Los escritos de Alberdi

La valoración del historiador Lizondo Borda

26 Sep 2017 Por Carlos Páez de la Torre H
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JUAN BAUTISTA ALBERDI. Estatua en su cenotafio de La Recoleta, obra del escultor Camilo Romairone.

En el ensayo titulado “Introducción”, con el que Manuel Lizondo Borda abre la compilación de textos “Alberdi y Tucumán” (1960), aquel historiador analizó con agudeza distintas facetas del célebre publicista tucumano. Apunta, por ejemplo, que “Alberdi pasó toda su vida escribiendo, como sí la misión con que vino al mundo no hubiera sido otra que la de escribir. Sus escritos son, pues, la obra que nos dejó; no tiene otra conocida, ni necesitaba tenerla, ya que en ella y a través de ella está toda la del hombre, de significación y trascendencia”.

Esto porque Alberdi “escribió no sólo para exteriorizar verbalmente la ‘actividad teórica’ de su espíritu, más que en la forma ‘artística’, en la ‘lógica’ o reflexiva, que era la preponderante con que había nacido: escribió también para exteriorizar de ese modo su ‘actividad práctica’, y más que la ‘utilitaria’, la ‘ética’, por ser lo más apropiado para él y acaso lo mejor para su época”.

Piensa el doctor Lizondo Borda que Alberdi tenía razón “cuando dijo que sus ‘Bases’ eran ‘una obra de acción’, y cuando aludiendo a la mayor parte de su producción, tras decir que ‘sus escritos son acciones, agregó estos asertos: ‘No son escritos literarios: son ‘actos’ de coraje, de patriotismo, de sinceridad’. En esto reside el respeto que inspiran y merecen, porque esto es lo raro en todas partes”. Considera que de Alberdi “se puede decir lo que Croce dijo de Vico: que ‘entre tantos tormentos y contrariedades y desilusiones, y en medio de aquella tristeza que, con frecuencia, venía a cubrirlo con sus negros velos, probó una de las más altas felicidades del hombre: la de vivir -como el propio Vico dijo- de la meditación ‘libre’ y pura de pasiones, que ya sin la compañía tumultuosa y pesada del cuerpo vive verdaderamente el hombre solo...”

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