Hizo una prótesis robótica súper económica y quiere ayudar a quienes perdieron sus manos

Francisco “Peco” Hernández tiene 21 años y estudia en la UTN. Creó una brazo con una impresora 3D y la programó con Arduino. Ganó un premio provincial.

18 Nov 2017
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FELIZ CON SU PROYECTO. Francisco muestra la mano que construyó durante aproximadamente dos meses. Puede mover todos los dedos. LA GACETA / FOTOS DE ANALÍA JARAMILLO.-

La casa está decorada con muebles rústicos que parecen salidos de un cuento de hadas. En uno de los cuartos, de paredes coloridas, Francisco Sebastián Hernández armó un pequeño taller. Sobre un escritorio hay una computadora, manos que parecen de juguete, cables y varias herramientas. “Es mi lugar en el mundo”, dice el joven de 21 años, que en los últimos días se hizo conocido por haber ganado la categoría Mayores del premio provincial “Ligabot”.

Ni él puede creer la trascendencia alcanzada por el proyecto que armó: una prótesis robótica de mano que se puede fabricar con la tecnología de las impresoras 3D a un muy bajo costo y que podría ayudar a las personas amputadas a desarrollar diversas habilidades.

El joven, a quién sus amigos y allegados llaman “Peco”, cuenta cómo empezó todo. A fines del año pasado, por su buen promedio en la carrera de Ingeniería Mecánica -que cursa en la UTN, Facultad Regional Tucumán - ganó una beca. A ese dinero decidió invertirlo en una impresora 3D. “Siempre quise tener una para poder darles vida a mis creaciones”, cuenta el joven, que es muy inquieto y le gusta diseñar objetos.

“Empecé haciendo muñecos y después, con la fiebre del spinner, hice un montón de estos juguetes para vender. Así logré juntar más plata y comprarme otra impresora mejor”, explica. Fue así que armó su microemprendimiento llamado “Peco 3D”. En el medio se anotó en un curso para aprender a usar Arduino: una pequeña placa que se encarga de procesar datos y almacenar un programa, y que tiene un sinfín de entradas y salidas donde se pueden conectar periféricos como motores y sensores de todo tipo.

Fue mientras hacía esa capacitación que comenzó a investigar y decidió dedicarse a un proyecto de brazo robótico. Hubo muchos ensayos y errores. Primero diseñó el brazo en la computadora. Luego lo imprimió varias veces (esto tarda mínimo 12 horas cada vez). Finalmente le incorporó servomotores y la placa Arduino para que la mano pudiera imitar movimientos humanos.

Cuando en la universidad se enteraron de su proyecto le propusieron que lo presentara en la competencia provincial “Ligabot”, en la que finalmente obtuvo el primer premio en la categoría Mayores.

Aunque ganó y eso le trajo muchas satisfacciones, Francisco no piensa quedarse quieto. Quiere seguir adelante con el proyecto. “La idea es que en un futuro este brazo artificial funcione como algo más avanzado que una prótesis, porque se podrían comandar los dedos y mejoraría el trabajo de la mano. Para eso, la prótesis tiene que ir conectada al antebrazo de la persona con un sensor que permita interpretar las señales que envía el cerebro”, explica.

Funciones

¿Qué podrá hacer esta mano? Abrirse y cerrarse, levantar cosas, cocinar (los materiales con los que hizo la prótesis soportan calor de hasta 220 grados) y hasta probablemente escribir. “Tenemos algunas limitaciones; por ejemplo, que no se pueden hacer más de tres movimientos al mismo tiempo”, aclara Hernández. Confiesa que cuando planteó el proyecto la historia de un allegado que nació sin una mano lo había movilizado.

“Ahora me compré un escáner corporal que me permitirá tener una representación digital más exacta de la persona y, por ende, me ayudará a hacer las prótesis más adecuadas según el caso”, destaca “Peco”, quien por ahora piensa en su proyecto con una orientación social, capaz de ayudar a personas de bajos recursos que hayan sufrido amputaciones.

El brazo robótico, según destaca, tiene un bajo costo. Hacerlo sale unos $ 5.000 contra los U$S 10.000 que se pagan muchas de las prótesis eléctricas en el mercado, especifica. Para que una persona pueda utilizar la prótesis que él desarrolló no falta mucho, señala Hernández, y reveló que ya se puso en contacto con expertos en el tema a nivel nacional. Mientras tanto, encara los dos últimos años de la carrera universitaria. Aunque ya tiene en claro que eso, la impresión 3D, es su futuro.

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