La tradición alimenta la identidad de un pueblo

10 Nov 2017

Es la transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, hecha de generación en generación. Está íntimamente relacionada con la identidad, yace en su base, alimenta su raíz y se proyecta en el tiempo, conforma la idiosincrasia de un pueblo. “De la tradición, según esto es hija la historia, y la escrita que primero fue vocal, y lo son todas, pues tradición es narración, opinión y doctrina derivada vocalmente, sin haber escrito, con el uso de padres a hijos, y de los que vieron las cosas, a los que no las vieron”, sostenía el historiador español Luis Cabrera de Córdoba (1559-1623).

Se recuerda hoy el Día de la Tradición, en recuerdo de José Hernández, autor del poema “Martín Fierro”, que nació el 10 de noviembre de 1834. La obra convertida en un clásico de la literatura argentina, narra las vicisitudes de un gaucho y refleja su estilo de vida, sus costumbres y sus códigos de honor. Fue el poeta Francisco Timpone el autor de la iniciativa que fue convertida en ley Nº 4756/39 por la Legislatura bonaerense en 1939.

La tradición incluye la música popular, las costumbres vinculadas, con la vida del campo, como tomar mate o comer asado -se han extendido a las zonas urbanas-, la doma de caballos, la artesanía, la gastronomía, los dulces, la indumentaria, pero también la literatura y la pintura costumbristas.

Décadas atrás ya se promovía en Tucumán la enseñanza del folclore para que las nuevas generaciones aprendieran a querer no solo la música y la danza nativas, sino también las otras tradiciones. Por ejemplo, a fines de la década de 1930, el pensador tucumano Alberto Rougés afirmaba que para que la educación pública no siguiera fracasando, en materia de formación cultural era necesario que se comprendiera que el objetivo esencial de esta debía ser formar creadores de cultura y un público para estos, capaz de apreciar la creación, de amarla y, por ahí, de incorporarla a la vida espiritual de un pueblo. “Ese fondo emocional y valorativo es parte esencial de la personalidad de un pueblo, hace del pasado, presente y futuro de este, un todo espiritual. En él nace el niño a la vida consciente, arrullado por canciones de cuna. El arte tradicional, gran pedagogo, le enseña luego rimas infantiles, cuentos, adivinanzas, villancicos, romancillos, el canto jubiloso, vivificante del espíritu, que el niño entona en sus juegos espontáneos, y que no se deja entrar a la escuela, para reemplazarlo por otro, extraño a la sensibilidad del alumno, que este no canta sino en clase”.

En diciembre pasado, la Legislatura provincial sancionó una ley que promueve la enseñanza del folclore en todos los niveles del sistema educativo, sin embargo, no se conocen hasta ahora avances significativos hacia la puesta en marcha de esta iniciativa.

Afortunadamente, hay muchas academias de danzas de muy buen nivel que mantienen aún viva la tradición, pese a ello una buena parte de nuestra juventud y de los adultos no sabe, por ejemplo, bailar o cantar una zamba por la sencilla razón de que no se les ha inculcado desde temprana edad el conocimiento de nuestro acervo cultural, de manera que no se puede querer lo que no se conoce. “Tradición no significa que los vivos estén muertos, significa que los muertos viven”, afirmaba el británico Harold Macmillan. Viven siempre y cuando reguemos las raíces de la identidad.

Comentarios