Modelismo: una gran pasión a escala reducida

El viernes comienza una megamuestra y concurso de modelismo.

04 Oct 2017

Aparece Alberto Ingalina con una bolsa de mercado repleta y por detrás le siguen todos sus colegas con cajas, cajitas, bolsas, paquetes atados con elástico, portafolios, mochilas, estuches y todo tipo de contenedor que se pueda encontrar. Ven una mesa y como en un trabajo de relojería comienza el despliegue: pinturas, piezas de plástico, pinceles, pasto artificial traído de Europa, aviones, autos, tanques, todo hecho a imagen y semejanza de modelos reales, pero en miniatura. Así andan por la vida los plásticomodelistas: cargados de cosas inentendibles para el común de los mortales y con los ojos atentos. Porque todo sirve o podría servir para sus maquetas.

Personajes extraños, recluidos en un cuarto que parece un santuario, con una luz que quema los sesos, lupas y una concentración de cirujanos y relojeros. Que nadie hable cuando trabaja el modelista, que nadie moleste. Un tipo ermitaño al que no todo el mundo entiende. Esa es la idea que la mayoría de las personas pueden tener de estos fanáticos de las miniaturas, y algo de eso hay. Pero también es cierto que quieren juntarse con otros como ellos, compartir las experiencias y tener, por fin, pares que los entiendan. De esa necesidad nació la International Plastic Modellers Society (IPMS), fundada en Inglaterra en la década del 60 y desembarcada en Argentina y en Tucumán a mediados de los 80.

Tras varios años de inactividad, la IPMS Tucumán comenzó a reorganizarse a mediados del año pasado. Lo hizo de la mano de una generación de modelistas jóvenes, amamantados en la aldea global de la internet. De hecho, el presidente de la filial local se llama José Luis Ruiz López, un estudiante de Arquitectura de 27 años, y el vice es Daniel San Román, biotecnólogo y docente de Química.

“Sabemos que en Tucumán hay muchísimos más modelistas que los que se acercan al IPMS y que los que participan en eventos donde nos juntamos. Son los personajes más raros dentro de lo raros que somos todos... miranos”, bromea señalando a sus compañeros, que desde que han llegado a la entrevista con LA GACETA están armando sus maquetas para lucirlas lo más posible. Están jugando, porque “jamás se termina de jugar”, como dice San Román.

¿Pero cuál es la necesidad de juntarse, de rehabilitar la asociación y buscar la unión de los que se han dejado hipnotizar por este pasatiempo? “Simple, porque aportan mucho a la disciplina. Hay gente que sabe muchísimo, que ha probado técnicas y materiales y está muy bueno que lo compartan”, contesta San Román.

Una de las acciones para hacer la unión y la fuerza viene este fin de semana, con un concurso y exposición desde el viernes hasta el domingo en la Casa del Bicentenario, (Adolfo de la Vega 505). Es una competencia regional en la que participarán plásticomodelistas de todo el NOA pero también de Buenos Aires, Córdoba y Rosario. “Lo que más queremos es que se sumen los más chicos, porque la generación que viene después de nosotros casi no tiene contacto con esto. Queremos que los padres los lleven, porque viendo las cosas que se pueden hacer puede despertarles el interés y continuar con este hermoso pasatiempo”, destaca Ruiz López.

el antes y el ahora
En el pasado era un hobby reservado al alto poder adquisitivo
Internet y el mayor acceso a los viajes al exterior les dieron una buena mano a los modelistas. Para sus familiares es común que, al viajar, les encarguen cosas como un juego de mástiles del Admiral Graf Spee, un crucero usado por los alemanes en la Segunda Guerra, en escala 1:350. Así de específico, porque la gracia del modelismo es lograr réplicas lo más exactas posibles.
“Cuando yo comencé, hace 45 años, era un lujo, un hobby para gente con poder adquisitivo alto, porque sólo una casa traía piezas para modelismo”, cuenta Gustavo Mitrovich, quien comenzó a construir maquetas a los 12 años.
“Tito Sport era la casa que los traía. Los dueños importaban piezas para modelismo y juguetes especiales, cosas que no se encontraban en cualquier lado. Las piezas eran para los padres y los juguetes para que los chicos no los molestaran mientras ellos hacían sus maquetas”, bromea Mitrovich, que es arquitecto.
Por estos días las piezas siguen siendo difíciles de encontrar en Tucumán, pero las compras por internet han facilitado las cosas. También el acceso a la información, porque todo modelo parte de una investigación histórica. En el caso de Mitrovich, el desafío es doble, porque en general hace réplica de aviones militares de proyectos secretos, para lo cual hay que escarbar mucho hasta encontrar datos. Lógicamente, no vienen las piezas en kits de armado, sino que él las tiene que construir con pedazos de plástico. Esta rama del plástico modelismo se conoce como “scratch” (arañar, escarbar en inglés).

> El antes y el ahora
En el pasado era un hobby reservado al alto poder adquisitivo

Internet y el mayor acceso a los viajes al exterior les dieron una buena mano a los modelistas. Para sus familiares es común que, al viajar, les encarguen cosas como un juego de mástiles del Admiral Graf Spee, un crucero usado por los alemanes en la Segunda Guerra, en escala 1:350. Así de específico, porque la gracia del modelismo es lograr réplicas lo más exactas posibles.
“Cuando yo comencé, hace 45 años, era un lujo, un hobby para gente con poder adquisitivo alto, porque sólo una casa traía piezas para modelismo”, cuenta Gustavo Mitrovich, quien comenzó a construir maquetas a los 12 años.
“Tito Sport era la casa que los traía. Los dueños importaban piezas para modelismo y juguetes especiales, cosas que no se encontraban en cualquier lado. Las piezas eran para los padres y los juguetes para que los chicos no los molestaran mientras ellos hacían sus maquetas”, bromea Mitrovich, que es arquitecto.
Por estos días las piezas siguen siendo difíciles de encontrar en Tucumán, pero las compras por internet han facilitado las cosas. También el acceso a la información, porque todo modelo parte de una investigación histórica. En el caso de Mitrovich, el desafío es doble, porque en general hace réplica de aviones militares de proyectos secretos, para lo cual hay que escarbar mucho hasta encontrar datos. Lógicamente, no vienen las piezas en kits de armado, sino que él las tiene que construir con pedazos de plástico. Esta rama del plástico modelismo se conoce como “scratch” (arañar, escarbar en inglés).

> Los beneficios del modelismo

- Mejora el autoestima, porque los desafios suelen ser grandes y lograr el resultado aumenta la confianza en uno mismo.

- Entrena la concentración, porque son horas y horas enfocados en los detalles.

- Entrena la motricidad fina, porque se suele trabajar con miniaturas muy detalladas. Según los modelistas, es por esto que la actividad suele cautivar a los cirujanos.

- Fomenta la investigación histórica. El objetivo es hacer réplicas lo más exactas posibles, y para esto es necesario conseguir buena información y saber elegirla.

> Cómo comenzar

Recomiendan ensayar con modelos de avión

La mayoría de los modelistas comienzan haciendo aviones, militares o civiles, porque son las piezas que más fácilmente se consiguen en Tucumán, en los kits que suelen acompañar a revistas u otras publicaciones “Es lo ideal para comenzar, para desarrollar la destreza que se necesita, para conocer los materiales y los pegamentos, las pinturas que se usan. Y después, cada uno se va perfilando para lo que más le gusta”, explica Edgar Franco, enfocado en la militaria, es decir en todos los objetos, figuras, escenas, vehículos y armas vinculados con lo militar. 


Comentarios