Tucumán en la conquista

Una visión novelada del gobernador Cabrera

04 Oct 2017
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JERÓNIMO LUIS DE CABRERA. Detalle de la estatua erigida en Córdoba en homenaje a su fundador.

Como es sabido, uno de los gobernadores del antiguo Tucumán del siglo XVI (que abarcaba siete de las actuales provincias argentinas) fue el capitán sevillano Jerónimo Luis de Cabrera, el fundador de Córdoba. En su novela “El oro de los tigres” (2005), el escritor cordobés Julio Torres, con un estilo tan eficaz como original, conjetura el ánimo de Cabrera y describe el mundo que lo rodeaba, cuando hizo su entrada en estas regiones.

Con su nombramiento de gobernador, Cabrera había salido del Perú en 1572. “Trajo con él una montonera de hombres sucios y rotosos, montados, los menos, en sucios y rotosos caballos con el kilometraje pasado y mapas de mataduras eternas en el lomo, pagados con usura, seguido de una hilera de indios absortos que los miraban -insomnes de coca y desnutrición- conversar con largas palabras de áes abiertas, erigir los harapos con gestos grandilocuentes y pelearse por una pierna de guanaco chamuscada”.

“De mozo había dejado España, y después de media vida de Indias cosida al cuero a puntada gruesa, aún pensaba en ella. Ponía a todo lo que veía, y que no tenía nombre, los nombres de allende, forzando el más mínimo parecido o semejanza para sentir que no estaba en esta tierra ardua de gentes miserables y campos desiertos sino en los idealizados yermos de la suya. En cada lugar donde vio una aguada, un brote verde o un algarrobal tupido, fundó ciudades dibujadas en el suelo con la espada, y cuyas actas y nombres y escudos ocuparon más espacio en el papelote desplegado con gesto de estatua, que sus edificios o sus calles, sus iglesias o sus plazas en el sitio geográfico. Simplemente marcaba hitos señalando el lugar, para que cuando llegara la historia supiera donde debía detenerse”…

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