Qué hay que tener en cuenta para elegir el purificador de agua

El mercado ofrece una amplia variedad de funciones y de precios según tus necesidades

23 Oct 2017
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LIMPIA Y SIN SABOR. Una de las principales demandas de los consumidores es que se elimine el gusto a cloro.

Si somos 70% de agua, los médicos y nutricionistas nos piden que tomemos al menos dos litros de agua por día, pero desconfiamos o no nos gusta el agua que sale de la canilla, entonces estamos en un problema. Porque tiene mucho olor y sabor a cloro, debido a la gran cantidad de sarro que trae el agua corriente y por otros tantos enemigos invisibles que puede contener ese líquido, son cada vez más las personas que recurren a un purificador para asegurarse de que el agua potable será verdaderamente positiva para la salud y no todo lo contrario.

Ahí llega una segunda instancia, que es elegir el purificador adecuado. Hay muchas opciones de tipos, modelos y funciones y también de precios: se puede conseguir uno desde $ 2.000 hasta arriba de los $ 7.000, una cifra que amerita pensarlo más de una vez.

Por eso, lo primero a definir es de qué es necesario purificar el agua. En términos generales, son tres las cosas que se necesitan filtrar: componentes orgánicos (bacterias, algas, hongos), inorgánicos (metales, sarro), y los químicos que se utilizan para potabilizar el agua como el cloro que, a su vez, puede generar otros subproductos químicos cuando entra en contacto con los agentes orgánicos. Esto último es reconocido y advertido por la OMS en sus “Guías para la calidad del agua potable”.

Sólidos en suspensión

Los filtros más básicos y económicos son los de carbón activado, y sirven para eliminar principalmente el cloro y las bacterias; mientras que los purificadores más completos le agregan a eso la eliminación de metales y, a su vez, impiden que las bacterias que quedan retenidas en el filtro entren en descomposición.

“En el caso de Tucumán, en la capital es importante filtrar los sólidos en suspensión, porque el agua que llega a las casas es de río, mientras que en Tafí Viejo, Yerba Buena o Lomas de Tafí, donde el agua es de pozo, se necesita filtrar el sarro, porque son aguas muy duras. En zonas donde hay contaminantes más específicos como el arsénico, el purificador también debe ser específico”, explica una vendedora de purificadores de primera marca y completos, cuyo precio arranca en los $ 5.000.

Algunas marcas, las más económicas, consisten en un equipo al que se le agrega el cartucho (filtro). Las más completas y costosas son sistemas cerrados que hay que renovar íntegramente cada determinado tiempo (en general, a los tres años) y además, cada tres meses, reemplazar el filtro que retiene sedimentos, principalmente tierra y arena. Esos filtros, en la capital tucumana, quedan de color marrón cuando cumplieron su vida útil.

El cloro es quizás el elemento que más incomoda a los usuarios y su concentración en el agua varía según la época del año y la necesidad de potabilización. Es el olor más distinguible en el agua potable y lo que más cambia su sabor. “Efectivamente la gente se informa más sobre la calidad del agua y está pidiendo purificadores, tanto para las casas en la ciudad como las de veraneo o fines de semana, que están en lugares donde el agua no suele ser de buena calidad. Mucha gente quiere que le filtre el sabor a cloro, que el agua quede como tiene que ser: incolora, inodora y sin sabor”, afirma Gerardo Soulé, encargado de un comercio que vende filtros que cuestan $ 2.200 y tienen una duración de 2.500 litros.

Filtro vs. agua envasada

Además de beber un agua rica y liviana, incorporar un purificador puede ser una buena ecuación en la economía de una casa. Una persona que consuma dos litros de agua por día, son 60 litros al mes, 10 bidones de seis litros que cuestan $ 35 cada uno, es decir, $ 350 al mes: lo mismo o quizás menos de lo que puede costar por mes un filtro comprado en cuotas. La ventaja es que el agua filtrada se puede usar también para cocinar y lavar verduras con un agua más pura, algo que difícilmente pueda hacerse con agua envasada.

“La diferencia se percibe de inmediato, el agua se siente más liviana y sin gusto”, dice Silvia Alonso, docente y usuaria de filtros purificadores desde hace varios años. “En todo lo que me pueda cuidar, me cuido. Esto es algo muy sencillo de hacer, es comprar el filtro y cambiar el repuesto cada seis meses, y te asegurás de consumir un agua limpia de metales, de químicos y bacterias”, señaló.

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