En una noche Zucchero conquistó Tucumán

El show puso muy alta la vara en lo que va del año; derribó las barreras idiomáticas y subrayó su estatura de estrella internacional.

21 Oct 2017

22.09.- Zucchero ocupa su lugar de frontman, que no abandonará más, de remera de algodón, pantalón con listón lateral, chaleco aterciopelado y, obvio, galera ocre avejentada, uno de sus 400 sombreros.

“Partigiano reggiano”.- En la oscuridad suenan en off cantos dolidos de esclavos, para dar lugar al blues. Irrumpen las luces y la banda con una dura “Partigiano Reggiano”, que sacude con el piano.

La banda.- Desde el arranque queda claro que el grupo, de mayoría estadounidense (acompañó a Prince y a Eric Clapton), suena en total armonía con el jefe. En bajo, contrabajo y voz, Polo Jones (director musical); en guitarra y voz, Kat Dyson; batería y percusión, que incluye timbal, Queen Cora Dunham; en teclados, Nicola Peruch; en violín, mandolina y guitarra de pedal, Andrea Whitt. Cada uno, a su momento y en conjunto, la descosen.

Qué suena.- Blues, rock, pop, R&B, soul y funk, ya acústico, ya eléctrico. Sólo en italiano y en inglés.

Un tapado.- El responsable de que todo suene tan bien es un monstruo que no registraron los medios porteños. Es Colin Alan Norfield, que hizo la ingeniería de sonido de Pink Floyd, David Gilmour, Toto, Iron Maiden y Diana Ross, según posteó su colega y admirador tucumano, José Alarcón.

Un corazón.- La puesta es escena es sencilla pero efectiva: un corazón-joya hiperrrealista preside el fondo del escenario y cambia según el mandato de las luces.

Climas de Gato Negro.- La primera parte del show desgrana siete temas de su último disco, “Black Cat”, cada uno con su clima. Va del boggie “13 buone ragioni” al rock “Ti voglio sposare”; a himnos como “Streets of surrender” (que escribió con Bono), “Ten more days” o “Hey Lord”; pasa a balada “Ci si arrende” o a la muy romántica ”Terra incognita”. Y a la explosión rockera de “La tortura della luna”, entre otras.

Permiso para bailar.- “Ciao Túcuman”, saluda Zucchero, e indica, en italiano: “a partir de este momento tienen permiso para bailar”, con el gesto de que se abandonen las butacas. Pero ya hace rato que muchos están moviéndose.

Fiesta.- A partir de la autorización, media platea se acerca al escenario en baile descontrolado con el hit “Baila”. Las luces, ad hoc. Flamea una bandera de Emilia Romagna. ”Iruben me” trae aire sinfónico y samplers. La bella “Il volo” conmueve una vez más.

De pie.- El público se para de golpe. En la pantalla, el video de los 90: Luciano Pavarotti canta a dúo con Zucchero “Miserere”. Y sobre el escenario, Zucchero lo hace en vivo. Ovación cerrada con todo el mundo de pie.

“Torno súbito (ya vuelvo).”- A la hora cuarenta el cantante sale de escena. La banda sola se torna rabiosamente funk. Euforia.

En silla blanca.- Zucchero vuelve, se sienta por primera vez y aclara que entiende, pero que no habla español. Hace chistes y el público se ríe. Vuelve la música y nadie quiere irse.

0.20.- “Sensa una donna”, susurra, y un solo coro baila y canta. Es el último, obligado, ansiado bis.

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