Trumpdependencia

22 Oct 2017

PANORAMA ECONÓMICO

MIGUEL ANGEL ROUCO | AGENCIA DYN

BUENOS AIRES.- El diálogo telefónico que mantuvieron el presidente Mauricio Macri y su par de los Estados Unidos, Donald Trump, dejó en claro que el desequilibrio en los términos de intercambio, va a ocupar un lugar de privilegio, en la agenda poselectoral de Cambiemos.

A pesar de su brevedad, el diálogo entre ambos mandatarios resultó intenso y aunque no hubo compromisos firmes, los reclamos argentinos por un mayor ingreso de biodiesel y carnes habrían sido aceptados. Aunque de una forma no explícita y a cambio del ingreso de esos productos, Trump le exigió a Macri un mayor compromiso en el futuro de Venezuela y liderar un movimiento que ponga al régimen de Caracas en el aislamiento regional.

Pero no todas son buenas noticias, las que llegan desde Washington para la Casa Rosada. A partir del domingo, Macri deberá prestar mucha más atención a lo que ocurra tanto en Washington como en Nueva York. La Argentina depende cada vez más del financiamiento externo para paliar su monumental déficit fiscal y las perspectivas de un encarecimiento del dinero son palpables.

La reforma impositiva lanzada por Trump implica que el déficit fiscal se va a ampliar y el gobierno republicano necesitará más recursos. Pero al mismo tiempo, esa rebaja de la presión fiscal significa que la economía de los EEUU será más atractiva para las inversiones, lo que supone una reversión en los flujos de capital desde los países emergentes hacia la principal potencia mundial. Dicho en palabras de Trump: “reducir los impuestos a los negocios estadounidenses significa salarios más altos para los trabajadores estadounidenses, y significa más productos hechos aquí en los Estados Unidos”.

La Reserva Federa (FED) ya anticipó que antes de fin de año habrá una suba de la tasa de referencia, y que el ritmo de ajuste se intensificará a la par de una reducción de su programa de compras de activos tóxicos. “Todo dependerá si Trump enciende la aspiradora de fondos o prefiere ir por un sendero con menos pendiente”, comentó un analista financiero.

Trump empezará a definir esa tendencia cuando decida la designación del sucesor de Janet Yellen al frente de la FED y eso dependerá del ritmo que tendrá la reforma fiscal en los EEUU. Dos caras de una misma moneda con consecuencias directas para la Argentina. Si Trump prefiere ir lentamente, se inclinará por Jerome Powell, actual director de la FED encargado de la regulación financiera y supervisión bancaria. Si opta por un plan más agresivo, las preferencias apuntan a John Taylor, un economista de la Universidad de Stanford y ex subsecretario del Tesoro entre 2001 y 2005. Taylor es partidario de tasas de interés reales positivas y es autor de una teoría conocida como la Regla de Taylor que estipula que los bancos centrales debieran ajustar la tasa en función de la evolución de la inflación y del PBI.

Para el mundo académico y para los analistas de Wall Street, la designación de Taylor lleva consigo una fuerte suba de los tipos de interés y ello complicará a los países dependientes de los flujos de capitales externos. Taylor es un viejo conocedor de la Argentina ya que durante su paso por el Departamento del Tesoro identificó a los desequilibrios fiscales como los responsables de la crisis de 2001.

Si la Argentina no corrige rápidamente su desequilibrio fiscal queda expuesta a una condición de vulnerabilidad extrema, habida cuenta del aumento del costo del capital. Si la administración Macri insiste con su gradualismo fiscal frente a semejante escenario internacional, el país quedará expuesto a una nueva crisis.

No es casual, entonces, que el FMI haya recomendado a la Casa Rosada, llevar adelante un ajuste fiscal. El documento es taxativo: “un déficit fiscal inferior también reduciría los riesgos de un cambio repentino en las condiciones financieras externas y los efectos del “crowding-out” sobre el sector privado. El reequilibrio fiscal necesitaría estar basado en nuevas reducciones en las generosas subvenciones energéticas mal enfocadas y en una racionalización del gasto en muchas otras áreas, incluidos los salarios, bienes y servicios, transferencias discrecionales al sector privado y a las provincias. Los menores gastos también permitirían reducir la carga fiscal excesiva en hogares y empresas, manteniendo así el rebote en la demanda interna privada.

El fortalecimiento de la inversión privada y la productividad también requerirían avanzar en la flexibilidad en los mercados laborales, la reducción de la informalidad, la apertura de la economía al comercio internacional y mejorar la competencia en los mercados de productos”.

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