“Tomar del rico para darle al pobre no resuelve el problema”

En Tel Aviv, un tucumano evalúa la inequidad

28 Oct 2017
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GLOBALIZACIÓN. Habib fue elegido por el “Safra Center for Ethics”. la gaceta / foto de antonio0 ferroni

¿Es ético vender órganos o subrogar vientres? ¿Puede esto pasar a ser un bien de consumo? ¿Se podría privatizar la seguridad de un país o vender la ciudadanía? Estos son los interrogantes que hoy se plantean los estudiosos del Derecho. El dinamismo con el que avanzan las sociedades crea escenarios inéditos que ponen en tensión derechos, abren nuevas miradas y posibilidades que necesitan ser reglamentadas.

Javier Habib es tucumano, doctor en Derecho y relator de la Cámara Federal de Apelaciones. Tiene 30 años y ostenta un prolífico curriculum que incluye becas de posgrado en el exterior (Salamanca y Florencia) e invitaciones para participar de equipos de investigación. De hecho, hace unos días arrancó una beca posdoctoral en The Edmond J. Safra Center for Ethics, en la universidad Tel Aviv, que se extenderá hasta octubre de 2018. Se trata un grupo interdisciplinario de estudio sobre los limites del mercado globalizado, en el que participan filósofos, economistas, sociólogos y juristas.

Lo que dure su estadía allí estudiará la desigualdad económica y los medios que ofrece la tradición jurídica liberal para reducirla. “Uno de los planteos es si es beneficiosa o no la desigualdad económica. Significa que el más rico es mucho más rico que el menos rico. En todos los países esta desigualdad es distinta”, señala.

Su especialidad es el derecho privado clásico. Su tesis doctoral se centró en estudiar cómo hoy se podrían resolver cuestiones aggiornando las teorías del derecho clásico. “En el derecho privado clásico uno puede adquirir propiedades ilimitadamente. Con la revolución industrial esto ha generado desigualdad económica porque los que tenían los medios terminaron siendo dueños de todo”, explica.

Para contrarrestar esto, la herramienta fue la redistribución de la riqueza, por ejemplo, a través de los impuestos que luego se vuelcan en hospitales, escuelas o servicios de salud. “En el siglo XX la solución no se dio por la vía técnico científica, sino por la legislación. Se ha resuelto o intentado resolver el problema con los instrumentos del derecho público”, comenta.

Entonces la pregunta es: “¿Se puede hacer algo para que el derecho privado clásico solucione la desigualdad? Una de las ideas es ponerle límite a la capacidad de adquirir. Tiene que haber límites para acumular riqueza. Si lo aplicás en ciertos sectores tiene más sentido, sino suena muy fuerte o provocativo”, insiste.

“Tomar del rico y darle al pobre no soluciona, lo bueno es empoderar a la persona”, reflexiona. Esto significa “crear oportunidades”.

El joven va más allá y explica que el derecho evoluciona y “hay momentos en que se sofistica”. El derecho clásico es el que regía en el siglo XVII y XVIII, y que en Argentina se lo asimiló en el Código Civil de Vélez Sarsfield (1869). Pero Habib añade que llegó un momento en que no se podían responder a los problemas nuevos con ese derecho. “Hoy se considera que el derecho privado es muy distinto al clásico. Yo propongo (en la tesis doctoral) buscar los principios de ese derecho clásico ilustrado y tratar de crear nuevas instituciones y doctrinas que resuelvan problemas actuales”, cita. Por ejemplo, señala, “las promesas no aceptadas que vinculan”. Algo que las empresas a través de los anuncios han venido explotando muy bien. “Hoy con los medios masivos de comunicación es difícil volver atrás y decir ‘me arrepiento’. Hay un rédito obvio y es ganarle a mis competidores”, agrega.

Por eso es que el destinatario “la recibe, se entera y no necesita aceptarla porque ya está en posesión. Cuando a esto lo contemplás masivamente, es importante”. El Derecho, según Habib, tiene un arduo camino por recorrer en cuanto a la resolución de conflictos, cada vez más complejos.

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