Sobrevivió a una terrible tragedia áerea pero aún no logra justicia

Sergio Quiroga, ex camarógrafo de Canal 10, estaba trabajando cuando cayó el avión en el que iba. El juicio por daños sigue inconcluso.

08 Nov 2017
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RESTOS. “El horror ante lo inexplicable” publicó LA GACETA sobre el avión que se partió en varios pedazos.LA GACETA / ARCHIVO.-

En diciembre de 1997, la mayoría de los tucumanos se preparaba para celebrar el año nuevo; salvo en el sur, donde las lluvias habían provocado una de las inundaciones más dañinas que se recuerdan. Aguilares, Alberdi, Concepción, Graneros eran las zonas más afectadas. En aquel tiempo, Sergio Quiroga, tenía 52 años, era camarógrafo de Canal 10 y estaba entusiasmado con la idea de registrar las imágenes desde el aire para el noticiero del mediodía.

“Hijo me voy a trabajar y cuando vuelva vamos a comprar cohetes”, le dijo a Jesús María Quiroga, que en ese tiempo tenía 12 años. La oficina de trabajo estaba en Las Piedras y Buenos Aires. Desde allí coordinó por teléfono para buscar al piloto Abraham Sucar (47 años), en su casa de barrio Sur y luego seguir hasta el Aero Club Tucumán.

A las 12.35 despegaron rumbo al sur con una carga completa de combustible. Durante el vuelo, Quiroga grabó desde el aire los daños que habían provocado las lluvias. “Volvamos nomás”, le dijo al piloto desde el asiento trasero de la cabina. “Teníamos que volver al Aero Club Tucumán, pero escuché que el piloto dijo ‘vamos a hacer un saludo y después seguimos’ a Yerba Buena”, recordó.

Eran las 14.30 cuando el piloto decidió hacer un sobrevuelo sobre la pista de Concepción, donde ya había aterrizado antes otra aeronave. Con tanta mala suerte que impactó el ala contra la hélice del avión estacionado en la cabecera de la pista. Un tercio del ala izquierda se cortó en pedazos y mató al piloto en ese instante. El avión siguió su trayecto sin control unos 200 metros hasta que chocó contra el suelo y cayó de nariz. En el asiento trasero, Quiroga quedó herido de gravedad. Fue rescatado y trasladado al hospital de Concepción, pero sus heridas eran de tal magnitud que debió ser llevado a la capital. Había sufrido un corte vertical desde la mandíbula hasta la frente, la rodilla izquierda había perdido los ligamentos, entre otros daños considerables. Quiroga estuvo en coma hasta que despertó 45 días después en una clínica privada. En total, hasta que le dieron el alta médica pasaron más de seis meses.

A punto de cumplirse 20 años de aquella tragedia aérea, Quiroga mantiene su sentido del humor al hablar de cómo sobrevivió en aquel accidente. “Lo mío fue un milagro doble pechuga”, dice sonriente. Después de aquel siniestro, el aeropuerto de Tucumán advirtió que para la realización de trabajos aéreos era necesario contar con la autorización correspondiente, pero la institución a la que pertenecía la aeronave no contaba con ella. “Para la realización de trabajos aéreos -se resaltó en ese informe-, los pilotos deben tener la licencia de piloto comercial; además un vuelo a baja altura incrementa los riesgos de la operación”.

En tribunales

Desde aquel accidente, Quiroga nunca más pudo volver a trabajar en Canal 10, donde había cumplido funciones durante 23 años. A partir de ese momento, quedó en manos de la Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART). Por esa razón, con el patrocinio del abogado Alberto López Domínguez, inició una demanda contra el Aero Club Tucumán por daños y perjuicios. “Están por cumplirse 20 años y todavía no puedo lograr que la Justicia Federal se pronuncie sobre el caso”, dijo.

“Fueron a filmar el aluvión y la avioneta se vino abajo”, tituló LA GACETA en aquella edición del 2 de enero de 1998. El artículo constataba la muerte del piloto Sucar, que además era el presidente del Aero Club Tucumán. En aquel momento una versión indicaba que el piloto decidió hacer una maniobra de despedida a sus compañeros en el retorno a la capital. “Mirá, si no te hace falta, no bajés porque la pista está barrosa, muy fea. Si ya hiciste tu trabajo regresá nomás”, le había advertido uno de los pilotos desde tierra. “No hay problema, chau”, le había respondido Sucar.

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