“El antiperonismo ayudó a crear la mitología peronista”

Es probable que los argentinos necesitemos la mirada lúcida, y con la suficiente distancia, de un extranjero para comprender las claves de nuestro derrotero político en los últimos 70 años. El prestigioso politólogo francés, uno de los mayores especialistas en América Latina, regresó a la Argentina para presentar su último libro, El siglo de Perón, un análisis del peronismo desde sus orígenes hasta la actualidad. “Perón impuso una ruptura con la cultura nacional anterior, con la Argentina liberal”, sentencia.

01 Oct 2017
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 ENTREVISTA A ALAIN ROUQUIÉ

u Por Oscar Romano
Para LA GACETA - BUENOS AIRES

Por Oscar Romano
Para LA GACETA - BUENOS AIRES

> PERFIL

Alain Rouquié nació en Millau, Francia, en 1939). Es politólogo, tiene un máster de investigación en Ciencia Política y un doctorado en Literatura y Ciencias Humanas. Es director de investigación emérito de la Fondation Nationale des Sciences Politiques y presidente de la Maison de l’Amerique Latine. Es Caballero de la Legión de Honor. Entre sus obras se destacan: Poder militar y sociedad política en la Argentina y A la sombra de las dictaduras. La democracia en América Latina. 


Nos recibe en el Hotel Club Francés, un coqueto edificio en el barrio porteño de Recoleta, en medio de una agenda apretada por diversas presentaciones de su ensayo en universidades nacionales. “La última vez que estuve en Tucumán fue en 1974”, comenta cuando mencionamos que la entrevista se publicará en LA GACETA.

- Durante parte de su vida profesional se ha dedicado a estudiar el fenómeno del peronismo. ¿Cuáles son las claves para entender su perennidad en los últimos 70 años en la Argentina?

- Hay tres claves que hay que ordenar que son complementarias, pero no sé cuál es más importante. La primera tiene que ver con que en este país antes de Perón, no existía el Estado de bienestar. (Juan Domingo) Perón dispuso leyes que implementaron este tipo de Estado en Argentina, desde la dictadura autoritaria, entre 1943 y 1946, como el estatuto del peón, los asuetos, entre otras medidas. Y él utilizó ese patrimonio social de la dictadura para ganar las elecciones presidenciales y gobernar. Eso es esencial. El segundo punto, vinculado con el primero, es el antiperonismo, que fortaleció al peronismo. Pero no sólo aquel antiperonismo que decía “este señor es un dictador”, sino aquel que denunciaba al estatuto del peón por violar su derecho a la propiedad. Hay un antiperonismo que creó a Perón como representante del pueblo, y eso éste lo manipuló perfectamente bien. La violencia con que se trató de erradicar su nombre, la marcha, los retratos y la mención del “tirano prófugo” transformaron a Perón en víctima y mártir. El pueblo que sufrió la dictadura consideró que era la salvación, el justiciero, el hombre providencial. Eso ayudó bastante a crear la mitología peronista. Además, nunca Aramburu quiso democratizar los sindicatos porque a los empresarios les interesaba ese sindicato único.

- ¿Y la tercera clave?

- Por último, Perón ha creado una nueva cultura política nacional. Impuso una ruptura con la cultura nacional anterior que era la Argentina liberal, de país blanco. La perennidad del peronismo se entiende por eso. En el libro cito al personaje de No habrá más penas ni olvido, de Osvaldo Soriano, que dice: “Yo siempre fui peronista, nunca me metí en política”. Ser peronista es participar de la cultura nacional, es decir, de la cultura peronista.

- ¿Cuál es la importancia de la mitología en el peronismo?

- Es la perennidad de los mitos. Por ejemplo, el de Eva Perón, con las exequias, con la participación obligatoria de todos los funcionarios públicos, con el embalsamamiento de su cuerpo, el robo del ataúd, con toda la cuestión necrofílica de la violación de la tumba de Perón. Se había creado esa dimensión sagrada alrededor de la pareja. Hay un eslogan político que no se puede traducir a ningún idioma, aunque traté de traducirla al francés: “Perón cumple, Evita dignifica”. Es intraducible por la expresión y la dimensión sagrada… Perón gobierna y Eva, que no tenía ningún papel oficial, tuvo exequias nacionales y duelo. Toda esa manipulación y retórica alrededor de la muerte de la mujer de presidente se debe a que ya había una sacralización en vida del peronismo. Es decir, Perón era el presidente y Eva, la mujer que hacía milagros. En tiempos de la monarquía en Francia, el rey hacía milagros: curaba ciertas enfermedades. Aquí crearon un mito de que podía hacer milagros. Y lo hacía: la Fundación Eva Perón hacía milagros para aquellos que no estaba sindicalizados y no eran asalariados. Eso era un aparato poderoso de poder.

- ¿Cómo llega usted al concepto de democracia hegemónica? Porque cuando se trata de caracterizar al peronismo se habla de bonapartismo, fascismo italiano, populismo.

- No, nada que ver. Es democracia porque el poder es concedido a través de elecciones. Y es hegemónica a partir de esa legitimidad popular, procedente de la soberanía popular. El Poder Ejecutivo apoyado por la mayoría considera que las demás instituciones deben plegarse a la voluntad del pueblo que él representa. Y esa idea de hegemonía introduce una dimensión de tiempo. No es como (Adolf) Hitler que fue elegido en votación popular y al día siguiente cambió la Constitución y no hubo nunca más una consulta popular. Lo mismo (Benito) Mussolini. Eso lo diferencia con el fascismo. Tal es así que los gobiernos de democracia hegemónica son plebiscitarios, es decir, no solo conceden elecciones, sino que multiplican las elecciones para demostrar que el pueblo está con el líder. Mire lo que ocurrió con Hugo Chávez: gobernó trece años con trece consultas populares. Una cada año. A veces repetía las preguntas de los referéndums para ratificar los triunfos. Cuando propuso la reelección indefinida del presidente de la república, la gente votó por el “No” porque los demás titulares de puestos electivos no habían tenido el mismo privilegio. Lo mismo hace Daniel Ortega en Nicaragua. Hay una presencia continua que justifica a estos gobiernos transformadores. La consulta electoral es básica y por eso no son autoritarismos ni totalitarismos. Son democracias plebiscitarias.

- ¿Por qué no comparte el concepto “populismo”?

- El concepto “populismo” es uno vacío, no significa nada. Es un concepto que se utiliza en contra de alguien. Para qué utilizar esa palabra que no tiene sentido en regímenes híbridos, que no aclara, sino que confunde aún más. Por eso utilicé el término de democracia hegemónica que aclara el panorama y este tipo de regímenes bastante enigmáticos.

- Uno de los subtítulos de uno de los capítulos se llama “Sobrevivir en democracia”. Es paradójico por el concepto hegemónico del peronismo. ¿Su forma de poder sólo puede sobrevivir en una democracia liberal?

- Es complicado porque es cierto que después de perder las elecciones presidenciales en 1983 no hubo esa fase de renovación peronista, que consistía en transformar un partido vertical en un partido democrático, con internas. Con Cafiero, un demócrata-cristiano, hubiera sido un presidente peronista normal. En cambio, Menem era un caudillo del interior, con todos esos rasgos, como su vestimenta. Hay un segmento democrático hasta que llega al poder y se verticaliza. Eso es la naturaleza del peronismo.

- ¿Y ahora cómo ve al macrismo en el poder, con un avance del denominado republicanismo, en contra de la democracia hegemónica?

- Cada vez que llega al poder un gobierno no peronista, no puede ejercer el poder de otra forma que no sea de forma republicana y representativa. Hace unos días vi en la portada de una revista a Macri disfrazado de Perón. Justamente, el actual presidente no se presentó como candidato antiperonista. El día antes de la segunda vuelta por las presidenciales inauguró una estatua de Perón. ¿Esto va a tener impacto en el futuro del sistema democrático argentino? Eso no se puede decir.

- ¿Hoy el macrismo puede representar el final de una centralidad política que marcó al país desde el 46?

- Es para analizar desde el pasado este punto. Está presente el mito de que el pueblo es peronista. Cuando el peronismo no gana las elecciones, hay que corregir eso. Y tratar de corregirlo con huelgas como en la época de (Arturo) Frondizi, (Raúl) Alfonsín o el fin de (Fernando) De la Rúa. Se cree que las elecciones cuando no gana el peronismo no expresan la verdad de la política argentina, a través de la cual el peronismo siempre tiene que ganar.

- El actual gobierno tiene un deseo de cambiar la cultura política. ¿Es posible después de 70 años?

- No soy partidario de pronósticos superficiales. Pero la cultura política es lo que más tiempo necesita para cambiar. Es capaz de cambiar porque puede haber correcciones o avances. Pero no va a ocurrir en tres días.

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