Del llanto a la risa

Los hinchas argentinos comenzaron con desazón, pero terminaron celebrando distendidos.

11 Oct 2017

La mayoría de los argentinos se sentó a ver el partido ante Ecuador con el ceño fruncido. Los antecedentes con los cuales llegaba a ese duelo definitorio el equipo de Jorge Sampaoli no daban para otra cosa. Encima, Romario Ibarra marcó ese gol “desde el vestuario”, y las caras se arrugaron más, como si alguien hubiese exprimido limón directamente sobre las papilas gustativas del hincha.

Pasado el trago amargo, los rostros se enseriaron. La preocupación se apoderó de los gestos durante los siguientes 10 minutos: la Argentina se estaba quedando afuera del mundial, algo impensado para la inmensa mayoría de los argentinos, de ADN futbolero.

Pero apareció él. Lionel Messi pinceló un par de jugadas, y dibujó millones de sonrisas. Y, sobre todo, llenó las bocas argentinas de ese grito que los hinchas tenían tan atragantado en la gola.

A partir de allí, los músculos de la cara se fueron distendiendo; los labios, que hasta un rato antes mascullaban bronca, ahora se abrían de par en par para liberar las carcajadas. Y las manos dejaron de agarrar la cabeza, para pasar a hacer tronar los aplausos.

Más adelante, como para que el relajamiento sea absoluto, comenzaron a darse los resultados que favorecían a la selección argentina: ganaba Brasil -con lo que se echaba por tierra la campaña #EntregaBrasil, que se había viralizado por redes sociales durante los días previos-, y ganaba Colombia -finalmente, empató; pero la noticia del triunfo parcial de los “Cafeteros” fue muy celebrada-.

De menor a mayor

“Al principio hemos comenzado muy desesperanzados; sobre todo por el gol de Ecuador. Pero después del primer gol de Messi empezamos a animarnos más”, sintetizó María de los Ángeles López. Su vivencia individual se potenció con la de los otros parroquianos que optaron por ver el juego en un bar de 25 de Mayo y 24 de Septiembre. “El primer gol de la Argentina fue muy importante, para terminar con la mala racha que venía arrastrando”, añadió.

Entre bocado y bocado, Gustavo Bravo Muruaga (77 años) miraba atento el televisor. Su rostro también iba mutando de acuerdo a las circunstancias del encuentro. “Yo tenía la esperanza de que íbamos a ganar. Pero el partido lo hemos ganado con Messi a la cabeza; es el mejor jugador del mundo”, dijo.

Aun sin confiar en el equipo, según admitió, Pablo Daniel Lobo (27) se sentó a cenar en el bar junto a su novia vistiendo la camiseta de la selección. “No le tenía tanta fe; encima, ese gol tempranero de Ecuador... veía lejos la clasificación. Por suerte ya estamos en Rusia”, expresó a LG Deportiva. A su criterio, deberían hacerse muchos cambios para llegar de la mejor manera al mundial: “pero ya estamos sobre la hora”. Además de la clasificación de la Argentina se alegró porque Chile se quedó sin siquiera la chance del repechaje. “Tengo familia en Perú; me voy a festejar muy fuerte”, advirtió.

Los goles que Sergio Olea no había podido celebrar el jueves en la cancha de Boca los gritó ayer. “Pasé por todas las emociones. Es increíble lo de Messi; hoy dejó muy claro su compromiso. Tras el partido contra Perú sentí el silencio; pero en ningún momento vi las matemáticas: somos un país futbolero, no podíamos quedar afuera del mundial”, afirmó.

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