Vuelve el hogar de tránsito previo a la adopción

Los poderes Judicial y Ejecutivo resolvieron rescatar una modalidad que se había dejado sin efecto. Por seis meses.

30 Sep 2017
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A LA ESPERA. Mientras los niños aguardan que la Justicia resuelva si serán adoptados o volverán a su hogar original, estarán al cuidado de una familia.

Suelen ponerles apodos cariñosos. Prepararles un plato caliente. Contarles un cuento o cantarles una canción de cuna. En ellos, que generalmente cargan historias difíciles, ese acogimiento familiar provoca un efecto reparador. Más aún cuando, por ejemplo, pueden convivir con una mamá que le dice “te quiero” a su hijo y no lo maltrata.

Eso es más o menos lo que hace un hogar de tránsito. Un dispositivo que desde hace poco más de un año se había suspendido y que se reinstalará en la provincia como resultado de un trabajo conjunto entre los poderes Judicial y Ejecutivo y organizaciones de la sociedad civil, como el Equipo de Asistencia y Adopción. Para dar detalles sobre esta nueva modalidad, el Ministerio de Desarrollo Social brindó una conferencia de prensa en la Casa Cuna.

En vez de “hogares de tránsito”, el dispositivo se llamará “Familias de Cuidado Transitorio”. La modalidad funcionará así: una familia se anota en un registro para cuidar a un niño, niña o adolescente por el tiempo que necesite. Se trata de chicos cuyas familias atraviesan situaciones que les impiden por el momento cuidarlos o porque sufrieron situaciones graves dentro de su seno familiar. Ese cuidado puede extenderse durante seis meses, lapso en el cual las autoridades judiciales deben decidir si el menor será adoptado por una nueva familia o si volverá a su casa, o quedará al cuidado de algún familiar cercano.

El requisito inicial para la Familia de Cuidado Transitorio (se anotan en www.mdstuc.gob.ar) es no figurar inscripta en el Registro Único de Adoptantes ni tener intenciones futuras de adoptar, aclara Sandra Tirado, secretaria de Niñez, Adolescencia y Familia. En otras palabras, quienes estén interesados en cuidar chicos por un tiempo deben recibirlos como a un hijo propio, cuidarlo, amarlo, darle la atención médica y afectiva que no tuvo, para pocos meses después verlo irse con su familia definitiva. Y hay que estar preparados para dejarlos ir.

Estos dispositivos de cuidado transitorio son alternativos a la institucionalización y garantizan el cumplimiento del derecho que tienen los chicos de crecer en una familia, añade Tirado.

¿Cuántos son los chicos que estarían en condiciones de ser acogidos por estas familias de cuidado transitorio?

Actualmente, en Tucumán, 205 niños crecen sin el cuidado de sus padres biológicos. De ellos, hay 67 que están en pedidos de adoptabilidad. Es decir, en el 40% de los casos hay madres y/o padres que no pudieron o no quisieron (lo que se llama desligamiento responsable) ejercer su rol de cuidados parentales. “También están los casos -que son mayoría- de chicos que no están en condiciones de vivir con su familia por situaciones de violencia, padres adictos o negligencia. Después de trabajar con ellos y agotar las opciones se llega a la conclusión de que lo mejor para esos niños es que sean adoptados”, aclara Tirado.

Ella remarca que todos, los 205 menores, están en condiciones de acceder a una familia de cuidado transitorio. Sólo que se irá avanzando de a poco y estudiando bien cada situación. La idea, según remarcó, es empezar con pequeños de cero a tres años. Y luego ir avanzando en dos grupos: de 5 a 12, y de 12 a 18.

“Cuando sabemos que hay un chico que por distintas causas va a estar separado de sus parientes por un tiempo prolongado lo mejor es que pueda estar cuidado por una familia. Más cuando son pequeñitos... Los estímulos que pueden recibir dentro de un hogar son muy importantes. Esto no significa que van a desaparecer las instituciones de menores, que también son importantes”, afirmó Tirado.

> "Los bebés venían por dos o tres meses y hasta por un año"

Elizabeth Tula tiene grabada en su memoria la carita de cada bebé que pasó por su casa. Recuerda también todas las despedidas. No puede evitar emocionarse. Ese vacío que quedaba en el hogar, los sentimientos encontrados. Y también la convicción de haber pasado una experiencia que la enriqueció a ella y a toda su familia.

“Es lo mejor que nos pasó”, resume Tula, de 42 años. Cuenta que más de una decena de chicos vivieron con ellos. La gran mayoría eran bebés. Su papá, Juan Ramón, había leído una nota en LA GACETA hace más de 20 años y le planteó a su esposa, María Angela, y a sus tres hijos la posibilidad de ser hogar de tránsito.

“Lamentablemente él falleció días antes de que llegara a casa la primera bebé que tuvimos. Hoy ya es toda una mujer de 23 años”, cuenta. También vienen a su mente los recuerdos de otra pequeña que había nacido a los seis meses de gestación y pesaba 700 gramos. Cuando su mamá la abandonó en la Maternidad, bajó a 400 gramos. “Mi mamá fue durante meses, todas las tardes, a verla mientras estaba en cuidados intensivos. Después la trajimos a casa y la sacamos adelante”, relata.

“Mi mamá quedó viuda a los 38 años y tenía que salir a trabajar, así que nosotros (mis dos hermanos, Ana María y Juan José y yo) nos encargábamos de los bebés que venían por dos, tres meses y hasta por un año”, relata.

“Siempre fueron duras las despedidas; pero sabíamos que así tenía que ser. Uno se encariña. Cuando se fue la primera bebé, yo lloraba desconsolada, abrazada al moisés. A algunos los seguimos viendo y nos gusta saber cómo están. Creo que vivir con una familia de tránsito antes de que resuelvan su adopción es la mejor opción para los chicos”, opina.

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