuperen o sean atendidos en el hospital. Además, hay juegos que son usados por los vecinos. Para ese amplio flujo de gente hay dos bebederos rodeados de minipantanos, mezcla de agua, tierra densa y basura. Es que esas canillas no paran. De allí también sacan agua para lavar los autos, al igual que en la plaza Belgrano. Poner un pie ahí equivale a llenarse de barro.

¿Qué es eso?

A lo largo de toda la avenida Soldati, sobre la vereda del parque 9 de Julio, hay unos 10 bebederos distribuidos entre las pistas de salud y los juegos para niños. De ellos sólo uno funciona. Y son nueve cuadras.

Alejandra Ramos y Benjamín Ibáñez se ejercitan casi todos los días en una de las pistas y luego corren por los caminos que rodean el parque. Por ello una botellita de agua que llevan en la mano les resulta insuficiente. Se bancan el calor, porque cerca no tienen kiosco para comprar agua. “¿Eso es un bebedero? Entre esos dos postes hacen flexiones de brazos los que vienen a hacer gimnasia”, cuentan los jóvenes deportistas, que señalan dos bebederos que están sin caño. Nadie sabe qué son porque nunca ha salido ni una gota de allí, enfatizan.

El recorrido concluye en las plazas céntricas: la Independencia (hay uno solo, de los antiguos, cuyo chorro de agua no toma impulso) y la Urquiza (tiene dos: uno de ellos está roto). En la Independencia, una vendedora de sándwiches de miga, Fátima Llanos, cuenta que se refresca con el agua de la fuente, ya que el sol del verano es tan despiadado que la obliga a salpicarse con cualquier líquido. Para beber no le queda otra que comprarle a sus colegas. Mientras que en la Urquiza, Rodolfo Quinteros afirma que no consume agua del único pilón porque desconfía de su salubridad.

Preocupante

El vandalismo es el principal causante de la falta de bebederos, informa el municipio capitalino. “Sufren la vandalización como todos los elementos que hay en los espacios públicos. Se repone y lo vuelven a robar o a romper. Hay un 40% aproximadamente que se repone y el mantenimiento es necesario y permanente”, responde Carlos Arnedo, secretario de Servicios Públicos, cuando se le pregunta qué pasa con esos pilones que tanta falta les hacen a los vecinos de la capital. Y agrega que han clausurado muchas conexiones de esos bebederos (Espacios Verdes hace las conexiones de agua potable con autorización de la SAT) por hábitos indebidos, como aquellos que sacan agua para lavar autos.

Según Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana del municipio capitalino, el vandalismo es el problema más grave que padecen los espacios verdes de la ciudad. Pero cree que cuando se generaliza el uso de los nuevos mobiliarios de las plazas la vandalización disminuye. Cuenta que eso pasó con las pistas de salud. “Pensamos que debe haber agua en todas partes -opina Lobo Chaklián-, sobre todo en los parques, pero hay mucho vandalismo y mal uso. Al principio, a las pistas de salud las rompían porque era algo nuevo. Ahora que las ven en todas partes se acostumbraron a su uso. Esperemos que pase eso con los nuevos bebederos, cuyo diseño se ha adaptado a las modernas concepciones de los espacios públicos”.

El pronóstico prevé para esta semana (sobre todo para el jueves) temperaturas superiores a los 35°. Cristian Trouvé, médico generalista, aconseja que durante esas jornadas cualquier persona debería consumir unos tres litros de agua para recuperar el líquido perdido y para refrescarse. Sobre los bebederos, resalta que no desaconsejaría beber de allí y cree que no son afluentes importantes de transmisión de enfermedades. Entonces, sostiene que es algo que todos deberíamos tener a mano. Porque estamos en Tucumán y para sentirnos bien necesitamos mucha agua.

> PUNTO DE VISTA

Imprescindibles

HÉCTOR BOMBA | Arquitecto, Urbanista

Tucumán necesita bebederos. Pero deberían tener un diseño antivandálico y una serie de cuidados para la intemperie, porque hay algunos que son frágiles para el uso público y no soportan el paso del tiempo. La ciudad necesita este tipo de equipamientos para la gente que hace ejercicios, para los que caminan, para las familias, porque nuestro clima lo exige. Asociaría ese elemento a lo que representa la sombra: nos ofrecen frescura en la ciudad.

Otra cosa a tener en cuenta: no tienen que estar ocultos, sino a la vista de todo el mundo, para que el que lo necesite lo vea, lo use y ejerza la presión del control público. Por ejemplo, en la ciudad de Siena (Italia) hay fuentes públicas en las plazas donde se saca agua tanto para beber como para llevar a las casas. Son receptáculos limpios, de aguas cristalinas, ornamentados con estatuas. Están intactos porque son útiles y porque están bajo control permanente.

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